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Enemy

24 Ene

“En el mundo del cine, seguramente no hay nadie que resulte tan superfluo como el autor del libro original en el rodaje de la película basada en su texto.”

John le Carré

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Enemy

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enemy.

Año: 2013.

Director: Denis Villeneuve.

Reparto: Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent, Sarah Gadon, Isabella Rossellini.

Tráiler

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           Adaptar una novela-ensayo de José Saramago es una tarea que roza lo suicida. ¿Cómo plasmar en fotogramas esa permanente búsqueda existencial, lingüística, social, cultural e incluso política?

Los ejemplos precedentes –La balsa de piedra, A ciegas-, no salieron precisamente airosos de tan dificultoso lance, limitados a la extraña y alegórica epidermis argumental del ensayo sin apenas conseguir penetrar en la complejidad subyacente en su fondo. Enemy, aproximación a El hombre duplicado, una reflexión acerca de la naturaleza de la identidad del individuo, tampoco consigue profundizar más allá de ella.

           La película de Denis Villeneuve encuentra serios problemas para trascender la arquitectura superficial de su insólita trama –un apocado profesor de historia con problemas para establecer relaciones personales duraderas encuentra su doble en un actor de tercera categoría, crápula y a la espera de un hijo-, por mucho que así lo pretenda la gravedad de su banda sonora, el desolado filtro amarillento de la fotografía o los tics recurrentes de Jake Gyllenhaal.

           El guion del español Javier Gullón escarba sin fuerza el tema original del yo como fundamento del sujeto, sometido aquí a la amenaza de una disolución absoluta que, en consecuencia, se correspondería ineludiblemente con la disolución absoluta de la existencia de los protagonistas. Un proceso alienante incentivado además por las servidumbres que la sociedad contemporánea impone al hombre y donde la sobreinformación y la egolatría imperantes contribuyen paradójicamente a la sumisión y licuación de la identidad personal.

Más allá de las peligrosas fracturas abiertas por una hiperburocracia kafkiana, no hay más que observar los fenómenos virales que se imponen en las costumbres sociales, la evidente similitud de un muro de Facebook a otro o los fingimientos de la personalidad y el estado emocional que por lo general se manifiestan en ellos.

           La escasa incidencia metafísica de un filme anclado en la anécdota y no en el contenido provoca que Gyllenhaal, en su doble papel, quede reducido a un pelele paranoico que corre de un lado para otro porque hay un tipo que se le asemeja sospechosamente. La narración de Vileneuve remite, con menor intensidad, a la premisa del enemigo interior estelarizada por la filmografía del también canadiense David Cronenberg –aquel que despierta repentinamente en la vida del protagonista para ejercer sobre él una transformación traumática y decisiva-.

En este sentido, su desarrollo tiende a la composición de un tibio cuento moral sobre el combate íntimo entre el Bien y el Mal aparejado a la fantasía del cambio radical de vida que uno podría disfrutar con mayor fortuna en cintas como Una historia de violencia -la discusión y conciliación entre un despreciable yo pasado y un parcialmente impostado pero respetable yo presente-, aderezado en esta ocasión con pálidos simbolismos –las arañas- a propósito de esas redes tiránicas que la sociedad contemporánea tiende sobre la persona.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 5.

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