El viento se levanta

23 Dic

“No voy a hacer películas que digan a los niños «desilusionaos y huid».”

Hayao Miyazaki

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El viento se levanta

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El viento se levanta.

Año: 2013.

Director: Hayao Miyazaki.

Reparto (V.O.): Hideaki Anno, Miori Takimoto, Mansai Nomura, Hidetoshi Nishijima, Jun Kunimura, Mirai Shida, Morio Kazama.

Tráiler

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            Hayao Miyazaki se despide del cine. Sin el cineasta japonés, el séptimo arte queda huérfano de optimismo, de sueños que soñar. Pocos como él han sabido condensar de manera tan hermosa, tierna e inspiradora las virtudes del ser humano, concentradas por lo general en el espíritu inocente y sin malear de la infancia. Menos aún son capaces de restablecer la confianza en el hombre a este misántropo declarado. De hecho, creo que si algún día tuviera hijos, estaría satisfecho con que recibieran por toda educación las filmografías completas de Charles Chaplin y de Hayao Miyazaki.

            Uno quiere pensar que El viento se levanta, la despedida de Miyazaki, podría pasar perfectamente por una autobiografía. Porque, a buen seguro, Miyazaki estudia a Jiro Horikoshi y se reconoce a sí mismo en la historia de este ingeniero aeronáutico, diseñador del caza Mitsubishi A6M Zero –la aviación, un entorno propenso para la ensoñación recurrente en la obra del cineasta-, de igual manera que, a su vez, éste conecta en un plano onírico con otra mente artística equivalente a la suya como es la de Giovanni Battista Caproni, colega de profesión y, podría decirse, portavoz del propio director.

La pasión y los sueños como innegociable motor de la vida; la creación como forma de entender la existencia, como deuda contraída por el hecho de vivir; el romanticismo a pecho descubierto como postura radical e inmutable frente a un mundo que dista de ser idílico y que, más aún, se empeña en demostrar lo contrario.

            No conozco en profundidad los avatares de Horikoshi, ni su personalidad auténtica. Intuyo que la licencia campa a sus anchas en este biopic animado. Pero no creo que sea relevante porque, insisto, considero que en verdad la cinta sirve a la perfección como crónica testamentaria del genio de la factoría Ghibli. Ese vitalismo, ese optimismo y esa imaginación incontenible característica de sus personajes se encuentran asimismo presentes en esta recreación de la infancia y la juventud de Horikoshi, que se va encadenando por medio de sueños de juventud hasta que, a fuerza de entusiasmo y determinación, estos se convierten en realidad. La pasión conjunta traspasa la pantalla para impregnarse en la sonrisa ilusionada del espectador.

            Miyazaki y Horikoshi crean vida, no simples cartones pintados o artilugios fríos. Los artefactos que observa, presiente y construye el ingeniero son cálidos, orgánicos. Resoplan, bufan y relinchan por medio de un candoroso registro sonoro que impregna a la cinta de calidez y un tenue realismo mágico en el que la naturaleza y las máquinas se convierten en criaturas con su propia alma que conviven con el hombre en mayor o menor entendimiento y armonía, frecuentemente rota por éste último, de cuya mano también entran en conflicto, a modo de maldición, la pasión y la destrucción, el amor y la muerte.

Los tiempos procelosos que atraviesa la cronología histórica del filme, cargados de crisis económicas, catástrofes, fascismo y terribles guerras habidas y por haber, son un obstáculo más para la nobleza natural de este “hombre de verdad”, representante de los valores de la especie –a pesar de la censurable ambigüedad con la que aborda su matrimonio con una mujer enferma de tuberculosis y del corrompido uso bélico de sus ingenios, protagonistas del ataque a Pearl Harbor-.

En definitiva, Horikoshi se sitúa en idéntico plano al de los afables niños de Miyazaki, si bien con sus heroicas aventuras acometidas en esta ocasión desde el fondo de una mesa de dibujo.

            Más solemne y adulta en comparación obras precedentes, El viento se levanta no es la película más perfecta ni más intensa de Miyazaki, lejos de obras cumbre como Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke y, sobre todo, de su obra maestra, El viaje de Chihiro. Aunque, sea como fuere, el filme condensa el cariño y amor que Miyazaki siente por la vida y por la creación artística, proclamados, como es habitual, a través de una reconfortante y expresiva animación de técnica tradicional, acreedora de poderosas y clarividentes imágenes con la inconfundible firma de uno de los grandes del cine de todos los tiempos.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

2 comentarios to “El viento se levanta”

  1. Hildy Johnson 24 diciembre, 2014 a 14:21 #

    Tengo pendiente la última película de Hayao Miyazaki… Y, querido crítico abúlico, con este párrafo me has convencido plenamente: “La pasión y los sueños como innegociable motor de la vida; la creación como forma de entender la existencia, como deuda contraída por el hecho de vivir; el romanticismo a pecho descubierto como postura radical e inmutable frente a un mundo que dista de ser idílico y que, más aún, se empeña en demostrar lo contrario”… Es una filosofía de vida que me seduce bastante.

    Feliz Navidad y un beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 24 diciembre, 2014 a 17:20 #

      Es un párrafo sobre lo que me inspira la obra de Miyazaki que, como digo, es de los pocos cineastas que me devuelven la fe en todo. No te pierdas ésta.
      Besos y feliz Navidad.

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