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Brother

3 Jun

“El cine para mí es un arte de la prosa. Definitivamente, se trata de filmar la belleza pero sin que se note, sin que se note para nada.” 

François Truffaut

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Brother

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Brother

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Año: 2000.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Takeshi Kitano, Omar Epps, Claude Maki, Masaya Katô, Royale Watkins, Lombardo Boyar, Ren Ôsugi, Ryo Ishibashi, Joy Nakagawa, Bradley Jay Lesley, Tatyana Ali.

Filme

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            No hay fronteras capaces de alterar el fatalismo de un destino escrito e inmutable. Aliado con el productor Jeremy Thomas, a quien conocía de su participación en Feliz Navidad, Mr. Lawrence, Takeshi Kitano cumplía con Brother su deseo de rodar una película en los Estados Unidos. Sin embargo, que el escenario de la acción sea la megalópolis de Los Ángeles no comporta que la esencia japonesa y personalísima del cine de Kitano varíe un ápice para intentar amoldarse a los gustos y sensibilidades del gigante norteamericano. Al igual que el protagonista, Aniki (el propio Kitano), un gánster exiliado a causa de la desarticulación de su familia criminal tras la muerte de su ‘oyabun’, el cineasta tokiota se mantiene firme en su naturaleza artística, sin concesiones ni contaminaciones que afecten a su determinación imperturbable.

            Brother es una cinta criminal de choque y encuentro entre culturas, y en el que se produce un juego de contrastes directos entre los histriónicos y bravucones pandilleros locales –entre los que se halla el hermano de Aniki, cabecilla de una banda de poca monta dedicada al menudeo de droga-, frente los métodos sobriamente expeditivos del yakuza aterrizado de improviso en su mundo, un tipo hierático e inescrutable al que le siguen la guerra y la muerte.

Como es habitual en la filmografía de Kitano, la parquedad del diálogo como herramienta de expresión no se corresponde en modo alguno con una ausencia del dibujo pormenorizado de la psicología de los personajes y el trazado de sus vinculaciones emocionales, sino que, al contrario, este hermetismo revierte en una mayor relevancia del significado de los actos y la palabra de los personajes, formulados en imágenes de alto contenido descriptivo, enorme profundidad introspectiva y manifiesta elegancia formal.

A través de un extenso flashback, siguiente a la presentación de su temperamento violento –el acuchillamiento con el casquillo de una botella de un afroamericano que luego resultará ser amigo y compañero de su hermano-, Brother desentraña el interior privado del protagonista: su ligazón a la hermandad criminal como único sentido de su existencia, las pulsiones de muerte que embargan sus pasos, la agresividad contenida de su proceder, la sangre como sello de las relaciones con sus semejantes. La sangre, por tanto, conforma la piedra angular del argumento por medio de debates acerca de su esencia en los lazos personales: la fraternidad literal y figurada y el valor auténtico de cada una de ellas; la sangre como pago de una deuda o demostración de lealtad; la sangre como símbolo de vida y como símbolo de muerte, estampada a agrios brochazos en las paredes.

            Brother habla por medio de la puesta en escena, de la elección del plano y de la actuación física de los intérpretes, que revelan con absoluta potencia los pormenores de su pensamiento, sus fidelidades afectivas y su perspectiva frente a los acontecimientos del relato. Y de entre ellos se extrae una penetrante sensación de melancolía, impresa en la frialdad azulina de la fotografía marca de la casa y en la banda sonora de Joe Hisaishi, que sirven para que Kitano retome el concepto del gánster estoico que abraza a la muerte con un último e inútil estallido de violencia, embarcado en la empresa suicida de construir un imperio delictivo en medio de un lugar tan vacío y desolado como el que ha dejado a sus espaldas en su tierra de origen. Incluso en los nombres de los implicados resuenan evocaciones a Pearl Harbor, apogeo de la colisión histórica entre las dos potencias a ambos lados del océano Pacífico.

En cualquier caso, por encima del relato criminal a propósito del canto de cisne de un yakuza desahuciado y sin nada que perder –incluida su vida-, sobresale, mejorando el precedente de Sonatine, esa exploración humana compuesta a partir de químicas personales y genuinas, amistades ideales masculinas rayanas en la homosexualidad, juegos y chanzas pueriles, voluntades de entendimiento y, en definitiva, de esas pequeñas cuestiones y acciones desapercibidas y a priori inanes que, no obstante, conforman la argamasa de la existencia. Los asideros a los que aferrarse en medio del viaje entre la nada y la nada.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 9.

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