Archivo | marzo, 2015

Objetivo: banco de Inglaterra

22 Mar

“Todo el mundo juega sucio alguna vez en su vida, así que ¿por qué no reconocerlo?”

André de Toth

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Objetivo: banco de Inglaterra

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Objetivo; banco de Inglaterra

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Año: 1960.

Director: Basil Dearden.

Reparto: Jack Hawking, Nigel Patrick, Richard Attenborough, Roger Livesey, Bryan Forbes, Kieron Moore, Terence Alexander, Norman Bird.

Tráiler

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            Un mismo año y una misma entidad convergerán al unísono en la consolidación del subgénero de atracos perfectos para la industria del cine británica. En 1960, se estrenarán dos películas protagonizadas por un grupo de criminales que planean asaltar, mediante un robo espectacular, el Banco de Inglaterra, si bien cada una ambientada en una época distinta. Se trata de Objetivo: banco de Inglaterra y El robo al banco de Inglaterra, escenificadas en los años de salida de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y a comienzos del siglo XX, respectivamente.

            En su empeño de sacar adelante Objetivo: banco de Inglaterra, el cineasta en ciernes Bryan Forbes, detentador de los derechos y la adaptación al guion del libro The League of the Gentelmen, de John Boland, había conseguido ganarse la adhesión del que sería su aliado habitual en su venidera carrera en la dirección, Richard Attenborough, así como la del tándem compuesto por Michael Relph y Basil Dearden, conformado en la legendaria Ealing, prolongado en la recién creada Allied Film Makers y al que el tema de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial desplazados en la posterior sociedad en paz les era querido, como demuestran sus obras Frieda y, sobre todo, The Ship That Died of Shame.

Al igual que en esta última, la válvula de escape para un heterogéneo grupo de ex combatientes marcados por diferentes estigmas se encontrará fuera de los límites de la ley –allí el contrabando marítimo, aquí la sustracción de un millón de libras del banco epónimo-. La película presenta de un plumazo el aspecto y la personalidad de los ocho integrantes, todos ellos licenciados con deshonor del Ejército, de la banda que lidera el ex coronel Hyde (Jack Hawkings, apropiándose de un protagonista, el único personaje con el expediente inmaculado, que en su día había sido atribuido nada menos que a Cary Grant). Vigorosa, ágil y con un notable punto travieso, esta introducción hermana a este octeto de la muerte por medio de causas que van más allá de su dudosa hoja de servicios: la avaricia, imprescindible para tentar su colaboración, y, en un rasgo más insólito, sus variopintas pulsiones sexuales, las cuales luego, en el caso de Hyde, legarán incluso un gag improvisado a costa de un guiño a la gran Vida y muerte del coronel Blimp, de cuya producción había heredado un cuadro de la pelirroja Deborah Kerr -además de la actuación de Roger Livesey-.

            Si bien el desarrollo con el nacimiento del espíritu de equipo y la entusiasta preparación del golpe, organizado con precisión y disciplina castrense, no sorprenden en exceso debido a la constante repetición de este esquema narrativo, el carisma de los participantes, encarnados por una galería de destacados intérpretes –entre ellos los propios Forbes y Attenborough-, unido a la enérgica realización de Dearden, permite que Objetivo: banco de Inglaterra conserve íntegra su frescura y su capacidad de entretenimiento. Gracias a ello, el espectador puede ponerse de parte y compartir los anhelos de estos ocho del patíbulo en busca de una retribución que paradójicamente, por mucho que proclame su comandante, no parece tener nada de justa.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

El club de los asesinos

21 Mar

Despedida y cierre del especial sobre el reivindicable Basil Dearden en Cine Archivo. Para la ocasión, firmo un artículo a propósito de El club de los asesinos, una curiosa comedia negra con el inimitable Oliver Reed y la encantadora Diana Rigg.

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The Courier

20 Mar

“Hollywood es Hollywood. No hay nada que se pueda decir de ella que no sea verdad, bueno o malo. Y si te involucras en Hollywood, no tienes derecho a quejarte: fuiste tú solo quien se metió en esto.”

Orson Welles

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The Courier

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The Courier

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Año: 2011.

Director: Hany Abu-Assad.

Reparto: Jeffrey Dean Morgan, Josie Ho, Til Schweiger, Miguel Ferrer, Lily Taylor, Mark Margolis, Mickey Rourke.

Tráiler

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           Narraba Homero que el héroe Odiseo, fecundo en ardides, deseaba escuchar el canto de las sirenas y, además, salir indemne del maleficio unido a sus voces, capaz de enloquecer a los marinos más avezados hasta hacerlos arrastrar sus naves en los rompientes de su isla y devorar así los infortunados cadáveres. Sin embargo, pocas son las sogas lo suficientemente fuertes para retener la voluntad enajenada de muchos realizadores foráneos y hacerlos resistir la llamada tentadora de los brillos de Hollywood, el gigante antropófago que, a cambio de medios y promoción, succionará sin piedad su valioso espíritu artístico.

           Avalado por el reconocimiento internacional de Paradise Now, nominada incluso al Óscar a mejor película de habla no inglesa, el cineasta Hany Abu-Assad desembarcaba en Hollywood con The Courier, si bien a costa de la libertad de su obra, dependiente de un libreto ajeno -en este caso a cargo de los debutantes Brannon Coombs y Pete Dris en la que, esperemos, sea su última incursión en el cine- y por supuesto alejada de sus habituales retratos de la realidad de su Palestina natal.

           En vista de cómo venían dadas las cosas, la única posibilidad que le quedaba a Abu-Assad en la recámara para llevar a buen puerto el proyecto era la de trasladar el encargo a su propio terreno de juego, como al menos lograrían en esta misma época, aunque con desiguales resultados, el danés Nicolas Winding Refn con Drive o los surcoreanos Kim Jee-woon y Park Chan-wook con El último desafío y Stoker, respectivamente. Por desgracia, la incidencia de Abu-Assad no pasará de elaborar una factura visual que trata en vano de dotar dramatismo e intensidad al filme por medio de texturas sombrías que se amoldan a la personalidad apocalíptica y sobrenatural de la Nueva Orleáns post Katrina.

No obstante, esta convencional cinta de acción nacía agonizante a causa de la debilidad de su esqueleto. La trama, de escasa coherencia interna y graves lagunas de verosimilitud en el desarrollo de muchas de las escenas, confunde la complejidad con el enmarañamiento y el suspense con la trampa. Es complicado saber qué ocurre, por qué ocurre y qué pinta cada personaje en medio del desaguisado, a pesar de su tendencia a secuestrar lugares comunes de éste y otros géneros en el relato de las aventuras de un ascético correo de criminales que ha de abandonar su neutralidad amoral para tomar partido a riesgo de su propia vida. Pero ni con sus violentos volantazos de guion, The Courier, casi una versión seria y pretendidamente adulta del Transporter de Jason Statham y la factoría de Luc Besson, se zafa de resultar previsible.

 

Nota IMDB: 4,5.

Nota FilmAffinity: 4,2.

Nota del blog: 4.

Paradise Now

19 Mar

“Como artista debes pensar en todas las caras de la guerra: en los crímenes bélicos, en los caídos, en las injusticias,…”

Steve McQueen

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Paradise Now

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Paradise Now

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Año: 2005.

Director: Hany Abu-Assad.

Reparto: Kais Nasif, Ali Suliman, Lubna Azabal, Amer Hlehel, Mohammad Bustami, Hiam Abbas.

Filme

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           Paradise Now es una bomba encubierta que, instalada con habilidad, mutila sin misericordia alguna los miembros putrefactos de la resistencia terrorista palestina y de la opresión ejercida sobre Cisjordania y el pueblo palestino por el violento e imperialista estado de Israel.

Con valentía suicida, escudado en la fuerza de su humanidad, Hany Abu-Assad observa con su cámara, calibrada en una amplia gama de colores que descarta el blanco y el negro, las aventuras y desventuras de dos amigos residentes en un campo de refugiados cisjordano que son reclutados para inmolarse en Tel Aviv como represalia por los muertos sufridos a causa de un ataque aéreo israelí. El realizador nazareno, conocedor de la peliaguda coyuntura que se vive en la región, compone un cálido y complejo retrato de dos tipos corrientes que, empujados por las circunstancias, terminan por integrarse como una pieza más en los engranajes del horror que inunda una guerra inacabable.

           Said y Khaled poseen las inquietudes, dudas, virtudes y defectos comunes a cualquier joven de su edad, de cualquier parte del mundo. La película habla de la sangre, los estigmas y las venganzas heredados de generación en generación hasta enquistarse en el hombre como una forma de entender la vida y como paisaje común en su cotidianeidad –la ruinas, las bombas, el martirio, la muerte,…-, las injusticias de una política entregada a la ley del más fuerte, los silencios cobardes del mundo ante los abusos de poder,…

Culpabilidades globales que, no obstante, también poseen acusados particulares, ejemplo de los estereotipos palestinos que guían la rebelión basándose en el sempiterno rencor y la ignorancia endémica –la leyenda bélica que emplea sin miramientos el capital humano a su alcance; el ideólogo repleto de frases huecas sobre deber, lucha y heroísmo: puros eslóganes comerciales y, en un gran hallazgo del filme, comercializados-.

           El arma más demoledora del variopinto arsenal de Abu-Assad no son los parlamentos concienciados y forzadamente discursivos de Suha (Lubna Azabal), representación de una mirada externa y racional al enfrentamiento. El componente que alimenta la carga explosiva del artefacto es, pues, el patetismo. El patetismo consustancial a la existencia humana, que demuele sin piedad los atisbos de épica romántica –sobre todo si como esta se usa de manera flagrantemente ilegítima- y es capaz de reducir toda acción o idea al completo absurdo.

El humor negro, de hecho, parece colonizar sin remedio la primera mitad del metraje, incentivando esa sensación de ridículo creciente que aprisiona al argumento en el sinsentido más atroz, comparable al que descerrajará, ya abalanzado en la comedia cruel, la oportuna cinta británica Four Lions. Y como aquella, se trata de una falsa luminosidad cómica que sirve preparar el altar donde se sacrificará a la esperanza, víctima propiciatoria de cualquier guerra.

           Parte ineludible del conflicto, Paradise Now protagonizaría una agria polémica en la entrega de los Óscar. Vencedora en los Globos de oro bajo bandera Palestina y presentada como tal en la web de los premios de la Academia pese a no ser la candidata designada por un estado soberano –situación que se había admitido antes con los territorios de Puerto Rico (Lo que le pasó a Santiago), Hong Kong (La linterna roja y Adiós a mi concubina) y Taiwán (Tigre y dragón) y que en su día había descartado la propuesta de su compatriota Intervención divina-, Paradise Now finalmente concurriría en el certamen nominada como representante de la “Autoridad Palestina” y luego de “Territorios palestinos” ante las protestas de Abu-Assad, que lo consideró un desprecio manifiesto hacia la identidad nacional palestina por parte de Estados Unidos, tradicional aliado de Israel y que había recibido presiones de varios organismos del país hebreo en este sentido. No obstante, por otro lado, quedan asimismo razones para confiar en el progreso: la Israel Film Fund asumiría el riesgo de distribuir la cinta en Israel.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

Omar

18 Mar

Continúa el octavo especial de cine asiático de Ultramundo. Después de Un toque de violencia, llega Omar una nueva incursión en los conflictos que desgarran al mundo, si bien dibujado en escala de grises y un acertado sentido de la humanidad. Aquí el original, pertinentemente decorado con fotografías y la esmerada maquetación de los responsables de la web.

