La torre de los ambiciosos

4 May

“¿Qué profesiones importan de verdad? A mí me interesan los que limpian las calles, ellos importan de verdad. El dinero siempre está del lado de los idiotas.”

Aki Kaurismäki

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La torre de los ambiciosos

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La torre de los ambiciosos

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Año: 1954.

Director: Robert Wise.

Reparto: William Holden, Fredric March, Barbara Stanwyck, June Allyson, Walter Pidgeon, Louis Calhern, Paul Douglas, Dean Jagger, Nina Foch, Shelley Winters.

Tráiler

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            Los titanes que sostienen heroicamente el mundo sobre sus colosales hombros, que diría la temible Ayn Rand, también tienen sus flaquezas. O eso proclama investigar el prólogo de La torre de los ambiciosos, una cinta que analiza las “tentaciones y tensiones” que igualan con los simples mortales que pululan por el asfalto a esos nuevos dioses los cuales, encaramados a sus altas azoteas de hormigón y acero, rozan el cielo cabalgando sobre sus poderosos gráficos de beneficios al alza.

            A partir del repentino fallecimiento del presidente de una empresa de muebles de diseño, La torre de los ambiciosos desata una mezcla de concurso y juicio entre los aspirantes al trono, descritos con caracteres y tendencias de liderazgo empresarial dispares: el pusilánime segundo de a bordo (Walter Pidgeon), el jefe de ventas extrovertido y adúltero (Paul Douglas), el hombre de vuelta de todo y ya desinteresado por los negocios (Dean Jagger), el vulgar especulador amoral (Louis Calhern), y, como principales contendientes, el frío vicepresidente financiero (Fredric March), adorador de la cifra como deidad infalible, y el romántico vicepresidente creativo (William Holden), comprometido con la calidad y el espíritu humano de la empresa.

            Desde luego, apuntar hacia los prohombres económicos de la nación era tarea harto arriesgada en la primera mitad de los cincuenta, una época azotada por la paranoia anticomunista y embanderada a ultranza en los valores morales y económicos de los Estados Unidos, todo uno.

Partiendo de este contexto histórico, resulta difícil atacar las intenciones humanísticas del filme y su crítica hacia la degeneración del capitalismo, representado por el personaje de March, incapaz de ver más allá de un balance de cuentas, y de su compinche Calhern, cuya reacción ante la desgracia se mide en compra o venta de acciones bursátiles. No obstante, sería también injusto obviar que esa especie de concurso y juicio, el cual parece derivar a una disputa semejante a la de Doce hombres sin piedad entre los antitéticos March y Holden, termina arrojando un desenlace indulgente y poco batallador –sobre todo si se compara con la denodada lucha de Henry Fonda, quien había rechazado el papel que luego recaerá en Holden- el cual, en consecuencia, por mucho que el libreto se esfuerce en conferir inspiradora épica y pasión al discurso, provoca un sentimiento de decepción, visto desde el presente inmediato hijo de la crisis de 2008.

            Quizás pese demasiado el influjo del opresivo clima político del periodo. El asunto es que, al mismo tiempo que ciertas subtramas dramáticas no están construidas convincentemente –los dilemas familiares-, las conclusiones del filme tienden hacia una solución en exceso condescendiente, carente de la garra que exige la deriva de un argumento donde Julia O. Tredway (Barbara Stanwyck), hija huérfana y amante despechada de los anteriores presidentes de la firma respectivamente, pretende encarnar en su desesperación las víctimas emocionales que deja tras de sí el exigente y deshumanizado mundo de las finanzas.

En definitiva, el guion rechaza posturas radicales, rehúye adentrarse en profundidad en las causas y manifestaciones de esta degradación del admirado poder económico nacional  y apuesta en cambio por la reconciliación afectiva con otros de los baluartes, esta vez positivos, de la filosofía económica americana –la dignidad del esfuerzo honrado, la prosperidad mediante el trabajo y el mérito-. Una tibia redención que es eso precisamente: tibia.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

2 comentarios to “La torre de los ambiciosos”

  1. Hildy Johnson 4 mayo, 2015 a 17:02 #

    Pero ¡qué casualidad, mi querido crítico abúlico!, soy una perseguidora de la filmografía de Robert Wise con la que me estoy pegando sorpresas maravillosas (y lo que me falta por descubrir). Y hace unos días pude por fin ver esta torre de los ambiciosos que había perseguido y perseguido. Explicas fenomenal la fuerza y debilidad del argumento pero me entusiasmó mirarla no solo por lo espectacular de su reparto y cómo están todos y cada uno de ellos (¡cuánto jugo podía haberse sacado… porque todos los personajes están magníficamente perfilados y representados!) sino porque de nuevo se ve a un director grande como Robert Wise con un uso del lenguaje cinematográfico genial y lleno de fuerza. A mí ya me atrapó ese principio arriesgado con un uso de la cámara subjetiva magníficamente empleado… Así como otros recursos, puesta en escena y decisiones de dirección que hacen que merezca la pena verla.
    “Apuestas contra el mañana” y “Cualquier día en cualquier esquina”, dos perlas de su filmografía para servidora.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 5 mayo, 2015 a 16:11 #

      Wise tiene cosas muy rescatables. Ésta, en sí misma, es todo un acto de osadía, teniendo en cuenta el clima político que había fuera de la sala… Apuestas contra el mañana la tengo ahí en pendientes desde hace un tiempo y, por supuesto, incorporaré sin falta Cualquier día en cualquier esquina, que no la conocía.

      ¡Besos!

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