Hombres violentos

14 Jul

“La épica es una de esas cosas que los hombres necesitan. De todos los lugares, ha sido Hollywood el que más ha abastecido de épica al mundo. En todo el planeta, cuando la gente ve un western –al contemplar la mitología del jinete, el desierto, la justicia, el sheriff, los disparos y todo eso–, creo que capta la emoción de la épica, lo sepa o no. A fin de cuentas, no es importante saberlo.”

Jorge Luis Borges

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Hombres violentos

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Hombres violentos

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Año: 1955.

Director: Rudolph Maté.

Reparto: Glenn Ford, Barbara Stanwyck, Edward G. Robinson, Dianne Foster, Brian Keith, Warner Anderson, Richard Jaeckel, Lita Milan, May Winn.

Tráiler

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            En el cine, el destino obra tanto sobre el villano como sobre el héroe. Si bien la advocación más popular de este sino inapelable pertenece al antihéroe del noir, irredimible por sus pecados pasados, siempre al acecho para hurtar la anhelada vía de salvación del protagonista, las figuras luminosas pueden encontrar asimismo que su ser, su destino, es de igual manera irrompible. En el western, por ejemplo, el ciclo Ranown –la serie de siete filmes producidos por Harry Joe Brown, dirigidos por Budd Boetticher y protagonizados por Randolph Scott-, componen una saga coherente que, cual ouróboros mitológico, impone a su jinete errante la obligación de desfacer entuertos, con su anuencia o sin ella, allá donde encamine sus pasos.

            El John Parrish de Hombres violentos (Glenn Ford) encarna al arquetípico forastero que, a causa de la pesada carga de horror y remordimientos que porta en sus entrañas, trata de esquivar su destino como agente de la justicia –o, mejor dicho, como guerrero- desinmiscuyéndose de los conflictos que desgarran el lugar donde se halla.

En este caso, su reticencia se debe al hartazgo fruto de su condición de veterano de la Guerra de Secesión estadounidense, lucha sangrienta, intestina y cainita; una reproducción de cada apocalipsis donde, desde el principio de los tiempos, el hombre se enfrentarse contra el hombre y que, de nuevo, con destemplada violencia, se repetirá entre el cacique ganadero (Edward G. Robinson) y los desamparados agricultores que habitan pueblo donde el fatigado Parrish ha ido a dar con sus huesos.

            El sencillo conflicto dramático de Hombres violentos nace de la resistencia contra el imperativo moral, casi físico, que embarga a Parrish y le impulsa a ejecutar una justicia manifiesta, universal, dentro de este duelo a priori maniqueo que parece definir la esencia de la humanidad. Una pulsión metafísica e irresistible, superior incluso al amor.

En lo posterior, surgen matices dentro de esa dicotomía primaria, sobre todo a partir de la presencia arrolladora de Barbara Stanwyck y su macbethiana dama. No obstante, el voltaje de este choque de caracteres pierde nervio e intensidad a medida que confluye con el desarrollo pseudobélico de este combate material, moral y melodramático. La película, correcta, apoyada en un reparto rotundo pero a falta de dar un paso adelante que desate por completo su fuerza, lo acusa.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

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