No es país para viejos

15 Jun

“La diferencia entre la comedia y la tragedia es que en la comedia sus personajes encuentran la forma de sobreponerse a la tragedia.”

Woody Allen

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No es país para viejos

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No es país para viejos

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Año: 2007.

Directores: Joel Coen, Ethan Coen.

Reparto: Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin, Woody Harrelson, Kelly Macdonald, Garret Dillahunt, Tess Harper.

Filme

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            El absurdo no entiende de códigos ni de clímax, ni respeta los mitos románticos, puesto que son infundados y él es despiadadamente real –o cuanto menos, desoladoramente verosímil-. No entiende de costumbres y procedimientos literarios o cinematográficos, puesto que el absurdo va a su aire, armado de nihilismo para completar su misión de destruir sin miramientos cualquier certeza a la que el hombre, o el público expectante, pretenda agarrarse en su anhelo de otorgarle al menos una pizca de tranquilizador sentido al caos más absoluto.

            Sobre los insondables pliegues que recubren su rostro, salvaguardados inútilmente tras dos solemnes bolsas de piel, los viejos ojos del sheriff Tom Bell (Tommy Lee Jones) escrutan la Texas fronteriza y no encuentra sentido a lo que ven. Hombre de moral intachable y anacrónica, nostálgico en su imperturbable pose de sereno justiciero del Salvaje Oeste y en sus constantes elegías a los tiempos y los héroes perdidos, ya nadie comprende sus rústicas parábolas que cree cargadas de sensatez, como él, en correspondencia, no comprende el mundo que le rodea, asolado por villanos fugitivos de toda razón.

De igual manera, el soldador jubilado Llewelyn Moss (Josh Brolin), pobre diablo enredado en una trama criminal que le supera, corretea de un lado a otro del estado de la estrella solitaria zarandeado por los caprichos del azar, que según le plazca puede convertirle en un millonario como indistintamente puede arrojarlo a hostias contra la cuneta para ejecutarlo fríamente, sin motivos personales.

Y entre medias, como agente del Destino irracional –hasta que éste así lo quiera-, Anton Chigurh (Javier Bardem) sigue el rastro de Moss para demostrarle de forma práctica, pistola para sacrificar ganado mediante, la idea de que cada uno de nosotros vive atado a la rueda de tortura de la Fortuna, pendiente de un hilo con el que juega despreocupada una Suerte ajena a méritos morales o reglas de conducta personal.

            No es país para viejos no toma como inspiración la obra de un cualquiera, sino que parte de la prosa apocalíptica y de resonante trascendencia de Cormac McCarthy. Pero los hermanos Coen tampoco son cualquiera y, desde su labor como adaptadores, atraen hacia su propio terreno de juego los conceptos que retumban en las profundidades del texto. El individuo común sometido a los empujones de unos acontecimientos que no consigue desentrañar y que exceden en mucho sus capacidades; la imposibilidad de rebelarse y de plantarse derecho contra un cosmos tiranizado por el sinsentido; el acoso y derribo de la mitología nacional como risible falacia.

            Inmersos en una atmósfera enrarecida, de sorda inquietud, rayana en pesadilla lúcida y apacible –lo que incluye que los actos de mayor violencia queden fuera de campo, o inusualmente alejados del punto de vista de la cámara-, desde el primero hasta el último de los personajes se hallan sometidos a la característica e irónica crueldad de los hermanos, entregados a conciencia en su rol de perversos sicarios del nihilismo. Su realidad, por tanto, es la misma que sufren los arquetipos noir de Sangre fácil que en verdad vivían en una comedia y no se daban cuenta; el entrañable Nota de El gran Lebowski, refugiado a duras penas en los bolos, los Creedence y los rusos blancos; el Ed Crane que nunca estuvo allí y quien solo deseaba ser tintorero en seco; el Larry Gopnik de Un tipo serio, que no encuentra la paz ni en el cumplimiento ni en la transgresión de las leyes de un Dios burlón, o en las andanzas sin rumbo del cantautor Llewyn Davis, atrapado por el eterno retorno de la estupidez.

Y, como ellos, el espectador palpa los fotogramas en busca de un asidero al que aferrarse. Pero no lo hay. Al caos eterno, insistimos, le traen sin cuidado las convenciones narrativas. El relato transcurre críptico y en tensa calma, como en duermevela, e instigado por la presencia amenazadora de Chigurh, uno de los monstruos más recordados de las últimas décadas, hasta desencadenar los peores temores que acechaban la tranquilidad mental del sheriff Bell, desorientado y abrumado en un país que no es para viejos. Estamos solos y desprotegidos en medio de una nada hostil y patética.

            En una decisión que resulta insólita conociendo los cánones de la Academia, No es país para viejos obtendría los Óscar a Mejor película, Mejor director, Mejor guion adaptado y Mejor actor secundario para Bardem.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 9.

7 comentarios to “No es país para viejos”

  1. Sergio Sánchez (@sesaga58) 15 junio, 2015 a 21:33 #

    Vi “No es país para viejos” antes de su estreno en una copia descargada y la dejé a la media hora. Pero cuando me la encontré en sala tuve con ella una de mis más grandes experiencias como espectador. La película llegó a aterrorizarme, y salvo esa retórica excesiva del texto, a mi me recuerda poderosamente a “Psicosis” por ese nervio puramente visual que tiene la película. Esa noche dormía fuera de casa y no se me olvidará ese apartamento alquilado en Madrid por unos días donde el espectro del mejor Bardem que recuerdo planeaba sobre mis pesadillas. ¡Que grandes son los Coen!, ¡clásicos modernos!, ¡qué filmografía!, ¡qué obra maestra!.

