Foxcatcher

13 Jul

“Vivimos en una sociedad sombría. Tener éxito, ésta es la enseñanza que, gota a gota, cae de la corrupción a plomo sobre nosotros. Dicho sea de paso, el éxito es una cosa bastante fea; su falso parecido con el mérito engaña a los hombres.”

Víctor Hugo

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Foxcatcher

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Foxcatcher

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Año: 2014.

Director: Bennett Miller.

Reparto: Channing Tatum, Steve Carell, Mark Ruffalo, Sienna Miller, Vanessa Redgrave.

Tráiler

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            En su obra inmediatamente precedente, la fascinante Moneyball: Rompiendo las reglas, Bennett Miller realizaba un elogio del segundón y el desclasado, el perdedor habitualmente despreciado por los focos: en aquel caso, los desastrosos Oakland Athletics reflotados a golpe de estadística por el mánager Billy Beane. Sin embargo, Moneyball era asimismo, cierto modo, la historia de un triunfo: un reconocimiento del trabajo, del esfuerzo y del talento. Por más que no estuviera premiado con un título mundial de béisbol, las lágrimas finales de Beane tocaban una gloria mucho más trascendente y reconfortante. Además, quedaba el triunfo de su credo, luego materializado por los Red Sox de Boston.

            Foxcatcher, por su parte, describe otra búsqueda del éxito, tan azarosa y conflictiva como la de Beane, por más que su protagonista, Mark Schultz (sorprendente Channing Tatum), comience el metraje como defensor de una medalla de oro olímpica de lucha libre. Su presentación es, de hecho, la de un perdedor en toda regla: solitario y obsesivo, acomplejado por la presencia de su hermano, también campeón olímpico, incapaz de responder con naturalidad al amor sincero que éste le profesa, con la lucha como único medio de contacto físico con su entorno. Su arco dramático es, de igual manera, el de un aspirante sediento de victoria, acunado por la cultura del éxito característica de los Estados Unidos, que no reconoce a los débiles, a los perdedores, a los incapaces de imponerse individualmente frente a su competencia –laboral, económica, política, nacional, deportiva- y que no duda incluso en firmar pactos mefistofélicos para conquistar su meta de ser el mejor del mundo.

Un tipo, en definitiva, que además de heredar la esencia arquetípica de protagonista de cine de boxeo o de lucha –quien a la vez que se bate el cobre sobre la lona, combate paralelamente entre el Bien y el Mal sobre el ring de la vida-, pasa por ser idéntico a otros aspirantes a triunfadores coetáneos, como el postulante a Buddy Rich de Whiplash.

            Pero Foxcatcher no padece la interesada y tramposa ambigüedad de la cinta de Damien Chazelle. Su mirada a la cultura y el imperativo del éxito es turbia, inmersa en una atmósfera desangelada y desapacible que se expresa con una elogiable rotundidad estética, con el certero empleo –y en especial ausencia- de la banda sonora y con la participación incluso de un ritmo casi contemplativo, desafiante –hasta, quizás, ser un tanto moroso en ciertas fases-. El discurso y la reflexión de Foxcatcher sobre el éxito –y yendo más allá, sobre la excepcionalidad americana-, es honesto. Y, por tanto desolador.

En la encrucijada de Schultz, de hecho, se abren dos mentores y dos caminos de realización personal, ambos muy americanos y representativos de la idea que el país posee de sí mismo. El primero, su hermano David (Mark Ruffalo), vencedor en el deporte y en el arte de la supervivencia, hombre de familia arraigado en el regazo de su guapa esposa (Sienna Miller) y sus dos chiquillos revoltosos. El segundo, John E. Du Pont (Steve Carell), heredero de una de las más prosperas familias de los Estados Unidos, forjadora de la nación, y metido a entrenador de lucha libre por una supuesta convicción patriótica que parece concordar con aquel “Estados Unidos es el país más cachas del planeta” que pronunciaba el culturista reciclado en secuestrador e interpretado por Mark Wahlberg en la satírica Dolor y dinero.

Du Pont, en este caso, es la encarnación de ese país-producto capitalista que trata de convencerse a sí mismo y al universo entero de que es exactamente, ni más ni menos, que aquello que vende su imagen. Una valla publicitaria acerca del paraíso del individuo de bien, un neón luminoso con el símbolo del dólar con los brazos abiertos a todos. Una teletienda en vivo que necesita constantemente autopromocionarse para mantener ardiente la llama de su mito –la adopción del águila como animal tutelar compartido con su patria; el discurso escrito para Mark Schultz y sus peroratas morales; el documental que producirá durante los entrenamientos, legitimación pública de una ‘realidad’ amoldada a su antojo-.

No obstante, el concepto de éxito que viene a encarnar Du Pont -bajo el exceso de prostéticos y poses sobreestudiadas de Carell-, es vano, grisáceo, polvoriento, muerto. Detrás de la valla publicitaria del sueño americano, hay cartón, herrumbre y meados. Y un país oculto por una sombra que no deja crecer la hierba, hasta la supuestamente más verde y vigorosa –como, en un ejemplo similar al de Du Pont, la de la familia de Robert Durst, devuelto al foco mediático por la curiosísima serie The Jinx (El gafe)-. Du Pont cree en el triunfo de América, el país más cachas del planeta, como quien colecciona aves, carros de combate, amistades, romances, trofeos y sueños ajenos, cada uno con un precio pendiendo de su etiqueta, listos para amueblar una mansión de anuncio, de película, de libro de Historia.

            El tortuoso pulso mental y emocional de Schultz -con sus deseos impuestos y orgánicos, con sus obligaciones internas y externas, con sus demonios condenatorios y sus ángeles redentores-, se desarrolla sin caer más de lo aconsejable en la complacencia, desde esa amargura destemplada que preside la atmósfera del filme. Sin embargo, los hombres de Foxcatcher no provocan odio y rechazo, sino que son rugosos, suaves, duros, dignos de empatía y compasión. Foxcatcher, más que de competición y épica, está llena de vacío y ausencia. Ausencia de un hijo, de un padre, de un amigo, de un amante. Foxcatcher está llena de fracaso. “¡U-S-A! ¡U-S-A!”, claman los espectadores en el cierre de los fotogramas.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 8.

2 comentarios to “Foxcatcher”

  1. Hildy Johnson 13 julio, 2015 a 19:46 #

    ¡Cómo me gustó esta película, querido crítico abúlico! Y cuántas lecturas y reflexiones interesantes, como demuestra tu texto, surgen de su visionado. Bennett Miller es bueno con la historia que cuenta y con cómo la cuenta. Consigue una película de ritmo pausado pero siempre inquietante y extraña. Toda la atmósfera, el ambiente, el espacio donde se desarrolla la historia (sobre todo en las instalaciones del millonario)… parece siempre que va a estallar, todo intranquiliza, incomoda. El trío que se forma entre el millonario y los hermanos es complejo y conforman un thriller psicológico que termina en tragedia que golpea.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 14 julio, 2015 a 15:48 #

      Una de las más interesantes de lo que va de año, Hildy. Es contundente, es inquietante como dices y es honesta, bien dirigida y bien desarrollada.

      Besos.

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