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Mad Max, salvajes de la autopista

9 May

“Nunca hagas predicciones, especialmente sobre el futuro.”

Samuel Goldwyn

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Mad Max,

salvajes de la autopista

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Mad Max, salvajes de la autopista

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Año: 1979.

Director: George Miller.

Reparto: Mel Gibson, Joanne Samuel, Hugh Keays-Byrne, Steve Bisley, Tim Burns, Geoff Parry, Roger Ward.

Tráiler

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           En 1979, Mad Max, salvajes de la autopista, confirmaba internacionalmente la pujanza de la industria del cine australiana y culminaba el viaje alucinado y apocalíptico que ésta parecía iniciar, de manera indirecta, con el nacimiento un nuevo cine fantástico a principios de la década de la mano de obras como Walkabout y Despertar en el infierno -enclavadas en un territorio extraño y mítico, ancestral y distópico-, y continuado después por películas como Los coches que devoraron París -que anticipa el culto al motor como de fetichista objeto de culto futurista a la par que amenaza alienante-, o La última ola, ambas de Peter Weir.

           En el futuro torcido de Mad Max reina una paradójica e inquietante normalidad. Favorecido o hábilmente explotado por la falta de medios de producción, parece que nada en ella se sale de lo corriente, del presente de entonces. Pero, al mismo tiempo, se intuye en el ambiente un aire desconcertante, desapacible, malsano, que rompe de manera solapada aunque penetrante y poderosa con esa ilusión de naturalismo. El desvencijado letrero de la corte judicial, poco más que un garaje con oficinas; el indiferente funcionario público que viste una careta de kendo, la anomia que impera en el paisaje cadavérico, un memorándum que, desde el fondo del escenario, advierte acerca de lo desaconsejable del canibalismo; la enigmática zona prohibida que se abre ante las interminables y polvorientas carreteras del lugar. Apenas detalles aislados en este océano de desértica desolación característico de la isla continente, la última frontera. Al estilo del steampunk, el ayer se fusiona con el mañana para configurar un hálito salvaje, barbárico, agonizante.

Es este, pues, el escenario lógico donde explayar la desesperación del gigantesco Fifi, jefe del cuerpo policial que controla las anárquicas carreteras del Outback, por encontrar al último héroe que le devuelva la fe a la gente. El marco incomparable en el que exponer el viraje existencial de Max Rockatansky (Mel Gibson en su primer papel estelar), un tipo con madera de héroe -a su modo, a la manera de estos tiempos inciertos y primitivos-, quien, a pesar de los esfuerzos de los últimos rastrojos del Bien que naufragan en este sordo y anónimo apocalipsis, se ve arrastrado por un contexto abrumadoramente pesimista, en el que el romanticismo se halla muerto y enterrado.

           En cierta forma, el apocalipsis no es más que un génesis invertido. Dos extremos que se tocan por medio de una nada uterina o terminal. De ahí que la Australia de Mad Max, salvajes de la autopista pueda hermanarse también con el Salvaje Oeste americano aún ajeno al nacimiento de la civilización. Así, Max y su vehículo interceptor bien podría pasar por un sheriff que se enfrenta, en solitario y al margen de toda ley humana o divina, contra la banda de cuatreros liderada por el Cortauñas, extravagante anticristo iluminado por las drogas y la sociopatía, y que a lomos de sus motocicletas asola sin piedad los poblachos de los enfermizos colonos del país. Otra vez el contraste entre el ayer y el mañana, todo uno.

           A medida que transcurren los años, Mad Max, salvajes de la autopista queda envuelta de forma más pronunciada por una aureola atípica, insólita, dentro de su género y de los códigos del cine actual. La furia vengadora de Max Rockatansky se mueve dentro de los parámetros de un vigilantismo hosco y desalentador en su primaria amoralidad, desviándose hacia el definitivo Armagedón que se consolidará en la primera secuela de esta trilogía, que por su parte, acaba de ser destruida a causa de una nueva prolongación, Mad Max: Furia en la carretera. Será interesante por tanto trazar la comparativa entre esta pieza tan particular de cine fantástico y las promesas que trae consigo la resurrección de la saga.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

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