Archivo | 15:51

Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)

13 Ene

“Estoy absolutamente convencido de que la fama y el dinero son valores intrascendentes. Pasa que claro, nos los describen con un peso tan significativo que parecería imposible resistirse a valorarlos.”

Marcelo Bielsa

.

.

Birdman

o (la inesperada virtud de la ignorancia)

.

Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)

.

Año: 2014.

Director: Alejandro González Iñárritu.

Reparto: Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Naomi Watts, Andrea Riseborough, Zach Galifianakis, Amy Ryan, Lindsay Duncan.

Tráiler

.

           Lo que más temía el alter ego de Robin Wright en la reciente El congreso es que, después de vender sus derechos de imagen a la industria, ésta fuera empleada para rodar porno o películas de ciencia ficción, por insustanciales y tópicas. A la espera del estreno en España de la vitriólica Maps to the Stars, Alejandro González Iñárritu escribe la penúltima indagación en la figura de la estrella de cine alienada. Y en esta ocasión, su derrota está propiciada paradójicamente por la popularidad que, precisamente, le había conferido un par de décadas atrás la superficial y automatizada ciencia ficción gracias a su papel del superhéroe Birdman.

Si otro alter ego actoral, ésta vez el de Joaquin Phoenix en I’m Still Here, optaba por alejarse de la falsa gloria de Hollywood y realizarse mediante una ficticia carrera en el hip-hop, el Riggan Thomson de Birdman (Michael Keaton) escoge adaptar a las prestigiosas tablas de Broadway la novela De qué hablamos cuando hablamos de amor, de Raymond Carver, con el objetivo de ensayar una suicida segunda oportunidad tan pretenciosa como desorientada y, para su desgracia, siempre con idéntico patetismo al que impostaba Phoenix en su broma particular.

           Haciendo caso a las alborotadas declamaciones de Thomson a uno y otro lado del telón, sus ambiciones gravitan entorno a una redención artística que, en realidad, parece corresponderse con una redención afectiva, pues su profundo descalabro existencial comprende ambos campos –su hija desatendida y recién salida de rehabilitación, su divorcio e infidelidades recurrentes, la fragilidad de su nueva relación-.

Observando en cambio el claustrofóbico escenario por el que deambula Thomson en su progresiva descomposición, sus rotundas afirmaciones y sus continuas preguntas acerca de qué es el amor (y cómo o de quién conseguirlo) zozobran en un mar de torvas incertidumbres que ponen en duda la honestidad de su reencuentro consigo mismo y hasta su estabilidad mental presente y futura, embarcándole como capitán en un navío a la deriva en medio de la tormenta.

           Con una entonada puesta en escena, el realizador mexicano encierra al angustiado protagonista en un laberinto de pasillos tan vacíos como su propia vida y tan angostos como las supuestas vías de escape que persigue; en una sucesión de camerinos tan destartalados como su improbable renacimiento, todos ellos embadurnados por una música anárquica, casi inarmónica, y los sombríos fotogramas de Emmanuel Lubezki. Un espacio asfixiante y agonizante que, además, impulsa su entrada en barrena tras cruzarse y combatir en él a buena parte de los males de este (y otros) arte(s): Hollywood como gran burdel, la dicotomía entre popularidad y prestigio, la vacuidad y las servidumbres de la fama, la necesidad de reconocimiento como droga, el terror al fracaso, la soledad del ídolo y la fractura emocional con su entorno, las puñaladas y rivalidades entre bambalinas, la sociedad embrutecida por la viralidad y los 140 caracteres, la banalidad del mal de los críticos,….

Ante la desvencijada galería de personajes que pululan por el relato y empleado en funciones de doble portavoz la personalidad escindida de Riggan Thomson –ávido de afecto y consuelo artístico- y del fantasioso Birdman -al mismo tiempo conciencia, consejero y torturador del actor, manifestación de su materialismo más prosaico-, el filme, furibundo y radical, arremete por igual contra el cine basura de Hollywood y, en una especie de reivindicación que recuerda por momentos y a su manera al de Los viajes de Sullivan, contra el esnobismo cultural.

           Iñárritu -que como insinúan algunos de estos mimbres se encontraba a buen seguro dolorido por la (merecida) mala acogida de su anterior proyecto, Biutiful-, se alía en su arriesgada y cruel comedia negra con dos actores que comparten rasgos biográficos con sus criaturas: Keaton, el primer Batman de los noventa y ahora semidesaparecido; Norton, intérprete de métodos puntillosos. Ayudado también por ese equipo de guionistas que tanto echaba en falta Biutiful, el director azteca toma aire y recupera la cordura en su carrera, lo que le permite descerrajar una obra compensada en la combinación de un argumento contundente pero sin pegotes tremendistas y una exhibición de músculo en la narración visual.

Birdman se articula a través de dilatados planos secuencia, encadenados en una ilusión de continuidad que, aparte de ofrecer un alarde de técnica, contribuyen a escenificar con rotundidad el contexto emocional y profesional del decadente Thomson, así como sofocante ritmo al que se desarrolla su abalanzamiento hacia la salvación o la debacle definitivas. A que palpite su miedo y su desesperación. La talentosa inserción de las elipsis, ese trabajo de guion y la implicación del reparto favorecen que la forma no devore al fondo, que la película no pierda fuelle como entretenimiento y que la sátira no vaya dejándose demasiada energía por entre las dos horas de metraje.

 

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7,5.

A %d blogueros les gusta esto: