Boyhood (Momentos de una vida)

31 Dic

“El cine no es un arte que filma la vida. El cine está entre el arte y la vida.”

Jean-Luc Godard

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Boyhood (Momentos de una vida)

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Boyhood (Momentos de una vida).

Año: 2014.

Director: Richard Linklater.

Reparto: Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Lorelei Linklater, Ethan Hawke, Marco Perella, Brad Hawkins, Jenni Tooley, Zoe Graham.

Tráiler

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            En su vertiente autoral, Richard Linklater ya avanzaba esa vocación de cronista a través de testamentos generacionales como Slacker y Movida del 76 o trazando el nacimiento, desarrollo y agonía del romance platónico en su trilogía más célebre, compuesta por Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer. Son obras repletas de reflexiones acerca del devenir de la vida, formuladas por una galería de personajes heterogéneos encargados de componer ante el objetivo una visión particular y caleidoscópica pero que, sin embargo, suelen coincidir en mostrar cierta desorientación a propósito de las incógnitas que plantea futuro, las cuales afrontan en general por medio de la improvisación instintiva, quién sabe si acertada o no.

            Este maremágnum de inquietudes y ambiciones artísticas y filosóficas se condensa en Boyhood (Momentos de una vida), una película filmada a lo largo de doce años y que captura el proceso de crecimiento y maduración de un niño texano de siete años (Ellar Coltrane) que comparte rasgos biográficos con Linklater –la localización, el divorcio, el empleo paterno-, si bien, al mismo tiempo, fruto de este insólito sistema de producción –basado en el rodaje anual de unos 10 o 15 minutos de película-, desnuda ante la cámara su propia experiencia natural.

            Boyhood, como en la existencia misma, se compone de un cúmulo de instantes que, independientemente de su relevancia biográfica o de su mayor o menor impacto emocional, van sumando capas a la identidad del protagonista. El descubrimiento del amor y el odio de entre las personas más cercanas, la intuición de la muerte y el sexo, la experimentación y el juego, la ilusión y la decepción, la ganancia y la pérdida sentimental,… Retazos de emociones y vivencias disgregados que, inaprensiblemente, conforman la tupida malla intelectual y afectiva que constituye la intimidad de un individuo.

En este sentido, Boyhood equivale a ojear los viejos álbumes de fotos una tarde nostálgica de domingo. Uno puede reavivar tenuemente las brasas del pasado, repasar las huellas biológicas innatas y la adquisición de comportamientos y actitudes que permanecerán impresos en la carne y en la sangre hasta la muerte.

            Pero, a su vez, en su aspecto a mi juicio más satisfactorio –no es Boyhood la película en la que más fielmente haya sentido reflejada mi infancia o que me haya hecho retrotraerme a ella con mayor exactitud-, el filme arroja preguntas y dudas existenciales para las que no tiene respuesta. Y así lo reconoce, más allá de que sus personajes lo acepten de mejor o peor grado –las alegorías beatlemaníacas del padre, la desesperación del nido vacío de la madre-. Basta con contemplar la evolución física y mental de los chavales para constatar lo dolorosamente inaprensible del tiempo. El tempus fugit. Crecen muy deprisa, insistirá en advertirle a uno cualquier padre que se precie –y que probablemente albergará otro factor privado más para disfrutar la propuesta-.

En media hora, siempre demasiado corta, siempre demasiado fugaz -quizás incluso dentro del tempo interno de la película-, Coltrane atraviesa la infancia para adentrarse en los asfixiantes vericuetos de la adolescencia, de los cuales siempre es complicado salir impune, y afrontar una madurez que, en vista de los ejemplos del entorno, zarandeados por la incertidumbre constante que sirve como definición de la vida, parece reducirse a simple etiqueta de catalogación.

            A pesar de que Linklater juega alguna carta melodramática –el alcoholismo-, es en la ausencia de dramatización explícita donde Boyhood resulta más reconocible y conmovedora –la complicidad con los familiares, los descubrimientos autodidactas, la ausencia de certezas-.

