El hombre que nunca estuvo allí

17 Jun

“La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido.”

William Shakespeare

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El hombre que nunca estuvo allí

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El hombre que nunca estuvo allí

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Año: 2001.

Directores: Joel Coen, Ethan Coen.

Reparto: Billy Bob Thornton, Frances McDormand, Michael Badalucco, James Gandolfini, Katherine Borowitz, Jon Polito, Scarlett Johansson, Richard Jenkins, Tony Shalhoub.

Tráiler

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            Si el Meursault de El extranjero mataba a un hombre porque hacía calor, el Ed Crane de El hombre que nunca estuvo allí, esposo cornudo, barbero consumido por la desidia de una existencia que no comprende, siempre a remolque de las circunstancias adversas que se mofan de él, acabará con la vida de un hombre por una vaga ambición de emprender un negocio de tintorería en seco.

A emulación de la opus magna de Albert Camus, El hombre que nunca estuvo allí es el retrato que Joel y Ethan Coen -tipos vitriólicos e irreverentes contra todo y contra todos- realizan del hombre moderno, alienado por el absurdo que le condena a ser un pelele patético en manos del destino, concepto capital de ese cine negro en el que los cineastas decidirán inscribir el filme. La obra goza de una soberbia fotografía en blanco y negro que recupera la estética noir de finales de los años cuarenta, lo que se extiende a la poderosísima voz en off con la que Cane (acertado Billy Bob Thornton) relata su serie de desventuras, las cuales, en lugar de hacerle escapar de su perenne estupor, tan solo consiguen apretar cada vez más y más la soga que su infortunio innato tiende alrededor de su pescuezo.

            Por supuesto, los Coen aplicarán a las hechuras del género una idéntica falta de respeto a la que profesan a sus desdichadas criaturas. El argumento y los personajes rezuman ironía involuntaria, bien manifiesta, bien a través de pequeños, desconcertantes e iconoclastas detalles insertos en el guion, la ambientación, la trama o el estilo narrativo –con el caso palmario del asesinato en cuestión, apenas una interrupción en un monólogo interno a pesar de ser un teórico punto climático y determinante en el devenir de la historia-.

Pero las gotas de despiadada sátira no actúan destruyendo el fondo trágico del relato por medio de la perversión de sus códigos y sus convenciones, sino que, por el contrario, lo acentúa. El ridículo, de nuevo, recae sobre los abrumados hombros de los personajes que avanzan a tientas por los fotogramas, tratando de agarrarse a mentiras propias y ajenas para no caer bajo la rueda de unos hados que conducen ciegos, demenciales e ininteligibles. “Los hechos no tienen sentido”, juzgará el petulante abogado Freddy Riedenschneider (Tony Shalhoub), embebido de las teorías acerca del principio de incertidumbre de Werner Heisenberg.

            El hombre que nunca estuvo allí narra la caída del individuo que trata de sacar la cabeza sobre la muchedumbre aborregada pero que se despeña después de descubrir que los pilares sobre los que asienta sus convicciones y que consideraba firmes e incuestionables son, en realidad, simples invenciones falaces. Ni el sueño americano de una vida acomodada en los tranquilos suburbios es tan feliz como se anuncia en las postales, ni la pureza redentora es tan pura, ni la verdad siquiera es admisible o libera de los problemas, ni la redención es en absoluto posible.

Encadenado a la perturbación provocada por ese nimio desvío, fruto de una ambición que probablemente tampoco deseaba seriamente, Crane da tumbos por la pantalla al son que le marcan sus creadores, que al mismo tiempo juegan traviesos con el espectador confundiéndole en una maraña en la que acaso uno solo puede elucubrar dónde se encuentra la realidad o si todo el asunto pertenece al campo la imaginación, duda que quedaría introducida por el capítulo de la mujer de Crane y el vendedor de suelos asfaltados. ¿Se trata de un flashback? ¿Es parte del filme o punto exterior y real desde donde se crea el filme?, como planteaba José Luis Hurtado en Miradas de Cine. ¿Tienen sentido los hechos que experimenta Crane? ¿De qué manera, o en qué dimensión? ¿Es la película una mentira más dentro de un mundo de mentiras?

“Nuestra mirada lo cambia todo, lo que ha ocurrido no existe”, prosigue Riedenschneider obnubilado por su propia labia.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8,5.

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2 comentarios to “El hombre que nunca estuvo allí”

  1. Hildy Johnson 17 junio, 2015 a 17:31 #

    De los Coen tengo que hacer una nueva visita a su filmografía. Hay muchas cosas que me encantan y seducen de su cine. Amo Muerte entre las flores. Y me dejaron sin palabras con Un tipo serio, sigo cabalgando por una noche estrellada como hicieron en valor de ley o me emocioné con esa canción de Llewyn Davis, un perdedor, que cuenta una leyenda…, todavía corro detrás del tren de O’ Brother. Me seducen personajes como el Nota o esa sheriff embarazada sobre un paisaje nevado o ese guionista que teclea y se pierde… pero todas, todas las he visto una sola vez, excepto Muerte entre las flores. Y las dos de las que has subido la reseña… recuerdo que me atraparon totalmente hasta que precisamente se saltan por los aires el género y la narración cinematográfica (y eso es algo que me suele entusiasmar pero aquí la ruptura es de golpe, de repente, en un giro)… y entonces me resultaron curiosas pero no me llevaron meciéndome en sus fotogramas hasta el final.

    Pero ya te susurro… creo que tengo que volver, de nuevo, a las películas de los Coen. Y mirarlas de nuevo.

    Besos
    Hildy

    • elcriticoabulico 18 junio, 2015 a 00:46 #

      A mí los Coen me encantan. Aprecio muchísimo todas las que comentas, que me parecen geniales, pero también incluyo estas dos. Son tan extrañas, tan nihilistas y tan cabronas que solo pueden encantarme. Esperaré a ver que opinas con una nueva revisión que, por ejemplo, es muy aconsejable en el caso de No es país para viejos.

      Besos.

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