Remordimiento

5 Feb

“Cada guerra es una destrucción del espíritu humano.”

Henry Miller

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Remordimiento

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Remordimiento

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Año: 1932.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Phillips Holmes, Lionel Barrymore, Nancy Carroll, Louise Carter, Lucien Littelfield, Tom Douglas.

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           Al mismo tiempo que la inquina resurgía en Europa incentivada por los rencores enquistados de la Primera Guerra Mundial y por las oleadas de pobreza siguientes al Crack del 1929, el séptimo arte se erigía en guardián de la memoria del horror y alzaba la voz en aras de una conciliación internacional que poco a poco iba a ser despedazada para alimentar el huevo de la serpiente.

Siguiendo la estela de películas como El gran desfile, Sin novedad en el frente y Cuatro de infantería (Wesfront 1918), el director berlinés Ernst Lubitsch, asentado en los Estados Unidos desde comienzos de la década de los veinte, reclutaba a su guionista de cámara, Samson Raphaelson, para que, en colaboración con Ernest Vajda, adaptase la obra de teatro antibelicista L’homme que j’ai tué, del francés Maurice Rostand, estrenada en 1930, dos años atrás.

           En Remordimiento, la muerte que desencadena la película queda planificada como un juego de espejos en un solo aunque impactante vistazo. La víctima es perfectamente intercambiable con el ejecutor, quien se considera y castiga a sí mismo como un asesino y que, por tanto, desde su firme sentido moral, desprecia la inmunidad para el homicidio que vilmente confiere el estado de guerra.

La expresión de sus ojos, el lenguaje de sus cuerpos, parece impulsarles más hacia el abrazo compasivo, triste y aterrado que al festejo de una baja enemiga. Ambos son, en definitiva, dos hombres jóvenes, apuestos, con el terror en los ojos y el rechazo de una batalla a la que se les ha llevado a empujones, sin razón alguna, despojados de su humanidad para reducirse a piezas de recambio en el engranaje bélico. Románticos, sensibles, amantes de la música. Con el futuro cercenado bajo la guillotina para que uno de los bandos brinde una victoria que, en realidad, no es más que volutas de humo sobre la cabeza coronada de los generales. Uno de ellos concluirá con su propia mano, compartiendo el punto de vista subjetivo de la cámara, la firma del otro, estampada en una carta que arremete desencantada y doliente contra la odiosa guerra.

           Lubitsch descerraja un planteamiento atronador, donde la desesperación moral del joven Paul Renard (Phillips Holmes) contrasta con el ruido de sables del alto mando enfundado en lustrosos trajes de parada que apenas finge rezar en la catedral, o con la legitimación de la muerte promulgada por otro alto poder, en este caso eclesiástico. Los pacientes del hospital donde se ruega silencio, enloquecidos por cicatrices internas e irreparables, frente a los desopilantes cañonazos que, paradójicamente, conmemoran (o amenazan) la paz. Los niños franceses que aprenden alemán y los jóvenes franceses que viajan a París a disfrutar de sus placeres frente a los ancianos que hablan de viejas y estúpidas disputas de lindes. La guerra que no se ha ido y que ya amenaza con retornar.

           Remordimiento habla de la esperanza en la reanudación de unas vidas interrumpidas por un conflicto insensato y despreciable del que nadie se libra de culpa y del que nadie sale indemne. Las conmovedoras autoacusaciones y lamentos del padre del soldado muerto recobran el urgente ardor antibélico que, después de aquella poderosa introducción, se había rebajado un par de grados para dibujar el necesario renacimiento de los personajes y, por ende, de los dos países implicados.

Los tonos sombríos predominan en esta infrecuente incursión trágica y melodramática de Lubitsch, autor para quien la comedia sería su terreno principal de acción, sobre todo en este periodo sonoro. No obstante, aún queda espacio para que, además de en esa citada apertura, su puesta en escena hable con idéntica elocuencia y, en algunos casos, con una malsana ironía –las indiscretas campanillas de las puertas que festonean el paseo de los jóvenes-.

           Los años han hecho su efecto sobre Remordimiento. Se intuyen los pasos de su discurso, condenado a repetirse por la ignominia de las generaciones venideras e incluso presentes. Pero, ¿cómo no expresarse a gritos claros y furiosos si, como advierte el protagonista, ya comenzaba entonces a hablarse de una nueva guerra? ¿Cuando, motivado por un odio atávico, todavía se aplaude rabioso el asesinato del prójimo por haber perpetuado con sangre sabe Dios qué disputa olvidada pero interminable?

A través del via crucis de Renard para rogar perdón a la familia de aquel a quien ha despojado de todo lo que tenía y de todo lo que podría haber tenido, Lubitsch sitúa a la vida como único remedio contra el reino de la muerte. La redención que intentan trazar sus protagonistas a los dos lados de la frontera dista mucho de ser como ellos la desearían. De ahí su verdadero valor, puesto que cada uno de ellos solo puede redimirse de manera indirecta, a través de la sanación emocional del otro, a priori sin la pureza de un perdón rotundo, diáfano.

           Ignorado por el público, Lubitsch se vería obligado a firmar una nueva obra en tiempos de una segunda gran guerra: Ser o no ser. En esta ocasión, su condición de comedia tampoco rebajaría la ferocidad de su discurso.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 8,5.

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14 comentarios to “Remordimiento”

  1. ALTAICA 6 febrero, 2015 a 01:29 #

    Es posible que el paso del tiempo haya hecho mella en la magistral película que nos ocupa. Es por ello por lo que en muchas ocasiones no quiero volver a visitar obras que quedaron marcadas en mi memoria cinéfila para siempre.

