El resucitado

14 Ene

Boris Karloff vuelve a casa… solo para que le entierren una vez más. El resucitado, parte de una nueva entrega doble de Atelier 13 en Cine Archivo.

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“Mi mujer tiene buen gusto. Ha visto muy pocas de mis películas.”

Boris Karloff

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El resucitado

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El resucitado.

Año: 1933.

Director: T. Hayes Hunter.

Reparto: Boris Karloff, Dorothy Hyson, Anthony Bushell, Ernest Thesiger, Cedric Hardwicke, Kathleen Harrison, Harold Huth, D.A. Clarke-Smith, Ralph Richardson.

Tráiler

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           Michael Balcon tenía olfato para el séptimo arte. Mandamás  de la Gaumont British Picture Corporation desde que en 1927 adquiriera la inglesa Gainsbororugh, de la que era socio fundador, ya en los años veinte había enviado al prometedor escenarista y ayudante de dirección Alfred Hitchcock a los estudios alemanes de la UFA para incentivar esa formación técnica y narrativa que acabaría gestando al más reconocido maestro del suspense de la historia del cine. A comienzos de los años treinta, Balcon había observado el creciente tirón popular del ‘shocker’ –macabras películas criminales extraídas de novelas de las dos décadas precedentes-, así como el éxito de los monstruos de la Universal hollywoodiense, sin embargo prohibidos en buena medida por los organismos censores del país amparados en la calificación H (de “horrific”), de nuevo cuño, con el fin de desarticular su posible influencia nociva sobre los espectadores infantiles, adolescentes o simplemente sensibles.

Desafiando pues a la censura y confiado en su visión comercial y cinematográfica, Balcon apostaría por crear la primera película sonora de terror puro con sello británico, El resucitado, si bien el peso del cine internacional acabaría siendo preeminente en ella. En primer lugar, para encabezar los títulos de la producción, Balcon repatriaría a la estrella de la Universal, Boris Karloff, aprovechando su descontento con la productora norteamericana y su negativa a participar en el rodaje de El hombre invisible. Además, encargaría las labores de dirección al estadounidense T. Hayes Hunter, establecido en las islas como especialista en la traslación a la gran pantalla de los libros de Edgar Wallace, el principal literato de este subgénero ‘shocker’ antes citado. La más conocida de las tres muestras de esta unión intertextual –completada con The Calendar y White Face– era The Frightened Lady, cinta en la cual, precisamente, el ‘shocker’ se adentraba en terrenos conceptuales y expresivos muy próximos a los que caracterizaban las famosas series de la Universal. Pero, en el que supondrá el mayor acierto del proyecto, Balcon aprovecharía sus contactos en Alemania para reclutar al escenógrafo Alfred Junge, al fotógrafo Günter Krampf y al maquillador Heinrich Heitfeld.

Son esencialmente los dos primeros quienes configuran la tétrica atmósfera del filme, armada a partir del claustrofóbico escenario propuesto por Junge -luego habitual colaborador de tipos estéticamente tan refinados como Michael Powell y Emeric Pressburgery de los juegos pictóricos con las sombras que favorece el hermoso blanco y negro de los fotogramas de Krampf –pese a sus raíces laborales, Krampf no contaba no obstante con gran experiencia en el expresionismo alemán, donde solo había participado en Nosferatu, en funciones de camarógrafo sin acreditar, y en El estudiante de Praga-. De la misma manera, la desopilante caracterización de Karloff, ideada por Heitfield, servirá para conservar en la memoria colectiva un filme que permanecería desaparecido cuarenta años hasta su redescubrimiento en la Checoslovaquia comunista en 1969, incompleto y en mal estado, y de otra copia en mejores condiciones en un almacén abandonado de los estudios Shepperton, ya en 1980.

           Y es que la ambientación y la sugerente calidad estética de la obra son ampliamente superiores a las posibilidades del argumento. El relato contiene varios elementos de una de las películas más recientes y exitosas de Karloff, La momia. El resucitado encuentra el leit-motiv de su trama en el cliché del hombre retornado de entre los muertos, envuelto como aquella en un misterio criptológico relacionado con la egiptología, rama arqueológica que ejercía una enorme fascinación sobre el público a causa de acontecimientos como la muerte en un escueto periodo de años de un buen número los científicos relacionados con la violación de la tumba de Tutankhamon. Ya se sabe: si entierra a Boris Karloff, entiérrelo dos veces. Aparte de las pretéritas El doctor FrankensteinLa momia, el actor revivirá de nuevo en Los muertos andanEl hombre que trocó su menteLa hora fatal (La venganza del ahorcado)La isla de los resucitadosEl mago de la muerteViernes 13 (Black Friday) y Más allá de la tumba.

No obstante, dicha excusa de ultratumba acaba reducida a simple macguffin para dejar paso a un juego del gato y el ratón en el que una serie de turbios personajes –al igual que ocurre con el excesivamente grotesco arqueólogo, el maquillaje dota a cada uno de ellos un aspecto inquietante, sea el betún del turco, la cojera del sirviente, las ojeras del abogado o el aspecto de playboy de medio pelo del árabe- se disputan la posesión de una valiosísima joya para confusión de los herederos del presunto finado, compuestos por una pareja de primos enemistados a causa de una broma navideña y su acompañante, una amiga solterona y despistada.

            Como se colige de esta descripción de caracteres, desde un comienzo de solemne y legítimo terror, ensalzado por la gratificante puesta en escena y subrayado por la épica pagana de La marcha fúnebre de Sigfrido y el resto de composiciones de Richard Wagner que dominan la banda sonora, el metraje se desvía poco a poco hacia una comedia de misterio que recuerda a un capítulo de Scooby-Doo por el extravagante grupo de estereotipos que concita en torno al enigma, la candidez de sus gags y sus insuficientes conclusiones racionalistas que propone para la resolución del asunto –rasgos humorísticos que, por cierto, se acentuarán en el remake, What a Carve Up!, todavía más alejado del original de Frank King-. Se agradece en cualquier caso ciertos hallazgos, producto la fina y descreída ironía inglesa, que atacan la religiosidad sin miramientos: el delirio pagano del protagonista acaba igualado a la realidad del joven sacerdote cristiano interpretado por Ralph Richardson, debutante en pantalla.

           Gracias a una astuta promoción, El resucitado sortearía los impedimentos de la censura británica y cosecharía unos notables resultados en taquilla, al contrario de lo que sucedería en Estados Unidos, donde la crítica norteamericana arremetería encarnizadamente contra ella. En la actualidad, goza de un considerable prestigio por su importancia en la evolución del género de terror en el contexto de la industria británica.

 

Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 4,9.

Nota del blog: 5,5.

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4 comentarios to “El resucitado”

  1. Dessjuest 14 enero, 2015 a 20:35 #

    Un respeto a Shaggy

    Ay los jóvenes, no respetáis los mitos 🙂

  2. plared 29 enero, 2015 a 21:26 #

    Esta muy desfasada. Ese es su gran problema. No su calidad, si su desfase. Cuidate

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