Los implacables

14 Feb

“Clarke Gable siempre fue el rey y siempre lo será.”

Joan Crawford

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Los implacables

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Los implacables

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Año: 1955.

Director: Raoul Walsh.

Reparto: Clark Gable, Jane Russell, Robert Ryan, Cameron Mitchell, Juan García.

Tráiler

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           La apertura de Los implacables promete una historia de individuos solitarios y desesperados. Grandes hombres acompañados de largas sombras. Atruena la ventisca de nieve y en la pantalla surgen dos jinetes hermanos azotados por los elementos, haciendo frente a pecho descubierto a un territorio épico e inexpugnable. En el horizonte inmediato, un sujeto ahorcado pende de un árbol, todavía con el calor de la justicia reciente. “Parece que llegamos a la civilización”, espeta el mayor de ellos.

           Los implacables es un western entretenido y enérgico que goza de la torrencialidad narrativa y el espíritu aventurero que caracteriza a Raoul Walsh. Pero su problema es que rara vez conseguirá alcanzar la apabullante altura que arroja semejante presentación.

Podría haberlo logrado potenciando el enfrentamiento a muerte entre los hermanos Allison (Clark Gable y Cameron Mitchell), volcánicos y masculinos representantes del viejo Oeste y del Sur rebelde y derrotado, frente al calculador Nathan Stark (Robert Ryan), personificación de esa ‘civilización’ ladina que se impone sobre las tierras indómitas por medio de una especulación empresarial para la que los escrúpulos no son más que otra suma acumulada en la columna del debe. Sin embargo, Los implacables prefiere relegar a un segundo plano la tragedia y la explosiva violencia que vibra en el relato para, en cambio, entregarse a una disputa más festiva, aquella que propicia una vivaracha joven (Jane Russell), en su papel de vértice de un triángulo amoroso.

Una pugna que, además, transcurrirá a lo largo de una extraña segunda oportunidad para este viejo Oeste de los Allison: la de trazar una nueva e insospechada conquista. Una última epopeya en un país que comienza a acusar la carestía de hazañas por domeñar. Una conquista tradicional, decíamos, que, como la vía Chisholm rememorada en Río Rojo, abra un nuevo surco en el Oeste salvaje por donde los extensos rebaños ganaderos de Texas puedan remontarse hasta las frías cumbres de la Montana tomada por la fiebre del oro.

           El filme comparte este aliento crepuscular de los hermanos, mitigado aunque repleto de admiración. “Es lo que en la niñez soñamos ser al crecer y lo que de viejos sentimos no haber sido”, confesará Stark acerca de su contrincante por la dama, un Gable ya con el peso de los años sobre los hombros pero aún con el vigor suficiente como para hacer creíble a su galán. No obstante, predomina en los fotogramas el despreocupado y reconfortante deseo de aventura patrimonio de estos pioneros irreductibles. En cierto sentido, el dilema de la mujer se divide entre estos dos universos en confrontación; entre el pasado y el futuro. Así las cosas, el duelo romántico e histórico –que en un primer momento provoca cierto bajón en el ritmo de la cinta- atempera y rebaja el voltaje de la obra por medio de la generosa presencia del humor, aspecto que Russell sabe hacer bueno a base de chispa y, por supuesto, carnalidad.

 

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

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