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Boogie Nights

17 Mar

“Puedo sostener una erección casi indefinidamente. En una película porno una escena sexual de cuatro minutos en pantalla significa que he mantenido una erección durante las cinco horas que llevó rodarla. También puedo sostener una erección mientras me tiro a una chica al borde de un acantilado, mirando hacia abajo, mil metros sobre la nada, con mis rodillas sangrando por la superficie arenosa. Me corro cuantas veces sea necesario.”

John Holmes

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Boogie Nights

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Boogie Nights

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Año: 1997.

Director: Paul Thomas Anderson.

Reparto: Mark Whalberg, Julianne Moore, Burt Reynolds, John C. Reilly, Don Cheadle, Heather Graham, Philip Seymour Hoffman, Luis Guzmán, William H. Macy, Robert Ridgely, Melora Walters, Nicole Ari Parker, Thomas Jane, Philip Baker Hall, Alfred Molina.

Tráiler

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            La ruptura del hielo con Sidney y su favorable acogida por parte de la crítica impulsaron a Paul Thomas Anderson, proyecto de autor, a retomar un cortometraje que había rodado en 1988, The Dirk Diggler Story, inspirado en la trastienda de la industria del porno americana y, en concreto, a partir de material como el documental Exhausted: John C. Holmes, the Real Story, rodado por la actriz porno Julia St. Vincent a mayor gloria del inigualable astro X de la época, John Holmes.

            En Boogie Nights, tres monumentales planos secuencia marcan la historia de ascenso, caída y apunte de redención de corte scorsesiano que se desarrolla en el epicentro del pletórico cine porno californiano de finales de los setenta y la década de los ochenta, vía alternativa del sueño americano escogida por el bisoño Eddie Adams, luego Dirk Diggler (Mark Whalberg), para explotar y compartir el don que Dios le ha concedido: un pene como un vaso de tubo y la energía sexual de un semental desbocado. En paralelo con esta revisión del adulterado American dream, la cinta puede entreverse asimismo como una crónica coral de este periodo histórico del país norteamericano.

            En su recorrido inicial, que transcurre hasta detenerse en la imagen del protagonista, jalonado de estrellas a su espalda, la cámara describe el submundo nocturno de neones y vicios variados donde se mueven unos personajes presentados de un vistazo, con extraordinaria precisión. En el planteamiento, Anderson establece una película tan eufórica y desenfrenada como el irrefrenable auge de Diggler y la propia escena del porno angelino, por entonces invulnerable ante futuras vulgaridades artísticas y amenazas financieras como el mercado del video –no digamos ya internet y la era del porno universal y gratuito-.

A lo largo de este primer tercio luminoso y hortera, el joven realizador vacía su virtuosismo hasta rayar con lo formalista, si bien con el objetivo de reflejar las luces que deslumbran a unos personajes los cuales, en realidad, son pura sombra. Tras las bambalinas, el espectador contempla una galería de ruinas, de seres desmoronados por problemas sentimentales, económicos, sociales, familiares, de identidad, de autoestima. Individuos frágiles, fracasados o simplemente estúpidos que se arraciman en busca de protección, de formas de amor mal entendidas y de distraer la debacle mental y emocional a golpe de estupefaciente.

            Otro plano secuencia, esta vez cercenado por un disparo, confirma el mal viaje que se avecina al superar el ecuador del metraje y entrar en los años ochenta de la demanda insaciable y a bajo precio –una burda decadencia en la que, por otro lado, se podría reflejar también el cine respetable-. Imágenes torcidas y de mayor densidad, bañadas en un rojo infernal, que advierten acerca de una progresiva degradación culminada por un abrumador montaje paralelo sobre el que cabalgan dos escenas atroces en su violencia física y psicológica, punteadas por la banda sonora de Michael Penn que toca a difuntos. Anderson aplica aquí la ferocidad que merecerían estos referentes de Martin Scorsese -ese cineasta siempre fascinado por sus hombres excepcionales independientemente de su carácter moral- que resuenan en el fondo y el estilo de Boogie Nights, si bien con cierta misericordia postrera en aras de legar un desenlace abierto para sus maltrechas criaturas.

