La imagen perdida

11 Ene

“El cine no puede ser capaz de cambiar el mundo tal como es, pero seguramente ha cambiado la manera en que la humanidad mira el mundo y reflexiona sobre sí misma. Ello quiere decir que después de la invención del cine el hombre nunca será el mismo.”

Carlos Diegues

.

.

La imagen perdida

.

La imagen perdida.

Año: 2013.

Director: Rithy Panh.

Tráiler

.

          El Ministerio de la Verdad de 1984 modificaba continuamente el conocimiento de la Historia –y por tanto la Historia- de acuerdo a los intereses del poder totalitario dominante. Pero no hace falta adentrarse en la referencial distopía de George Orwell para constatar que la Historia oficial es un constructo que, en esencia, se conforma más o menos artificialmente con el objetivo de legitimar un status quo y unos intereses privilegiados concretos, ya sean de orden cultural, ideológico, económico, etcétera.

De ahí que, para tal fin, esa historiografía oficial acostumbre a emplear dos recursos de control: el conocimiento acondicionado o, directamente, el olvido. La supresión de una verdad. No es casual el enconado rechazo de la Ley de Memoria Histórica por un determinado espectro político.

          La imagen perdida es una obra con la que Rithy Panh –prisionero en su infancia en los campos de reeducación y trabajo de los jemeres rojos camboyanos y de su atroz proceso de deshumanización- aspira a exorcizar sus demonios íntimos y, al mismo tiempo, una indagación acerca de la construcción del relato histórico, de la positiva o negativa utilización del cine para esta creación de la verdad –en otro documental reciente, The Act of Killing, los asesinos solo tomaban conciencia de la realidad de sus crímenes cuando los medían desde la ficción cinematográfica- y, sobre todo, de la necesidad colectiva y personal de la memoria.

El valor social del recuerdo y la importancia de conceder voz a la víctima que, expone Panh, resulta imprescindible para tomar consciencia del horror -la formulación de acusaciones, el altavoz ante el silenciamiento- y obrar en consecuencia –recuerden Los gritos del silencio, donde la barbarie solo podía comunicarse al mundo si era intermediada por un occidental-. Pero el filme erige también al recuerdo como elemento fundamental desde un plano privado, ya que compone el asidero que permite al ser humano conservar su integridad moral y emocional como tal ser humano –la imposibilidad de borrar una imagen mental, por mucho que así lo deseasen los totalitarismos-.

          De este modo, el testimonio autobiográfico de Panh conjuga una pavorosa denuncia contra el totalitarismo camboyano –aplicable a cualquier otro, por supuesto- con la reflexión metacinematográfica, histórica y humanística. Dada la incertidumbre que supone la apuesta por la esperanza, la transmisión del relato, la pervivencia de este mensaje, ocupa el centro y el sentido global de la obra, menos interesada por tanto en el análisis de la política del régimen –si realmente la hubiere- y el contexto circundante a ella.

La primera persona de Panh, materializada en la voz en off y su propia figura de arcilla, no es neutral, ni quiere serlo, ni debe serlo como plasmación que es de una experiencia individual desde la que dibujar, al menos, un fragmento acallado o desapercibido de aquel trauma, a la espera de que se le sumen otros muchos.

El uso de figuritas de barro para representar la sinrazón del conflicto camboyano, intercaladas dentro de un terrible diálogo con filmaciones propagandísticas y siniestros coros de consignas políticas, ofrece un desolador contraste entre la apariencia inocente de la recreación y la desgarradora brutalidad que escenifica. Una decisión estética que, además, sirve para erradicar el voyeurismo morboso del horror y concentrar la fuerza en la emanación humana de los fotogramas, la narración y las ideas subyacentes en él.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8.

Anuncios

6 comentarios to “La imagen perdida”

  1. Javier Rueda 11 enero, 2015 a 20:18 #

    Olé, Bravo y Gracias. Por ese orden.

  2. Anne Friesner 11 enero, 2015 a 21:06 #

    En serio, me encantan tus críticas y como las expresas!!! Abrazotes!!! 🙂

  3. Hildy Johnson 11 enero, 2015 a 21:55 #

    Me pareció uno de los documentales más estremecedores que se han estrenado este año (de los que he podido ver, claro) y que además da una posible respuesta a un tema complejo: ¿cómo narrar o contar el horror? ¿Cómo reflejarlo? Panh emplea su voz y las figuritas de barro… y el relato es impactante y fuerte. Al leer tu crítica, hablas de otro documental duro que toma otro camino para contar el horror, The act of killing, me pareció brutal. Así creo que ambos formarían una interesante sesión doble.

    Besos y un placer leerte
    Hildy

    • elcriticoabulico 12 enero, 2015 a 15:18 #

      Es más impactante porque no se limita a mostrar imágenes atroces para generar un espectáculo del horror, sino que concentra su poder en la transmisión de un mensaje capital. Y sí, en doble sesión con The Act of Killing le debe de dejar a uno planchado en la butaca y con buenas dudas acerca del ser humano…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: