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Jauja

6 Ene

“El cine es un misterio. Es un misterio para el propio director. El resultado, el film acabado, debe ser siempre un misterio para el director, de otra forma no sería interesante.” 

Andrei Tarkovsky

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Jauja

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Jauja.

Año: 2014.

Director: Lisandro Alonso.

Reparto: Viggo Mortensen, Viilbjørk Malling Agger, Diego Román, Ghita Nørby, Mariano Arce, Misael Saavedra, Adrián Fondari.

Tráiler

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           En el pase de prensa de Jauja para los periodistas argentinos, los distribuidores olvidaron incluir los subtítulos para los segmentos hablados en danés y que principalmente protagoniza Viggo Mortensen. Los presentes obviaron el error hasta una conversación de unos diez minutos situada al final del metraje, íntegramente en el idioma nórdico y de aspecto decisivo para esclarecer el significado de la obra. Mortensen, asistente al evento, hubo de pedir disculpas, advertir de que la omisión no era voluntaria y anunciar que se volvería a reproducir el filme desde ese preciso instante. A modo de sentencia, el actor descerrajó sin pelos en la lengua que, de todas maneras, “con subtítulos tampoco se entiende una mierda”.

           Efectivamente, a un servidor le resulta complicado descifrar qué quiere contar Lisandro Alonso en Jauja, si es que acaso desea contar algo. El argumento sitúa a un capitán danés (Mortensen, muy implicado en la producción, algo desorientado en la interpretación) y a su hija en la inmensidad desértica de la Patagonia, envueltos en unas razones que permanecen ocultas en el enigma y reducidos al absurdo por una naturaleza prodigiosa y sobrecogedora, así como por la patética incomunicación que domina esa expedición babélica perdida en la nada y condenada de antemano, sean cuales sean sus intenciones.

           El minimalismo y la abstracción de su argumento, determinado por la fuga de la muchacha con un joven soldado y su búsqueda por parte del padre, provocan que resuenen sobre el escenario ciertos ecos de Aguirre, la cólera de Dios –la persecución alucinada e irracional de El Dorado, aquí supuestamente de Jauja, indica la introducción-, y también de los acid-western de Monte Hellman o de la literatura de Joseph Conrad -la inmersión en una especie de purgatorio irreal indirectamente guiada por la figura casi sobrenatural, fantasmagórica y siempre latente del renegado Zuluaga y su ejército de indígenas, quien podría emparentarse con del Kurtz de El corazón de las tinieblas y Apocalypse Now.

           Abandonándose a un esteticismo telúrico un tanto plastificado e incluso de aspecto artificioso en ciertas escenas, Alonso trata de inducir la hipnosis del espectador para que se embarque en el viaje sin rumbo del militar danés, enmarcado en fotogramas que recuerdan a las fotografías de principio de siglo por su composición y sus esquinas redondeadas.

Sin embargo, esa trama conceptual con giros surrealistas no sería una puerta de acceso a una indagación metafísica –o, si lo es, no consigue su propósito en caso del que suscribe-, sino que más bien parece envolver el vacío en una aparatosa pretenciosidad, engoladamente inaccesible, que en el fondo poco o nada tiene que decir, entregándose por completo a la supuesta sugerencia sensitiva y subconsciente de sus imágenes.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

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