Despertar en el infierno

12 Mar

Despertar en el infierno es la mejor y más aterradora película sobre Australia de la historia.”

Nick Cave

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Despertar en el infierno

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Despertar en el infierno

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Año: 1971.

Director: Ted Kotcheff.

Reparto: Gary Bond, Donald Pleasance, Chips Rafferty, Sylvia Kay, Jack Thompson, Peter Whittle, Al Thomas, John Meillon.

Tráiler

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            A comienzos de los setenta, el espectador despertaba en el infierno. El Outback australiano comenzaba a configurarse como un espacio pujante y sugerente en el panorama cinematográfico internacional gracias al apoyo institucional, al talento de su nueva generación de artistas y al magnetismo de una serie de propuestas originales y fascinantes. Un lugar crudo y fantástico, atroz y hermoso, constituido como un limbo atemporal donde el orgulloso hombre occidental empequeñece y en el que cualquier cosa es posible.

Siguiendo esta idea, los protagonistas de Walkabout y Despertar en el infierno, pioneras de un cine afincado a partes iguales en la realidad y la irrealidad que mana directamente de este abisal desierto australiano, se encuentran en la misma postura que el espectador. Son extranjeros que descubren los misterios de un territorio enigmático y atávico.

            En Despertar en el infierno, el peso de lo fantástico acaba por inclinarse hacia un cruel absurdo que, en cierta manera, ya anunciaba esa escuela en el fin del mundo donde se abre la película. Rasgos de surrealismo buñueliano que, solapadamente, impregnarán el trasfondo de esta pesadilla incómoda, pegajosa y obsesiva en la que un señorito inglés se ahogará en polvo, sudor y alcohol y de la cual, como si de la habitación de El ángel exterminador se tratase, le resulta imposible escapar.

El mal sueño del día de la marmota envuelto en el eterno conflicto entre el desdeñoso cosmopolitismo urbanita y el aislamiento recalcitrante del rural, convertido aquí en una paradójica hospitalidad que, sublimada hasta extremos ridículos, acaba siendo de lo más siniestra –a mi entender sin discurso sociológico alguno, no obstante-.

            El forastero, atrapado por el destino en Bundanyabba, “el paraíso de las buenas personas”, se sumerge en una espiral de enajenación que, cabe decir, a buen seguro merecía debido a su elitismo, su avaricia, su descreimiento y su chuloputismo. A pesar de la caricaturesca extravagancia de los lugareños –ejemplo de ello es el sheriff de Chips Rafferty, encarnación de la australianidad en el cine-, el visitante nunca demuestra al espectador -su homólogo como decíamos-, ser mejor que aquellos a los que desprecia. El entrañable y aterrador ‘Yabba’ es, en definitiva, una utopía australiana dada de sí hasta convertirse en su antítesis: en el averno de las malas personas –probablemente el ambiente sea igual de tórrido en ambos lugares-. O el reverso soleado y caluroso de las ciudades perdidas en la nada y el horror cósmico de H.P. Lovecraft.

Dentro de esta comparación, los picos de alucinación irracional y enloquecedora, aquí no exentos de perversa comicidad, bien podrían quedar representados por esa delirante caza del canguro mediante el atropello, el deslumbrado y el cuchillo carnicero. Hitos en el descenso etílico a la sinrazón que experimenta el estirado maestro de escuela y que, como les sucede a los personajes del atormentado escritor norteamericano, solo encuentra una vía de escape en la demencia o la muerte.

            Merced a la agresiva dirección del canadiense Ted Kotcheff y al acertado casting donde brilla con luz propia Donald Pleasance, Despertar en el infierno, desde la introducción literal del protagonista en la masa humana del pueblo, recalentada, alcoholizada y testosterónica, trasmite con perturbadora acritud una sensación de agobio que no hace más que recrudecerse, penetrante e invasiva, a medida que los nativos del lugar alteran la percepción del recién llegado a golpe limpio de pinta cervecera. Primaria y salvaje, la aventura (desventura) va directa al cerebro reptiliano del viajero y del público que lo acompaña en tierra extraña, entorpecido por una resaca turbia, espesa y pestilente que anula el raciocinio y los resortes humanos esenciales, sobre todo en lo tocante a lo moral.

El resultado se debate entre la risa tensa, la náusea, los temblores febriles y el desconcierto psicológico. “¡Uno de nosotros! ¡Uno de nosotros!”, parecen gritarle los habitantes del Yabba, todo sonrisa garrula, rodeándole cada vez más estrechamente en su círculo monstruoso, incluso con insinuaciones sexuales bastante desconcertantes.

            El negativo de este filme, estrenado con más pena que gloria en Australia y convertido en obra de culto con el paso del tiempo, sería rescatado en a mediados de 2004 después de declararse perdido durante décadas.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

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2 comentarios to “Despertar en el infierno”

  1. ALTAICA 13 marzo, 2015 a 01:48 #

    No tenía ni la más remota idea de esta película, pero tiene una “pinta” formidable. Ahora me toca buscarla, esto es, misión imposible supongo. La crónica espléndida.

    • elcriticoabulico 13 marzo, 2015 a 17:09 #

      Curiosísima y sorprendente. Me intriga qué te puede parecer. En el caso de obras descatalogadas de todos los lados como ésta, emplear medios ‘alternativos’ seguro que está justificado.

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