            Obra arrolladora, Boogie Nights supondría la confirmación internacional de uno de los más valorados autores del Hollywood contemporáneo.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

Dolls

16 Mar

“Reivindico que el cine sea tratado como la poesía, como la literatura, como arte. Que sea cultura y no industria.”

Francis Ford Coppola

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Dolls

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Dolls

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Año: 2002.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Miho Kanno, Hidetoshi Nishijima, Tatsuya Mihashi, Chieko Matsubara, Kyoko Fukada, Tsutomu Takeshige.

Tráiler

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           Después de recibir críticas dispares por su infravalorada Brother, exportación a los Estados Unidos de su particular universo de estoicos yakuzas, Takeshi Kitano se regalaba a sí mismo y al público una obra intimista y emocional a través de la cual daba salida a sus incontenibles pulsiones artísticas, desarrolladas además con una sensibilidad narrativa que enraíza directamente con la tradición nipona.

           Dolls traduce a fotogramas los temas y arquetipos propios del teatro bunraku y las obras del dramaturgo Chikamatsu Monzaemon, ‘el Shakespeare japonés’, conocido por sus historias acerca de personajes comunes enfrentados a trágicas historias de amor. Precisamente, ese espíritu extremadamente poético y al mismo tiempo doliente que gobierna el filme, vertebrado a través de tres relatos de romance y desesperación, parece conectar también con la noción de fatalismo que regía las vidas de los gángsters de Kitano, reducidos a simples fardos que se desploman ante la violencia del mundo, unidos sin remedio a un destino inexorable que no es otro que la muerte.

Estos yakuzas, al igual que los amantes de Dolls, son títeres a merced de la fortuna caprichosa la cual se sirve en sus propósitos del implacable paso del tiempo, manifestado aquí a través del cambio de estaciones. Una cosmovisión agónica que se convierte en un juego melancólico donde el romanticismo trata de revelarse contra este Hado inapelable, como ya hiciera en vano en la hermosísima Hana Bi (Flores de fuego).

           Sin embargo, el territorio donde acontecen estos tres pequeños dramas románticos -encadenados por el cordón rojo que une a una joven catatónica tras un intento de suicidio y al hombre arrepentido que motivó el suceso tras escoger como prometida a la pudiente esposa de su jefe-, no pertenece al submundo criminal dominado por los relámpagos de agresividad física y directa donde se ambientan las cintas más populares de Kitano. El cineasta tokiota expone a sus viscerales e incompletos personajes por medio del montaje fragmentado, a la vez que los arropa con un delicado manto estético que los transporta a una dimensión lírica y henchida de color, rayana en lo onírico y en la que el recuerdo, el remordimiento, el deseo y la realidad se confunden y fusionan en la abstracción, sin solución de continuidad.

           Afloran en este mar de sentimientos deshilachados numerosos símbolos visuales y alegorías cromáticas –la mariposa, los tonos rojos-, que plasman con desgarro elegíaco –y ocasional aunque disculpable redundancia- la fractura emocional a la que se encuentran sometida esta galería de individuos atrapados por los lazos del amor, en especial esa inocente y frágil protagonista femenina que logra trascender su devastado estado mental para transformarse en una fuente de sensaciones encontradas.

           En este teatro de la existencia, el minimalismo argumental, por tanto, es la semilla a partir de la cual nace un maximalismo expresivo donde Kitano vierte toda su pasión como creador artístico. De la misma manera que las marionetas del bunraku, los personajes de Dolls esconden tras su hieratismo una explosiva tormenta de emociones, mayor que la vida misma.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

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