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El padrino

30 Ene

“Un hombre que no pasa tiempo con su familia, no es un hombre de verdad.”

Vito Corleone (El padrino)

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El padrino

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El Padrino

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Año: 1972.

Director: Francis Ford Coppola.

Reparto: Al Pacino, Marlon Brando, Robert Duvall, Diane KeatonJames Caan, Richard S. Castellano, Abe Vigoda, Richard Conte, Al Letteri, Sterling Hayden, John Cazale, Talia Shire, Gianni Russo, Simonetta Stefanelli, Lenny Montana.

Tráiler

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            Cuando uno, crítico amateur, se enfrenta a un icono como El padrino, quizás la película más célebre del séptimo arte, ¿qué debe hacer? ¿Tratar de forzar una mirada escéptica, encontrar cualquier mínima falta desapercibida para el común de los mortales y magnificarla con el fin de sacarlos de su triste inocencia? ¿Arremeter contra su popularidad? ¿Qué puede aportar el crítico aficionado acerca de una película sobre la que está todo dicho, sobre la que se publican monografías de toda clase y grosor?

Se podría recordar el arrojo y la afortunada megalomanía con los que el joven Francis Ford Coppola construía un mito; un referente no solo para el resto del cine de mafiosos, sino incluso para los aspirantes a mafiosos de la realidad exterior a la sala de cine. O la potencia y expresividad de un lenguaje clásico y moderno al mismo tiempo, germen de uno de los ejemplos más abrumadores del montaje paralelo, modelo ideal de desenlace catárquico y devastador. O la mutante caracterización de un Marlon Brando que construye y se adueña del personaje más célebre del cine, a la altura de su leyenda personal como actor, hibridados hasta fusionarse sin distinción el uno del otro. O la insondable mirada del emergente Al Pacino, cuando se dejaba dirigir y apostaba con acierto por una densa economía gestual para irradiar en pantalla multitud de sensaciones encontradas y eléctricas. O la luz y en especial la sombra de Gordon Willis, ‘el príncipe de las tinieblas’, transformada en un personaje más, capital en el transcurso del relato. O la partitura excelsamente autoplagiada de Nino Rota.

            En muy pocas ocasiones, los incontables aspectos técnicos, artísticos y argumentales que construyen una película se han amalgamado de manera tan completa y arrolladora. El padrino se aproxima milimétricamente a lo que uno considera el gran cine: la sublimación de un género popular hasta hacer de él Arte, con mayúsculas. Una obra maestra. La alquimia perfecta entre narración pura, estética visual y atractivo visceral. Filmes eternos, perdurables a través del tiempo y de los visionados. Tiempos modernos, Los siete samuráis, El buscavidas, El hombre que mató a Liberty Valance, Los profesionales, El hombre que pudo reinar, Blade Runner, Sin perdón. Clásicos inmortales, inmaculados.

Como todas ellas, El padrino consigue que uno, alérgico a los metrajes extensos, quede con ganas de más después de 175 minutos de apasionados y apasionantes fotogramas. Y como sucede con las grandes obras, cada vez que uno se acerca a ellas puede descubrir un nuevo matiz antes inadvertido, disfrutar de las dobleces que, como espectador, aparecen con el tiempo a partir de ese celuloide que se creía conocido como la palma de la mano. De primeras, uno queda fascinado por esa fantasía de poder que representa Vito Corleone. Más tarde, siempre consideré como una de las escenas más conmovedoras cuando juega con su nieto, en el otoño de sus días. Ahora, me enternece su sabiduría y su fragilidad como consigliere de su hijo Michael, al igual que me aterran las lágrimas que vierte al enterarse de quién ha realizado el trabajo sucio en cierto asesinato providencial en el devenir de la familia.

            Nunca he leído el original de Mario Puzo y, francamente, poco me interesa. Tengo entendido que la novela subraya la depravación de la historia mediante la abundancia de los escarceos sexuales, por lo que considero un acierto de Coppola la supresión casi total de esta vertiente morbosa. A lo largo de sus tramas principales –la guerra de una familia mafiosa por su supervivencia en unos tiempos volátiles, el ascenso al poder y el descenso a los infiernos de Michael Corleone, la crónica familiar paralela a la construcción de los Estados Unidos-, El padrino condensa un buen puñado de los grandes temas de la literatura y de la humanidad. El ejercicio del poder, el desacuerdo entre el idealismo y el ineludible pragmatismo, la discusión entre teleología y deontología, la causa y su efecto consecuente, el crimen y el castigo, la culpa y el remordimiento, la difícil conciliación entre razón y entrañas, el inexorable paso del tiempo, la fidelidad a la sangre, el hombre como animal político, la fractura entre sociedad contemporánea y los valores morales.

Cuestiones universales y enjundiosas a su vez guiadas con mano de hierro y guante de seda por una absorbente y sugestiva intriga que entronca con las esencias del noir para refundarlas y ensalzarlas un paso adelante, hasta una dimensión imitada hasta la saciedad, todavía por alcanzar.

Cine.

 

Nota IMDB: 9,2.

Nota FilmAffinity: 9,1.

Nota del blog: 10.

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