    Aún así, y tú puntuación lo indica, dudo mucho que una película de este calibre no sea capaz de regatear algunas inclemencias solo achacables a una especificación temporal, pues de otro modo seríamos demasiado severos e injustos.

    Siempre la tuve como una pieza angular en el género y siempre la seguiré teniendo, máxime cuando se configura como una rara avis en la obra fílmica de su autor. Nuevamente otra gran crónica del gran cine.

    • elcriticoabulico 6 febrero, 2015 a 17:09 #

      Eso es, esquiva con facilidad el paso del tiempo. No le afecta demasiado, sobre todo porque conserva todavía una fuerza enorme.

  2. plared 8 febrero, 2015 a 22:23 #

    Su mensaje antimilitarista, puede que este algo desfasado. Pero si te sirve altaica, nunca cae en le panfleto y es profundamente elegante. Una historia que en realidad daría para un dramon estilo Douglas Sirk. Pues termina siendo una elegante película antimilitar pero que huye de cualquier polémica y del drama facilon.

    Gran pelicula olvidada y hoy rescatada por nuestro joven amigo. Cuidaros y esta critica especialmente me ha gustado

  3. Francisco Martinez Vegazo 9 febrero, 2015 a 14:35 #

    Para mi, en su día, estaba por encima, al igual que Sin novedad en el frente y Rey y patria, de la afamada y maravillosa Senderos de gloria, que obviamente, sí que atesora una dosis de maniqueismo más evidente. Grandiosas películas.

    • elcriticoabulico 9 febrero, 2015 a 16:58 #

      Remordimiento me parece muy buena película pero, a falta de revisión, tengo todavía por encima a Sin novedad en el frente y Senderos de gloria. Y me da un montón de rabia no haber conseguido todavía Rey y patria ni por lo civil ni por lo criminal.

  4. ALTAICA 9 febrero, 2015 a 23:08 #

    La tienes en youtube subtitulada en español. Como ya he comentado en alguna ocasión, la obra de Kubrick es muy superior desde un punto de vista formal y técnico, pero me sigo quedando con el discurso y hondura de la obra de Losey, más que nada por ese evidente maniqueísmo de Senderos, donde todo está demasiado compensado a ambos lados y nada o muy poco en medio, sin negar la grandeza indiscutible de la obra, faltaría más.

    La película del cineasta perseguido en la época de la “caza de brujas”, tiene una cierta atmósfera pretérita, pobre, desnutrida (no me refiero al horror que cuenta, sino a sus medios y servidumbres) y expresionista que me gusta, pero también hay que decirlo un lastre teatral y de presupuesto obvio. Aún así, me parece más limpia, poderosa y trascendente. Pero, ¡ojo!, a todo el mundo le parece mejor la película del gran Kubrick y pocos ven esas evidencias en lo demagógico que yo sí observo.

    • elcriticoabulico 10 febrero, 2015 a 16:52 #

      Echaré un ojo entonces, que ya me han indicado dónde localizarla y está encargada. Las expectativas ya las llevo creadas.

  5. Francisco Martinez Vegazo 10 febrero, 2015 a 17:12 #

    Eso es malo, lo de las expectativas, pero … Piensa que tienes ya una formación cinéfila de tomo y lomo, y cualquier cosa que veas la mirarás con un grado de exigencia notable, máxime cuando se trata de películas renombradas, si bien la de Losey es muy, muy desconocida frente a una de las cumbres de Kubrick.

    Yo creo que conociéndote un poco, te gustará más la de Kubrick, que seguramente la viste cuando aún (no es que perdamos la capacidad de asombro) la mirada era más limpia. Un abrazo.

  6. plared 10 febrero, 2015 a 21:03 #

    La de Losey es bastante mas teatral y por que no decirlo, sucia y oscura. Aunque lejana a la grandiosidad de las escenas de la de kubrick y a esa lírica que le imprime. La de Losey es fria y lejana e ideologicamente bastante mas comprometida.

    Rodada en realidad de forma casi minimalista y realmente lenta y calmada. Aunque hay algunas escenas de una fuerza dramática impresionante. Atento al juicio a la rata y bueno, las dos son magnificas, pero me da que te quedaras con rey y patria…..

    • elcriticoabulico 11 febrero, 2015 a 00:47 #

      Pues ya tenemos apuestas tanto para una como para otra. De todas maneras, es difícil que Rey y patria supere al aprecio que tuve por Senderos de gloria cuando la vi por primera vez y consideré que era mi peli favorita de Kubrick. Que no es poco decir.

  7. ALTAICA 11 febrero, 2015 a 02:00 #

    Yo aún recuerdo la primera vez que vi Senderos de gloria en el cine, cuando aún era bastante joven, y en unión de dos cinéfilos de pro que me acompañaban, no tuvimos la más mínima piedad en destrozarla en cuanto a sus evidentes lastres demagógicos. Pasado el tiempo y vista en unas cuantas ocasiones más, las vehemencias iniciales fueron pasando a comprensión de una maravilla formal y de narrativa, sin que desaparezcan las lagunas a nivel de ese discurso en el que las tintas están demasiado marcadas, donde algunos personajes están en el límite de lo excesivo en lo dogmático y donde la sutileza en muchos momentos está ausente para dar paso a demasiadas evidencias en el discurso.

    • elcriticoabulico 11 febrero, 2015 a 17:16 #

      A mí entonces me pareció que el maniqueísmo era justificado e, incluso, necesario. Quizás cambie de opinión la próxima vez.

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