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Joven y bonita

25 Ene

“El sexo vende. Todos lo practicamos. O soñamos con ello. Da igual que sea de una serie de época, el tema sigue de actualidad.”

Michael Sheen

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Joven y bonita

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Joven y bonita.

Año: 2013.

Director: François Ozon.

Reparto: Marine Vacth, Géraldine Pailhas, Frédéric Pierrot, Fantin Ravat, Johan Leysen, Jeanne Ruff, Laurent Delbecque, Charlotte Rampling.

Tráiler

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            Joven y bonita abre sus fotogramas desde la perspectiva de un voyeur que observa desde la lejanía cómo la protagonista, la hermosa -aunque delgadísima- Isabelle (Marine Vacth), toma el sol en topless en una recóndita cala francesa. Una acusación directa al espectador masculino (y demás) al otro lado de la pantalla, partícipe en definitiva de esa compleja red íntima que atrapará a los personajes de la película en torno a la magnética belleza de la chica por medio de lazos de deseo, lujuria, amor o simple encantamiento estético.

            A pesar de que la película de François Ozon encuentra su hilo argumental en una adolescente que decide ejercer la prostitución, aquí no se asiste a una exploración sensacionalista del sexo prohibido como en la lamentable Melissa P. o a la aproximación también amarillista y pseudoerótica a los vericuetos de la prostitución de lujo de Diario de una ninfómana.

En Joven y bonita el dinero es una coartada para facilitar el trámite del encuentro sexual, mientras que el sexo en sí mismo es una manifestación del juego de poder entre géneros que Isabelle investiga y experimenta con fascinación de antropólogo. Es decir, como si una de las mujeres sicilianas de Pietro Germi hubiera decidido sobreponerse al yugo de sus admiradores/opresores masculinos –lo que en parte hará la adolescente de Divorcio a la italiana para labrar su ascenso social-.

            En su frialdad antirromántica, la protagonista evoluciona hasta convertirse por voluntad propia en un agente provocador empeñado en dinamitar sin piedad las hipócritas convenciones sociales y culturales con la que el ser humano constriñe su sexualidad natural o la emplea farisaicamente para diversos fines –la búsqueda del placer por el placer, el sometimiento y la represión patriarcal, la satisfacción del vicio del consumismo-, generalmente desligados, para decepción de la joven, de cualquier pretensión amorosa tradicional.

En este sentido, Ozon rueda las escenas de sexo de manera deliberadamente anodina, carentes de calidez emocional e incluso de sugestión erótica. La mejor muestra de ello es, por supuesto, ese acto torpe y desafortunado que es el primer polvo, materialización de la pérdida de la inocencia de Isabelle que, no obstante, no parecerá revestir mayor importancia que la de ese simbolismo atribuido comúnmente como rito de paso.

La claridad expresiva de la puesta en escena del cineasta contrasta con la hechizante neutralidad del rostro de Vacth, observadora rebelde, incomodadora y casi imparcial -sufre arrebatos de disfrute investigador, manifestados a través de música elevada que se corta de forma abrupta- del homo sapiens, criatura indisociablemente unida a su sexualidad.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

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