Dos días, una noche

5 Ene

“Se vaticinó que habría una enorme crisis mundial y que los trabajadores tendrían que pagarlo. Y eso es exactamente lo que ha pasado. Los márgenes de beneficio de los empresarios han disminuido, y estos han reducido el empleo.”

Ken Loach                                             
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Dos días, una noche

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Dos días, una noche.

Año: 2014.

Directores: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne.

Reparto: Marion Cotillard, Fabrizio Rongione, Catherine Salée, Christelle Cornil, Timur Magomedgadzhiev, Olivier Gourmet.

Tráiler

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           Al contrario de lo que pueda sugerir la propaganda adversa, el poder económico no es un ente simple e ignorante, sino que actúa con calculada astucia porque, además, es consciente de que juega la partida con mucha ventaja. Como puede observarse en el mercado laboral actual, una de sus herramientas más exitosas pasa por haber convertido cualquier amago de la utópica lucha de clases comunista en un concepto caduco, transformándolo en cambio en una lucha intestina en la que el propio proletariado se descompone bajo el imperativo de la competitividad. Desde América, paciente cero de este violento sistema económico-laboral, ya se advertía la deriva en filmes como Glengarry Glen Rose (Éxito a cualquier precio); en España, en cintas como El método.

Es, en resumen, la subasta de uno mismo en detrimento del prójimo, dentro de una rifa donde también se cruzan justificaciones y acusaciones falaces aunque inculcadas a conciencia como el “es lo que hay” o el inefable “vivieron por encima de sus posibilidades”.

           Paladines del cine social europeo y de la conciencia crítica del pensamiento humanista ya desde los teóricamente boyantes años noventa, Jean-Pierre y Luc Dardenne recogen en Dos días, una noche un ejemplo de esta crisis económica convertida en un enfrentamiento intestino entre trabajadores: el análisis de un monstruoso problema macroeconómico desde el punto de vista de la víctima real, anónima e indefectiblemente ignorada.

Entonces, Dos días y una noche dibuja un fresco sobre la situación de la clase proletaria del continente a partir de la odisea de Sandra (Marion Cotillard, elección atípica de unos cineastas que no acostumbran a decantarse por interpretes cotizados), empleada de una pequeña compañía de instalación de placas solares y con el plazo de un fin de semana para convencer a sus compañeros de que voten por evitar su despido a cambio de renunciar a sus primas salariales de 1.000 euros.

           El dilema de origen quizás no sea la manera más refinada de exponer el conflicto, al igual que la melodramática amenaza de la depresión psicológica que se cierne sobre la mujer –si bien introduce el aspecto de la vulnerabilidad del trabajador y la insolidaridad predominante-. Pero a fin de cuentas se revela como una estrategia útil y, lo que es más importante, verosímil respecto del propósito de hacer aflorar los distintos retazos y perspectivas de cada personaje entrevistado por la protagonista, cada uno de ellos dueño de sus propios motivos y dramas privados.

El juego de razonamiento y persuasión -en parte semejante al de otro juicio comprometido, el de Doce hombres sin piedad, se encuentra barnizado de una incómoda pátina de desesperación cotidiana, derivada de la constatación del feroz y amoral individualismo que fomenta la estructura capitalista hegemónica y de la consecuente pérdida de dignidad del ser humano sometido a la gélida dictadura de la cifra y el balance de beneficios (empresarial o personal).

          Los trágicos vaivenes entre esperanza y desilusión que sufre la mujer, hecha carne por la rotunda interpretación de Cotillard, perturban y conmueven por cercanos y reconocibles, aunque las conclusiones del discurso merecían más finura en su exposición. El relato goza de la sencillez y la claridad expresiva característica de los cineastas belgas, amparados en ese naturalismo de apariencia inmediata, sin mayores pretensiones formales que puedan distraer la atención de la cuestión mollar que plantean en el argumento.

En este caso, una cuestión fundamental para la sociedad contemporánea y que exige el retorno de la conciencia y la vuelta del vilipendiado idealismo con el objetivo de revertir un desastre humano que quién sabe si todavía tiene visos de reparación.

          Redonda o no, Dos días, una noche es una película siempre necesaria.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

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4 comentarios to “Dos días, una noche”

  1. pantalladesombras 6 enero, 2015 a 00:40 #

    ¡Qué casualidad! Justo ayer publiqué una crítica de esta película en mi blog: http://pantalladesombras.wordpress.com/2015/01/04/deux-jours-une-nuit-2014-jean-pierre-dardenne-luc-dardenne/
    A mí también me recordó un poco a “Doce hombres sin piedad” y, sobre todo, a “Ladrón de bicicletas”. Una estupenda película, no esperaba menos de los hermanos Dardenne.
    Buena crítica. Un saludo.

  2. Hildy Johnson 6 enero, 2015 a 10:53 #

    Totalmente de acuerdo, crítico abúlico, de que es una película necesaria y he disfrutado con tu lectura y mirada de la película. A mí los hermanos Dardenne me llegan. Desde que vi ROSETTA en el cine no les he abandonado porque me parecen dos realizadores que tienen una manera ‘especial’ de plasmar la realidad que les rodea. De ‘leer’ a los hombres y mujeres que se encuentran en situaciones sociales, políticas y morales difíciles. El cine de los Dardenne consigue removerme. Su visión del mundo empezó sobrecogiéndome… aunque siempre (y más últimamente… desde ese cuento tan real como es EL NIÑO DE LA BICICLETA… después de que descendieron a los infiernos en la buenísima -para mí- EL SILENCIO DE LORNA) deja una puerta abierta para sus protagonistas.

    Besos
    Hildy

    • elcriticoabulico 6 enero, 2015 a 16:50 #

      Consigue removernos porque son discursos legítimos, bien pensados y que no suelen abalanzarse gratuitamente en el maniqueísmo o el buenismo. Como digo en el comentario anterior, son gente a la que se debe escuchar en estos tiempos.

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