    • elcriticoabulico 16 junio, 2015 a 14:33 #

      A mí me sucedió algo parecido: la vi por primera vez en un hostal perdido de la mano de dios, muerto de sueño y con un par de cervezas de más y no sabía qué opinar de ella. Cuando la he vuelto a ver me ha parecido magnífica, muy coherente con la obra de los Coen y una joya en sí misma. Qué tipos éstos, sí, de los más estimulantes del cine contemporáneo. Por cierto, respeto a la alusión a Psicosis, no recuerdo qué crítico insistía en que todas y cada una de las películas de los Coen eran variaciones en mayor o menor medida, parcial o totalmente, del clásico de Hitchcock.

  2. altaica 18 junio, 2015 a 16:44 #

    Aún no la he visto, puede que hoy lo haga al ver ese 9. ¿La crónica?, cómo no, formidable. Y por cierto, eso que cuentas sobre un hostal perdido, cansancio y sueño, con algo más de alcohol de la cuenta y, supongo, de madrugada… , solo falta la chica y casi tenemos el arranque de una película.

  3. ALTAICA 19 junio, 2015 a 01:09 #

    Más que afrontarla desde el concepto del absurdo (la intuyo más surrealista), que también, yo personalmente creo que hay que acercarse a la historia desde una visión fantasmagórica e irreal, con el objeto de promover su verdadera esencia: un desconcertante apólogo que necesita de varias lecturas.

    Si bien no es una obra totalmente redonda, sí atesora una indiscutible valía. En esencia porque sus tres ejes directores no están lo suficientemente bien imbricados, e incluso alguno flaquea en su polvoriento trayecto. Como es lógico en toda fábula, por desoladora que pueda resultar, tiene que existir una compensación de aquellas fuerzas que la integran, para que el choque, en este caso particular, entre la confrontación de mundos, personajes y éticas permitan atisbar el recado. Y es ahí donde el peso del sheriff no está bien dibujado, siendo en esencia el antagonista, con matices, de la barbarie. Igualmente la presencia del asesino a sueldo, su psicopatía, su dibujo y periplo son, cuando menos, ficticios. Por eso quiero verla desde una visión irreal e irracional pues un análisis cercano a la coherencia no permite asumirla en su verdadera dimensión. Y es ahí cuando la película alcanza su verdadero sentido. Tenemos que introducirnos en ella como un viaje lynchiniano, salvando las distancias.

    En realidad el único y verdadero protagonista de esta historia apocalíptica es el dinero, que a modo de metáfora sencilla y repetida pero aterradora, permite que desde los niños a los jóvenes permuten su camisa o cazadora, esto es, de lo que están hechos, su piel, sin mirar hacia atrás para ver donde han quedado los ya relictos principios que poco espacio tienen en este mundo distópico. Y da igual que el billete esté manchado literalmente de sangre, o de la nobleza inicial de la intención, pues la sola tentación verde todo lo puede. Y menos aún la imposible inmolación para salvar a la persona amada, que un espectral Barden vestido de leviatán o “señor” del alba se encarga de ajusticiar en cumplimiento de unos principios inversos. Bueno, no sé, tal vez Barden solo ejecuta para ensangrentar aún más los pecados de esta sociedad y sus seres, todos nosotros. Y no sé finalmente si ese enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo alberga una verdad en su interior, pues pese a que como se dice en la película “se están perdiendo las formas”, en el fondo los crímenes siempre han sido los mismos.

    Un abrazo.

    • elcriticoabulico 22 junio, 2015 a 20:21 #

      En efecto, hay que concederle mucho espacio a ese cierto surrealismo solapado, como de duermevela con sudores fríos, y a la proyección turbia que hace de la sociedad. Pero yo creo que de ahí sí que mana un fuerte sentido del absurdo, acorde a otras de las obras de los Coen (el ejemplo más palmario es la relación que el hombre de Un tipo serio establece con Dios), y que de igual modo se plasma en esta realización atípica y en las conclusiones del relato.
      Un abrazo y, oye, un gusto responder comentarios tan jugosos.

  4. ALTAICA 22 junio, 2015 a 21:23 #

    De hecho, el uso del humor de estos cineastas en ciertos momentos de sus películas y, precisamente, en qué momentos, no cabe más que en una concepción relativista de lo que se cuenta, puede que para remarcar aún más lo que se cuenta desde esa visión absurdamente realista. Con mayor o menor acierto a lo largo de su filmografía (no soy un admirador de ellos), sí podríamos concluir que estamos probablemente ante su película más perfilada. Lo que nadie podrá discutir es una impronta particularísima en su cine. Un gran abrazo.

    • elcriticoabulico 23 junio, 2015 a 14:01 #

      El humor de los Coen no siente respeto ni por sus personajes ni por el género. Hay mucho de ironía posmoderna en él. Yo, en cambio, me declaro fan de ellos. Un abrazo, Altaica.

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