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La vida es un milagro

8 May

“La región de los Balcanes tiene la tendencia de producir más historia de la que puede consumir.” 

Winston Churchill 

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La vida es un milagro

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La vida es un milagro

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Año: 2004.

Director: Emir Kusturica.

Reparto: Slavko Stimac, Natasha Solak, Vuk Kostic, Vesna Trivalic, Aleksandar Bercek, Stribor Kusturica, Nikola Kojo, Branislav Lalevic, Mirjana Karanovic, Davor Janjic.

Filme

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            En cierta manera, Emir Kusturica recoge en La vida es un milagro el tema y la sensibilidad, respectivamente, de sus dos largometrajes anteriores: Underground y Gato negro, gato blanco. Como la primera, el cineasta retorna a la Guerra de los Balcanes donde tanta polémica política encontraría a causa de su particular visión del conflicto y de la agonizante Yugoslavia. Y como la segunda, apostará por la felicidad y la búsqueda de los sueños como vía para escapar del horror circundante.

Porque, a pesar de los bombardeos que asedian su estación de tren en las montañas de la frontera serbobosnia, Luka Djukic (Slavko Stimac), el ingeniero procedente de Belgrado pero naturalizado en el lugar, mide su existencia a partir de su empeño en concluir la línea férrea entre ambas regiones y a partir del naciente romance con la joven musulmana Samaha (Natasha Solak), capturada para su intercambio con el hijo de Luka, Milos (Vuk Kostic), a quien el reclutamiento militar ha interrumpido su fichaje por el Partizán de Belgrado.

            Kusturica dibuja la sangrienta fractura yugoslava mediante el símbolo y la caricatura: el tren imposible, las bestias que vienen de Croacia, la correspondencia partidos deportivos y  batallas bélicas; Milos emulando al encolerizado Zvonimir Boban del Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja de mayo de 1990 –“inicio” no oficial de las guerras yugoslavas-, la alusión a Romeo y Julieta con el recuerdo de fondo los jóvenes que morían abrazados bajo el fuego de un francotirador en Sarajevo,… Metáforas siempre contrapuestas a la épica voluntad de unión -con sus idas y venidas-, que personifican Luka y Samaha: superior a razas, identidades nacionales e ideologías políticas.

Con todo, a pesar del tono predominantemente entusiasta del filme –y un tanto ingenuo, dado el punto de vista de Luka-, el director y guionista no prescinde de reflejar las atrocidades del contexto, por mucho en su mayoría estén barnizadas con un amargo humor negro a través del cual, incluso, se avanzan males futuros como esa generación de “patriotas y empresarios” que hará fortuna en el país una vez concluida la debacle, tal y como se veía en Gato negro, gato blanco.

            Se trata, en definitiva, de un retorno al particular universo de Kusturica, donde lo que ocurre se halla a medio camino de la lógica y el surrealismo, de la ternura vigorizante y el dolor decepcionado. Un microcosmos extraño y reconocible que es dueño de una serie de motivos recurrentes –a los que por supuesto afecta el desgaste- y, asimismo, de unos defectos frecuentes como el desprecio de la concisión narrativa y, quizás, la falta de un paso adelante para rematar la construcción de los personajes, casi más acentuada que el complejo e inexplicable entorno cruel que les atrapa -si acaso, por su parte, afectado por una postura neutral que no logran romper ciertos villanos estridentes-.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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