Sin ley (Lawless)

28 Abr

“El cine es tanto el arte de buscar un hermoso rostro para poner en el celuloide como el de encontrar el dinero para la compra del celuloide.”

Jean-Luc Godard

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Sin ley (Lawless)

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Sin ley (Lawless)

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Año: 2012.

Director: John Hillcoat.

Reparto: Shia LaBeouf, Tom Hardy, Jason Clarke, Jessica Chastain, Guy Pearce, Mia Wasikowska, Dane DeHaan, Bill Camp, Gary Oldman.

Tráiler

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            Difícil interpretar el devenir de la cartelera española –sobre la cartelera de Ávila en particular, mejor ya ni referirse-. Tres años, y con distribución reducida, ha tardado en estrenarse Sin ley (Lawless) en España, una película que a priori goza del gancho popular que se le suele exigir al cine comercial: un reparto repleto de nombres conocidos –Shia LaBeouf, Tom Hardy, Jessica Chastain, Mia Wasikowska, Guy Pearce, Gary Oldman-, un guionista y un director interesantes –Nick Cave y John Hillcoat- y una temática de ambientación mafiosa, en concreto de gángsters de la Ley seca y los deprimidos años treinta, que parecía experimentar en tiempos recientes una leve resurrección –Enemigos públicos, Gángster Squad (Brigada de élite), la miniserie Bonnie and Clyde y, sobre todo, la monumental serie Boardwalk Empire-. Hasta fue proyectada en el festival de Cannes.

            Sin ley recupera la figura de los contrabandistas de licor del Sur profundo norteamericano, encarnados aquí por tres hermanos complementarios entre los que el benjamín (LaBoeuf), ensombrecido por sus antecesores, trata de abrirse camino a contracorriente, ‘alla Michael Corleone’. Es decir, a raíz del circunstancial vacío de poder dejado por la ausencia, producto de los efectos de esta época de incertidumbre y violencia, del primogénito (Hardy), hombre de ambiciones más moderadas pero rodeado de un aura de admiración y temor a causa de las leyendas acerca de su inmortalidad.

Es éste uno de los rasgos que aproximan la película hacia una cierta sensibilidad del cómic y que de inicio dotan de una particular atmósfera al filme, a los que se unen, entre otros, el caricaturesco dibujo y caracterización del antagonista -un esperpéntico agente federal encarnado con sus habituales limitaciones por Guy Pearce-, el cual también deja tras de sí un reguero westerniano por medio de la colisión entre criminal y ley, entre héroe y villano, entre la moralidad (o como poco un código de dignidad) y la amoralidad, que conduce sin remedio a un encarnizado duelo a muerte.

            Precisamente cuando el argumento demanda mugre y rudeza, brotan en la película los típicos e inadecuados dejes scorsesianos –la narración en off que, describiendo y opinando acerca de una serie de escenas conectadas, y acompañada de música popular, resume la situación de la época desde la perspectiva personal y orgullosa del delincuente- y otros déjà vus formales y temáticos que provocan que, a medida que avanza el metraje, la obra vaya dejando a su paso sensaciones más rutinarias que se metastatizan en un desenlace condescendiente y poco lucido.

Pero, en cualquier caso, la película resulta cuanto menos entretenida, apoyada en la presencia de actores como Chastain o Hardy –a pesar de que tampoco es su trabajo más inspirado-, así como en el buen pulso que luce Hillcoat, por desgracia menos abstracto y menos oscuro respectivamente –y por tanto más impersonal- que en sus precedentes colaboraciones con el singular Nick Cave: La propuesta y La carretera (The Road).

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6,5.

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