Fort Massacre (El fuerte de la matanza)

4 Mar

“He matado más indios que Custer, Beecher y Chivington juntos.”

John Ford

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Fort Massacre

(El fuerte de la matanza)

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Fort Massacre (El fuerte de la matanza)

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Año: 1958.

Director: Joseph M. Newman.

Reparto: Joel McCrea, John Russell, Forrest Tucker, George N. Neise, Robert Osterloh, Denver Pyle, Anthony Caruso, Francis McDonald, Susan Cabot.

Tráiler

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            Después de una suicida y feroz batalla por conquistar un mísero pozo de agua, el líder de la expedición apache, último hombre vivo de la partida, arroja su rifle al suelo y alza los brazos en señal de rendición. Desde lo alto del promontorio desde donde defendía su posición, el sargento Vinson observa meditabundo al enemigo derrotado, levanta la mira de su arma y le descerraja un tiro certero en el pecho.

            Después de alcanzar la plenitud de su madurez, el western iba a experimentar un envejecimiento hosco y desencantado. En la década de los cincuenta, variantes malencaradas y tortuosas como el western sucio y el western psicológico comenzaban a emerger entre las otrora verdes praderas vírgenes del territorio de la utopía y la épica.

Desapercibida bajo la sombra de producciones más rutilantes y prestigiosas, Fort Massacre (El fuerte de la matanza) guarda en secreto una abrumadora antología de sentencias que atentan violentamente, con idéntica falta de piedad a la del sargento Vinson, contra el espíritu de la conquista y contra bastiones fundamentales del país como el ejército, la religión e incluso las propias estrellas del género cinematográfico.

Cosido a la piel del dudoso Vinson, sorprendente en su atinada creación de matices, Joel McCrea subvierte su imagen heroica y amable dentro de una estrategia muy semejante a la que, en las turbias Winchester ’73, Horizontes lejanos, Colorado Jim, El hombre de Laramie y Tierras lejanas, el director Anthony Mann empleaba con el estereotipo de bonancible americano medio que encarnaba James Stewart, de quien aprovechaba su mirada ensombrecida a causa de su paso por los horrores de la Segunda Guerra Mundial. John Ford lo sacará partido asimismo en la pesimista Dos cabalgan juntos.

             “Se ha muerto sin pedirle permiso a Washington”, ironiza el recluta irlandés McGurney (Forrest Tucker) como toda deferencia hacia su teniente caído en combate. “Solo cavaré un metro: no era más que medio hombre”, contesta el encargado de vaciar para el muerto una tumba en el desierto. Es manifiesto el desprecio que siente hacia el uniforme militar la horda de desarrapados que componen el pelotón de caballería del filme –más bien lo que queda de él tras ser destrozado por los indios-. Sin embargo, no es éste un desprecio sin fundamento; ni ellos personajes censurables destinados a sufrir un merecido escarmiento por parte de una autoridad superior en mando y moralidad a sus tristes figuras carentes de honor, valor o sentido patriótico. Órdenes tiránicas, misiones absurdas y pulsiones psicóticas. Temblores en la batalla, ineficiencia en su desorientado cometido y crueldad fuera de cualquier justificación.

Fort Massacre desnuda las vergüenzas de la leyenda y las expone ante la pantalla, enfangadas con destemplado e iconoclasta realismo.

             Enraizándose con la tripulación de la tormentosa y colosal aventura marina del Moby Dick de Herman Melville, la patrulla de Fort Massacre, abandonada en la inmensidad salvaje y sobrehumana del desierto, barrunta que Vinson, en su rol de capitán Ahab, heredero del trasunto de Custer que era el coronel Thursday de Fort Apache y antecesor directo del James Lassiter de Río Conchos y el Ethan Edwards de Centauros del desierto, les conduce a la perdición presa de la locura monomaníaca que sangra en su interior malherido.

El espectador, asimilado en su innegociable neutralidad al joven y recién llegado recluta Travis (John Russell) –“que no ve, no oye y no habla”-, se mantiene expectante ante la pavorosa e inescrutable ambigüedad que se cierne entorno a él, distanciado como lo estaba Ismael en la vorágine que gobernaba el ballenero Pequod. Quizás este personaje, detentador del punto de vista del relato, posea un dibujo más rudimentario y una evolución previsible a medida que la narración adopta un tono un tanto más discursivo -que, además, culminará con una conclusión de apariencia algo precipitada-. Pero no por ello deja de resultar una composición interesante. Con ciertos paralelismos también con el Marlow de El corazón de las tinieblas, otra antiepopeya tétrica y terrible, Travis se encuentra enfrentado a sus miedos y odios cervales, amenazado por una oscuridad contagiosa como una peste, capaz de penetrar implacable hasta el tuétano del hombre.

A descubrir.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 8.

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