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Zodiac

6 Mar

“David Fincher habla como sus películas: riguroso y elegante, transmite el gusto por su oficio.”

Daniel Monzón

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Zodiac

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Zodiac

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Año: 2007.

Director: David Fincher.

Reparto: Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo, Robert Downey Jr., Anthony Edwards, Chloë Sevigny, Dermont Mulroney, Elias Koteas, Donal Logue, Philip Baker Hall, John Carroll Lynch, Bryan Cox, Clea DuVall.

Tráiler

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           En Zodiac, el asesinato que tiene lugar en el prólogo, a modo de presentación del filme, maneja las claves clásicas del cine de terror. Una amenaza larvada que va imponiendo su presencia a través de ruidos inquietantes y movimientos sorprendentes para, finalmente, estallar cuando el espectador se encuentre con la guardia baja, recuperándose a medias de la tensión precedente. El segundo de ellos es crudo, despojado de los aderezos tradicionales del thriller. Inesperado, seco y, por ello, doblemente perturbador. Rayano en el estilo enconadamente descarnado, desmitificador y ‘anticinematográfico’ de Las horas del día. El tercero, irrumpe de manera explosiva. Es violento y estilizado, pero apenas muestra una preparación previa que ponga sobre alerta acerca de la amenaza acechante.

No son simples alardes formales por parte de un director, David Fincher, que había rodado uno de los mejores y más influyentes thrillers psicológicos de la década precedente, Seven, donde se oscurecía la atmósfera y la sordidez propia del cine negro hasta tornarla casi apocalíptica. De hecho, en buena medida, Zodiac y Seven son películas divergentes. Basada en la estéril investigación de los crímenes del Asesino del Zodíaco, la búsqueda de Zodiac no conduce al típico clímax catárquico del cine policíaco, sino que la búsqueda es el tema central del argumento –de ahí que parezcan innecesarias las aclaraciones sobreimpresas en la coda-. La búsqueda prosaica, minuciosa y verosímil, asentada sobre los hechos reales, con sus chapuzas, genialidades, crisis, esperanzas, frustraciones y, sobre todo, obsesiones.

Siguiendo esta idea, el guion deja por el camino unas cuantas referencias al cine coetáneo, si bien solo para declararse en oposición a él -cintas como Bullitt o Harry, el sucio que subliman fantasiosamente aspectos de esa realidad antipática y antiépica, como la estética del inspector Dave Toschi o el mismo caso de los asesinatos en serie, a la vez que ocultan otros elementos más cotidianos y/o complejos-.

           Así que, teniendo en cuenta estas premisas, ¿cómo mantener la expectación durante cerca de tres horas cuando se tiene entre manos una conocida investigación sin resolver? El libreto de James Vanderbilt, potenciado por la mano maestra de Fincher, apuesta aquí por despertar en el público su inclinación natural hacia el misterio en estado puro; por encontrar soluciones tranquilizadoras a lo inexplicable.

Los protagonistas paralelos, Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), caricaturista y autor del libro en el que se inspira el guion, y el citado Dave Toschi (Mark Ruffalo), inspector de la policía de San Francisco, son los agentes encargados de transmitir y contagiar esa pasión consustancial al ser humano. Desde su perspectiva particular –intuitivo uno, profesional el otro-, ambos se sumergen en ese pozo insondable de lo desconocido que, por lo general, se halla vacío de respuestas.

A priori antitéticos -como lo era pareja de detectives de Seven-, Graysmith y Toschi aparecen en realidad hermanados por su férrea persecución de una verdad que, desorientada en un microcosmos de conjeturas e incertidumbres cada vez más desproporcionado, termina por diluirse en la nada. En cierta escena, los dos personajes son incluso intercambiables, como por otra parte son igualmente intercambiables con cualquier espectador que, al otro lado de la pantalla, se haya visto arrastrado como ellos por la magnitud atávica del suspense. Individuos encadenados a un interrogante –en su no evolución, Toschi subvierte su influencia sobre Frank Bullit vistiendo un jersey de cuello alto similar a los lucidos por Steve McQueen… diez años atrás- el cual, para aquellos otros observadores en la distancia que transitan por el relato, pierde progresivamente sentido y hasta relevancia bajo razones de peso como que se trate de cuatro homicidios aislados en una ciudad azotada por la inseguridad o, más aún, una nimiedad en comparación con los muertos por el tráfico.

           Aunque a menor escala que la coreana Memories of Murder -otro monumental antithriller, también más bufo que el presente-, Zodiac concede espacio para la revisión sociológica de una época convulsa y deprimente en la que los ideales pacifistas y del amor libre de la revolución hippie se disolvían en un mal viaje de guerra y muerte. Un aspecto histórico que se emplea en especial para marcar las elipsis del metraje, en correspondencia con la evolución arquitectónica de la fascinante urbe norcaliforniana o de la música coetánea a los acontecimientos.

           A través de esta maraña de cabos sueltos, sospechas fundadas y obcecaciones enfermizas, Fincher construye una apasionante exhibición de intriga y tensión narrativa que desafía las convenciones hasta transformarse en una obra abrumadora, poderosa y excepcional.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 9.

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