El otro señor Klein

14 Dic

“Desconfío de la gente tibia que no se mete en líos.”

Maribel Verdú

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El otro señor Klein

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El otro señor Klein.

Año: 1976.

Director: Joseph Losey.

Reparto: Alain Delon, Michael Lonsdale, Jeanne Moreau, Juliet Berto, Francine Bergé, Massimo Girotti.

Tráiler

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            Las circunstancias políticas y sociales forman parte indisociable del cine de Joseph Losey, cineasta norteamericano afincado en Europa a causa de la caza de brujas en Hollywood. A pesar de que el guion lo firma un escritor de firme compromiso político como Franco Solinas –auxiliado además por Fernando Morandi y Constantin Costa-Gavras-, a buen seguro que esta paranoia persecutoria de los años cincuenta sufrida por Losey en su propia persona posee una notable influencia sobre El otro señor Klein.

            De atmósfera kafkiana, ambientada en el horror desapercibido aunque tangible y nauseabundo del París de 1942 bajo ocupación alemana, El otro señor Klein desarrolla una turbia mezcla de intriga y denuncia a partir de la surrealista y obsesiva investigación del Robert Klein epónimo (Alain Delon, protagonista amén de productor del filme), marchante de arte enriquecido por la desesperación de los judíos que abandonan el país, en su búsqueda de un presunto doble que le ha traspasado sus propios problemas raciales con las fuerzas del orden.

            Losey plantea un juego de espejos en el que aparecen rasgos de la disolución/contaminación entre personalidades socialmente antitéticas ya explorados en El sirviente. Asimismo, el desolador contexto histórico -la víspera de las deportaciones de judíos a los campos de concentración nazis-, aporta aquí un matiz de concienciación por medio del arbitrario proceso de criminalización del individuo común, ante cual que ninguna persona es invulnerable.

Si el pantagruélico estado austrohúngaro convertía al Gregor Samsa de La metamorfosis en un simple insecto, el fascismo imperante de Vichy y el Reich convierte a Klein -como podría haber convertido a cualquier otro, judío o no-, en una víctima propiciatoria destinada al sacrificio.

            De este modo, aparte del opresivo suspense psicológico, emerge en paralelo una áspera censura de la deshumanización de la sociedad del momento, evidente en su indiferencia acerca de las atrocidades que acontecen a su alrededor –el desasosegante examen médico que abre el filme, la insensibilidad originaria de Klein, un carroñero también capaz de traicionar románticamente a sus amigos; la ciudadanía que atiende al mercado de espaldas a los autobuses de la muerte- y más solapada en puntuales e inconexos destellos del montaje, no obstante inquietantes y amenazadores por lo que sugieren y alertan al espectador –el férreo control de la burocracia, los gélidos preparativos estatales-.

            La brusca narración alimenta el desamparo del protagonista a costa de que la exposición y el desarrollo de la trama resulten en ocasiones un tanto confusas, con giros algo forzados en el devenir de los acontecimientos y en la evolución del protagonista.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

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