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El desprecio

10 Jul

“Yo hago cine, no películas.”

Jean-Luc Godard

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El desprecio

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El desprecio

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Año: 1962.

Director: Jean-Luc Godard.

Reparto: Michel Piccoli, Brigitte Bardot, Jack Palance, Giorgia Moll, Fritz Lang.

Tráiler

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            “El cine, dice Andre Bazin, sustituye nuestra mirada por un mundo más en armonía con nuestros deseos. El desprecio es una historia de ese mundo”, comienza Jean-Luc Godard su película, justo después de enumerar a viva voz los títulos de crédito del filme y revelar la tramoya que se esconde detrás de la realización al mostrar un trávelin que sigue a una bella muchacha en uno de los decorados de Cinecittà, escenario que a su vez será el escenario de buena parte de la función.

            Los fundamentos teóricos de la propuesta se asientan así, de primeras y sin ambages, exponiendo con rotundidad el anclaje ensayístico de El desprecio, acorde a la sensibilidad de este autor-estrella de la Nouvelle Vague para quien ver, rodar y filosofar cine son extensiones de un mismo conjunto, establecidas sin solución de continuidad. En efecto, los avatares de Paul Javal (Michel Piccoli), guionista vendido a una superproducción –la recreación de La Odisea de Homero, bajo dirección de Fritz Lang- e inmerso en una crisis de pareja con su atractiva mujer, Camille (Brigitte Bardot), quedan trufados de referencias cinéfilas, indagaciones formales –la injerencia del color, la luz, la música o la decoración en las emociones del espectador– y diatribas contra los sistemas de producción del cine, la prostitución del talento al dólar y la falta de respeto por el genio, la memoria y la pureza artística.

Inquietudes y discursos nacidos de las volcánicas entrañas del cineasta, algunas de las cuales que bien podrían estar tomadas del propio rodaje de la cinta –la obligación de filmar en Cinemascope, la exigencia del único productor estadounidense que jamás tendrá Godard, Joseph E. Levine, de incluir escenas de desnudo con la sex-symbol francesa-, aparte de, por supuesto, el momento vital del creador –su crisis artística, su relación con la actriz Anna Karina-. Así, es difícil conocer hasta qué punto permanecen en el guion las letras originales de Alberto Moravia en las que se basa el argumento, menospreciadas por el mismo Godard, quien las consideraba poco menos que una coqueta y vulgar historieta para leer en un viaje en tren.

            De este modo, como una reproducción de la ficticia filmación en curso, Javal, un Odiseo víctima de las incertidumbres existenciales y psicológicas del hombre contemporáneo, parece debatirse entre la influencia de un Poseidón enemigo –el productor americano Jeremy Prokosch, encarnado por Jack Palance- y una Atenea benefactora –el sabio y desencantado Lang-, quienes describen o interfieren en el recorrido de amor y desamor del guionista para con su esposa. De ahí que, a pesar de que a veces Godard insista en embrollar el relato con experimentación, tecnicismos y alusiones metalingüísticas, El desprecio sí consigue albergar entidad como narración y desprender esa calidez humana –e incluso cinéfila, que en otros casos puede hacerse pesada por el acoso del francosuizo- de la que en cambio carece gran parte de su filmografía, entregada sin mesura a su onanismo autoral, su ansia de reinventar la pólvora cinematográfica y su vocación de niño redicho de señalar los mecanismos que convierten al cine en cine.

Obviamente, pervive parte de este engreimiento godardiano por lo general tan poco interesante, manifiesto de forma palmaria en la presunción de que Lang perpetraría con La Odisea un filme tan vanguardista, abstracto y teórico como los que acostumbra a hacer él, rey de los subversivos –de hecho, uno puede fantasear con que la actitud del ficticio Lang hacia el ficticio productor Prokosch sea idéntica a la del verdadero Lang hacia el verdadero Godard y su proyecto-.

Pero, por otro lado, ese Javal atormentado y egoísta, bien defendido por Piccoli, logra ser un personaje y una persona, dueño de conflictos y circunstancias verosímiles e interesantes –que te deje de querer la Bardot, nada menos- y embarcado en una película dentro de una película entre las cuales no se produce un amor/odio irreconciliable que las deja desnudas y desamparadas, sino que logran convivir con cierta armonía dentro de ese juego entre representaciones superpuestas que componen tanto el cine –o el arte- como la vida.

            Casualidad o no –el mito de B.B. tendría su cuota de responsabilidad, claro-, El desprecio constituye el mayor éxito comercial de la carrera de Godard.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

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