El fuego y la palabra

10 Dic

“La Biblia dice que primero existió el verbo.”

Richard Brooks

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El fuego y la palabra

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El fuego y la palabra.

Año: 1960.

Director: Richard Brooks.

Reparto: Burt Lancaster, Jean Simmons, Arthur Kennedy, Shirley Jones, Dean Jagger, Edward Andrews, Patty Page, John McIntire.

Tráiler

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            Para armar convenientemente una crítica o una denuncia se requiere cierta sangre fría. Para pronunciar un discurso inflamado, cierta mensura y control. La tendencia a la discursividad, uno de los defectos que amenazaban las primeras obras del director y guionista Richard Brooks -estandarte del Hollywood comprometido de su tiempo-, se hace especialmente patente en El fuego y la palabra.

            La libertad de prensa en El cuarto poder; el militarismo radical en Hombres de infantería; las derrotas del sistema educativo en Semilla de maldad. Los grandes problemas de la idiosincrasia estadounidense no le eran ajenos al realizador norteamericano. Al igual que el segundo de estos ejemplos, El fuego y la palabra se adentra en otro tipo de cerrazón irracional, en este caso emanada por la fe religiosa dentro de un país en el que las creencias se emplean, en muchas ocasiones -y no pocas de ellas con una desvergonzada hipocresía-, para definir y delimitar una comunidad concreta.

A partir de la novela Elmer Gantry, de Sinclair Lewis, El fuego y la palabra arroja un agresivo alegato contra el fanatismo religioso y el empleo de las creencias espirituales al servicio de los más abyectos y prosaicos fines materiales –aquí aparece otro de los grandes rasgos de Brooks, el de adaptador literario como reconoce en el primer plano del filme, donde se sumerge en las páginas del libro-.

            La histriónica sobreactuación de Burt Lancaster –quien ostentaría una influencia determinante en el proceso de creación de la película-, sintetiza la excesiva explicitud de la exposición de Brooks, quien, además de regodearse en el pecaminoso estilo de vida y la absoluta depravación del pícaro protagonista –fullero, mentiroso, lujurioso, oportunista, vividor-, insiste incluso en presentarlo con un peinado que simula unos estratégicos y demoníacos cuernecitos ante la cándida –aunque también ambigua- hermana Sharon Falconer (excelente Jean Simmons, que al contrario que Lancaster y Shirley Jones no recibiría el Óscar por su interpretación), exitosa predicadora de la religión “de los viejos tiempos”, trasunto de la ‘real’ Aimee Semple McPherson.

Asimismo, no ahorra comparaciones evidentes entre la evangelización de las pobres gentes del Medio Oeste rural con la simple venta de aspiradoras, el espectáculo circense o la motivación de un equipo de fútbol americano, dadas las analogías que propicia el juego de estímulos verbales, trucos visuales, seducción y persuasión que caracterizan este arte alienante e hipócrita –no cabe duda de que la motivación de Gantry proviene de su irrefrenable apetito sexual, aun así más respetable que los intereses espurios de otros personajes del relato como el especulador y masón George Babbitt, por su parte protagonista de otra de las ácidas obras de Lewis-.

            Dejando de lado su pertinencia actual –es aterrador observar la ascendencia de la fe en la política y las instituciones del país- y a pesar de que deja por el camino imágenes de poderosa expresividad que se hubieran bastado por sí solas para sostener el filme, el mensaje de la farsa, ya diáfano de partida, queda remarcado con subrayador fluorescente a fuerza de redundar en él. No obstante, la contaminación mutua derivada del romance entre Gantry y Falconer y que suaviza la satírica figura del primero –aparte de generar vacilaciones en el tono del relato, gira con laudable rabia el dedo acusador hasta hacerlo apuntar a la masa ignorante, crédula y voluble, que lo mismo se somete que embiste sin saber muy bien cómo, por qué y contra qué.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 6,5.

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8 comentarios to “El fuego y la palabra”

  1. plared 11 diciembre, 2014 a 00:56 #

    Gran película, es curioso pero viendo muchas de estas peliculas clasicas. Se las ve bastante mas cabronas que las actuales. Cuando en teoría, no debería de ser así. Cuidate

  2. Francisco Martinez Vegazo 11 diciembre, 2014 a 12:09 #

    Aceptando esos elementos críticos que “subrayas” sobre esta película, creo que un 6,5 es una nota algo pobre para la misma, si bien tendría que volver a verla para precisar más. La recuerdo como una notable película. No obstante, también es cierto que para el autor de este blog esa nota no está nada mal, pues un 8 ya es casi una obra maestra, e ir más allá de ese notable alto es muy, pero que muy difícil. Un abrazo.

    • elcriticoabulico 11 diciembre, 2014 a 15:19 #

      Creo que se le pasa un poco de rosca. Y, bueno, es cierto que me cuesta subir del 8 mientras que, por el contrario, me da apuro bajar del 5. Siempre lo digo, no tendría demasiado en cuenta el sistema de puntuación de este blog.

  3. Hildy Johnson 11 diciembre, 2014 a 13:53 #

    … Me gusta Richard Brooks. Me gusta como narrador cinematográfico, aunque aún me queda filmografía del director por descubrir. Recuerdo El fuego y la palabra… y me parece que lo que cuenta sigue estremecedoramente vigente. No la tengo ahora tan reciente pero se me quedaron grabadas muchas de sus imágenes. Creo que el personaje de Elmer necesita del histrionismo, de la ambigüedad y la complejidad que imprime Lancaster así como necesaria es la actitud etérea de la hermana Sharon (y sus volcanes interiores). La unión de los dos es explosiva. Y me gusta que muchas veces el punto de vista sea el de un observador, el periodista riguroso con rostro de Arthur Kennedy (buen personaje a la sombra).

    Besos
    Hildy

    • elcriticoabulico 11 diciembre, 2014 a 15:20 #

      Brooks me encanta, pero hay veces que se pone demasiado vehemente con el mensaje que quiere transmitir y yo creo que tiene el suficiente talento como para que no fuese necesario. El bueno de Gantry necesita histrionismo, pero es que Burt cuando a empieza a menearse de más… También aprecio el punto de vista equilibrado de Kennedy, buen actor. Sobre todo en lo que dignifica a la profesión.
      Besos.

  4. antoniomartingarcia 11 diciembre, 2014 a 19:00 #

    A partir de ahora te haré caso y no tendré demasiado en cuenta tus calificaciones. Quizás a Lancaster se le va un pelín la mano con su poderosa caracterización, pero el tono del film no me resulta tan excesivamente discursivo (por cierto, ¡qué diálogos!), tratándose de un drama sobre predicadores y lavados de cerebro de índole religiosa. Me parece una espléndida película en líneas generales, dotada de un ritmo narrativo magnífico, brillantes secundarios y una paleta cromática de primera.

    • elcriticoabulico 12 diciembre, 2014 a 15:46 #

      Yo, insisto, creo que se le va un poco a la mano. ¡Si hasta a Lancaster le pone cuernecitos de diablo!

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