Es ahí cuando, después de compartir esa mirada atrás de álbum fotográfico, a uno le sobreviene la sensación de envejecimiento irreparable. Esa sensación de que parece que no nos ocurre nada mientras, en realidad, nos está ocurriendo todo. De que, como dice un personaje, son los instantes los que le atrapan a uno sin remedio y no al revés, con toda su carga de alegrías, lamentaciones, heroicidades mínimas y humillaciones absurdas, aprendizajes y desasosiegos, desafíos y sueños. La sensación de que la vida –el metraje-, se nos escapa entre los dedos.

 

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8,5.

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6 comentarios to “Boyhood (Momentos de una vida)”

  1. Eleazar 31 diciembre, 2014 a 17:50 #

    El último párrafo que escribes es magistral. Te ha quedado redondo. Efectivamente, son los instantes, con su diferente carga y cromatismo, los que nos atrapan. Creo que no es inteligente pensar que tenemos pleno dominio sobre el tiempo; como dices, “tempus fugit”. Aun a riesgo de que podamos sentirnos vacíos porque todo se nos escapa.

    • elcriticoabulico 31 diciembre, 2014 a 21:55 #

      ¡Gracias de nuevo! Lo cierto es que la idea de que son los momentos los que le atrapan a uno está tomada literalmente de la película, de una reflexión que hace el protagonista y que condensa con precisión en sentido de la obra. Ese tempus fugit, ver cómo esos chavales recorren la vida en un instante, dejando atrás tantas experiencias, es lo que verdaderamente me deja noqueado de Boyhood… Me pone en contacto con mi propio envejecimiento, lo que, en definitiva, me resulta una sensación agridulce. Tienes razón en eso de aprender a saber que no dominamos el curso de la vida, como también es necesario aprender a conservar todos los retazos de experiencias y de tiempo que nos sea posible.

  2. Sergio Sánchez 2 enero, 2015 a 22:20 #

    Hay cosas que me gustan más y cosas que me gustan menos. Bueno, ahora no viene mucho al caso porque la vi en septiembre y no la tengo muy fresca para abundar en ella, pero hay algo que me entusiasma en “Boyhood” que es ese documental en segundo plano que ha pasado tan desapercibido que hace un director sobre el proceso de crecimiento de su propia hija.

    • elcriticoabulico 3 enero, 2015 a 03:36 #

      Y más interesante aún hubiera sido el documental acerca de cómo negoció con su hija para que continuara en el proyecto, porque por lo visto ella empezó con mucho entusiasmo y luego, en el clásico momento de rebeldía adolescente, quiso dejarle plantado a su padre y le exigió que matara al personaje. En fin, hay un par de cosas en Boyhood en las que me pareció entrever cierto calzador y alguna juntura entre elipsis que me chirría un poco (algo normal en un proyecto semejante). Pero, como digo, lo que más sensación me produjo es ver lo rápido que uno va quemando etapas de la vida… ¿Las experiencias del chaval? Unas me parecieron palpables y sabrosas y otras menos conseguidas o superficiales. Pero forman un buen conjunto en cualquier caso. De todas maneras, no es buen síntoma que de septiembre hacia acá no perdure lo suficiente su huella.

  3. altaica 12 octubre, 2015 a 02:42 #

    Una decepción teniendo en cuenta sus difundidas virtudes. No aprecio el valor dado al concepto tiempo, para eso están los maquilladores o los seriales que duran décadas, y en general, sin ser un mal producto, no deja de ser un estirado episodio vital de un niño en su periplo hacia la adolescencia, con los tópicos lógicos de siempre y las decepciones irremediables. Larga y con intenciones realistas muy en boga, nos deja otro paisaje simplemente correcto y, cómo no, previsible.

    • elcriticoabulico 12 octubre, 2015 a 16:34 #

      Eso del rodaje durante doce años no es más que una anécdota sin demasiada importancia. Me interesa más cómo la película refleja el paso del tiempo en la vida, que me parece muy logrado. Lo de retratar con fidelidad la infancia, pues bueno, no es mala pero las he visto más logradas.

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