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La venus de las pieles

28 Dic

“En mi opinión, el secreto del cine son las mujeres fuertes.”

David O. Russell

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La venus de las pieles

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La venus de las pieles.

Año: 2013.

Director: Roman Polanski.

Reparto: Emmanuelle Seigner, Mathieu Amalric.

Tráiler

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           No es extraño que Roman Polanski eche mano de una pieza dramatúrgica para construir uno de sus proyectos. Ahí quedan los ejemplos de Macbeth, La muerte y la doncella y Un dios salvaje. Quizás se deba a que el formato primigenio de la obra de teatro le permite concentrar toda la turbulencia interior de los personajes en un espacio generalmente escueto, su hábitat predilecto, como se demuestra a través de otras historias originales e incluso adaptaciones literarias de su filmografía.

Pero La venus de las pieles, adaptación de la pieza homónima de David Ives, extraída de la icónica novela de Leopold von Sacher-Masoch, es algo más que una obra de teatro.

           En imitación de esta sucesión de inspiraciones, apropiaciones y reinterpretaciones, La venus de las pieles es un filme que, como una muñeca matrioska, encierra en el interior de su minimalista escenario –las tablas de un teatro, ocupadas por solo dos actores- una insondable multitud de contenidos, tesis y alegorías sobre temas tan diversos como las relaciones de dominación y dependencia entre géneros, el espíritu creativo del artista o la propiedad de la lectura del sentido de una obra.

Un juego de cajas chinas en el que una mujer ejercerá de maestra de ceremonias intercalando constantemente una serie de roles corporeizados en su sola figura. La Wanda del filme es al mismo tiempo objeto de deseo –la cosificación del atractivo físico-, estatua de Pigmalión hecha carne –el anhelo materializado del hombre creador, amoldado sumisamente a cualquiera de sus apetencias-, musa del artista impotente –la fecundación de ideas por su mero contacto- y diosa vengativa –la subversión de la falocracia, manifestada en casi todas las encarnaciones anteriores-.

Desde su aparición repentina, providencial e invasiva, se desencadena una tormenta de alto voltaje sexual que arrastra consigo a su partenaire masculino, amordazado a su torbellino de curvas, cuero, insinuaciones, desafíos, humillaciones y sometimientos, dentro de una correspondencia tortuosa entre hombres y mujeres que recuerda en mayor o menor grado a cintas previas de Polanski como las también enfermizas y angostas El cuchillo en el agua, Callejón sin salida, Repulsión, Lunas de hiel –la destrucción del macho alfa- y La muerte y la doncella –la purgación de los horrores de una dictadura militar en forma de duelo sadomasoquista-.

           De esta manera, los personajes trascienden a su propia concepción literaria para saltar desde el papel a las tablas, transfigurados en un director (Mathieu Amalric) y una actriz (Emmanuelle Seigner) que ensayan improvisadamente La venus de las pieles, todavía en proceso de construcción. Un director y una actriz que, a su vez, en otro salto que alcanza el nivel metalingüístico, conforman un trasunto del propio Polanski y, a buen seguro, del proceso de composición de sus películas. La semejanza física de Amalric es evidente, así como la sonoridad europeo-oriental del apellido de su personaje, mientras que la réplica femenina es nada menos que la esposa en la vida real del cineasta polaco y la ambigua turbiedad sexual del filme, potencial blanco de polémica como ha sido asimismo la biografía y la obra del autor.

           Diálogos declamados y hablados, impostados y escupidos se van entremezclando, confundiendo y fusionando progresivamente a cada golpe de batuta de un Polanski que controla con pulso firme el devenir de la propuesta. El realizador explota la suculenta carnalidad de Seigner para guiar los pasos desconcertados de su alter ego, lo restringe a sinuosos espacios físicos y psicológicos y lo somete a esa eléctrica tiranía de una mujer que amalgama como nadie vulgaridad y divinidad por medio de una simple caída de ojos. El metraje, impulsado por la riqueza de su texto, no desfallece pese a necesitar un par de escenas para entrar en calor definitivamente y al riesgo que supone ese cierto estatismo de espacios, personajes y trama.

Una película de exuberante densidad.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8.

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