The Mad Ghoul

16 Ene

Después de resucitar una vez más al bueno de Boris Karloff, doctores locos y zombis melodramáticos para cerrar esta nueva sesión doble de terror de Atelier 13. En Cine Archivo.

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“No me río de los zombis. No son mentirosos ni tramposos.”

George A. Romero

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Tha Mad Ghoul

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The Mad Ghoul
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Año: 1943.

Director: James P. Hogan.

Reparto: David Bruce, George Zucco, Evelyn Ankers, Turhan Bey, Robert Armstrong.

Tráiler

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           Es frecuente que recaigan sobre él las iras de los cinéfilos, pero por una vez, la traducción española de un título original no podía estar más acertada. Los distribuidores españoles tuvieron a bien renombrar como El buitre humano a la película The Mad Ghoul –literalmente “El gul loco”, en referencia a una figura demoníaca y necrófaga de la mitología árabe, curiosamente más popular bajo esta dominación en el mundo anglosajón que en el mediterráneo-. En vista de los personajes que transitan por los fotogramas, uno no sabe si la mención a la rapaz carroñera se refiere al monstruo en cuestión –un hombre no se sabe si está vivo o muerto, pero sí controlado mentalmente para profanar sepulturas-, al científico enajenado que emplea como frío objeto de experimento el cuerpo de su mejor alumno y que además pretende depredar a su atractiva prometida; al amante de ésta, a quien le había presentado precisamente ese ingenuo novio, o incluso al periodista que acostumbra a resolver casos criminales pasando por encima de la investigación oficial.

           The Mad Ghoul es una iniciativa del productor de serie B Ben Pivar, especializado en la confección de secuelas, variaciones y saqueos de las películas de éxito en el género de terror, muchas de ellas relacionadas con un monstruo célebre, la momia: La mano de la momia, La tumba de la momia, El fantasma de la momia y La maldición de la momia. De esta manera, The Mad Ghoul -destinada a completar el programa doble que tenía como plato principal El hijo de Drácula, una nueva entrega de otra de las criaturas estelares de la Universal-, combina dos conceptos del prolífico cine de terror de la época: el del ‘mad doctor’ y el los zombis, entendidos como simples herramientas del mal privadas de voluntad. Una sencilla trama que, a través de estas dos líneas argumentales principales, se emparenta de uno u otro modo con precedentes como El doctor Frankenstein, La legión de los hombres sin alma, La rebelión de los zombis o El hombre que fabricaba monstruos, entre otros.

Como en la tercera de ellas, la reducción a simple carcasa manipulable de la víctima de turno se produce gracias a la acción de un gas, en esta ocasión diseñado a partir de investigaciones acerca de los rituales de sacrificio humano precolombino por el Doctor Morris (George Zucco, habitual en los papeles de villano), declarado por encima del bien y del mal en su condición de científico objetivo –hay que ver con qué desprecio aparta las coronas de flores de las tumbas-.

Esta excusa criptológica enciende una explosiva fórmula que funde melodramáticamente la ciencia ficción y el romance más tormentoso una vez se desvelan las vulgares intenciones del doctor de acechar a la fémina; vértice superior del triángulo amoroso que cierra su legítimo prometido, zombificado en periodos inconstantes de tiempo como un Mr. Hide involuntario, y que posteriormente pasará a convertirse en una disputa romántica a cuatro bandas con la aparición del pianista y verdadero amor de la chica. No por nada, el doctor Morris, poseído por la teatral y característica mirada desorbitada de Zucco, observa con la misma delectación sensitiva la extracción del corazón de los cadáveres –o de algún despistado transeúnte, según la suerte de la expedición- que el escote de la rubia cantante encarnada por Evelyn Ankers –y doblada musicalmente por la actriz Lilliam Cornell-, actriz que luce en su historial de ‘scream queen’ producciones como El Hombre Lobo, El fantasma de Frankenstein o La venganza del hombre invisible.

           En realidad, este endeble triángulo solo tiene la finalidad de embarcar a científico y criatura en un viaje poco justificado a lo largo de las ciudades donde actuará la desafortunada muchacha y, por tanto, facilitar descuidadamente una serie de pistas a sus torpes perseguidores. No son precisamente inteligentes los personajes, obviamente herederos de un guion que tampoco lo es. De hecho, los agujeros de lógica y las contradicciones abundan, por lo cual solo se agradece que el ritmo de la narración que James P. Hogan imprime a su obra póstuma sea lo bastante fluido para entretener la atención en un relato asequible por conocido y, por lo general, fácil también de intuir.

Cuenta entre sus méritos los esfuerzos del maquillaje de un artesano, Jack Pierce, al que no acostumbra a acompañarle el renombre que debiera y ameritada por su participación en los clásicos básicos del terror Drácula, El doctor Frankenstein, La momia, El Hombre Lobo, El hombre invisible o la ya aludida La legión de los hombres sin alma, cinta fundacional del fenómeno zombi.

 

Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 5.

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