Metrópolis

5 Dic

“La ciencia ficción representa, sencillamente, un impulso imaginativo tan antiguo como la especie humana, solo que maleado de acuerdo a las circunstancias de nuestro mundo.”

C.S. Lewis

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Metrópolis

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Metrópolis.

Año: 1927.

Director: Fritz Lang.

Reparto: Gustav Fröhlich, Brigitte Helm, Alfred Abel, Rudolph Klein-Rogge, Fritz Rasp, Theodor Loos, Erwin Biswanger, Heinrich George.

Filme 

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            De las diversas versiones existentes de Metrópolis, la que aquí se comenta (y enlaza) es la restauración llevada a cabo en 2010, en la que la añadidura de abundante metraje del filme hallado en Argentina da lugar a una película de 150 minutos de duración y, según los expertos, con un montaje bastante aproximado al original estrenado en 1927.

            En Metrópolis, Fritz Lang y su mujer, la guionista Thea von Harbou, observan el presente, leen el pasado y, en consecuencia, pronostican un futuro que tiene mucho de ambos. Inspirado por un viaje a los Estados Unidos, Lang, hijo de arquitecto y que había iniciado él mismo estudios en la materia, dibuja una megalópolis leviatánica atestada de rascacielos y edificios del art-decó y la Bauhaus y que guarda en sus entrañas un corazón de acero que le permite vivir mediante la explotación cruel de millares de trabajadores confinados a vivir en el ultramundo industrializado.

Los parias de la Tierra, alienados como piezas intercambiables de la monstruosa maquinaria del orbe y sacrificados a los dioses paganos de la técnica por una élite tiránica que, en su frialdad, también ha alcanzado la condición de simple máquina calculadora.

            La estratificación social del argumento queda plasmada de manera literal en esta división de escenarios: el minimalismo gris de las profundidades, envuelto en una música pesada que se torna estridente y frenética una vez alcanzada la tórrida y humeante sala de máquinas subterránea, situado en oposición al esplendor de los colosales edificios del exterior, sus jardines bullentes de vida y sus barrios orientalizados del placer carnal, punteados por una fanfarria heroica y entusiasta. Dos mundos antagónicos, interdependientes pero deseosos de materializar su odio enquistado en brutal violencia destructiva y en medio de los cuales se encuentran, unidos por el amor, María (Brigitte Helm), una mujer profética y pura que clama por la hermandad, y Freder (Gustav Fröhlich), hijo del dirigente de la ciudad que inicia una toma de conciencia que le descubre como el Mesías destinado a conquistar la paz y la fraternidad en esta sociedad al borde mismo del apocalipsis.

            A partir de estos mimbres, Von Harbou y Lang tejen una fábula en la que subyacen numerosos componentes religiosos y tesis políticas ajustadas al periodo de entreguerras de Alemania, país donde la maltrecha economía y la rampante pobreza contribuían a incubar el huevo de la serpiente. La llamada a la reacción y a la concordia humanista de Von Harbou rechaza con vehemencia una revolución trabajadora similar a la acometida en Rusia apenas una década antes del estreno de la obra y, en cambio, se aproxima a las tesis de la colaboración entre clases propugnada por el nacionalsocialismo emergente, a pesar de que el filme arremeta asimismo contra la cerrazón dictatorial de los mandatarios de Metrópolis, igualmente condenados por su carestía emocional.

            No se puede ignorar la lectura política de la obra, reafirmada por el hecho de que fuera una de las películas favoritas de Adolf Hitler y Joseph Goebbels, quien ofrecería a Lang la dirección de los estudios UFA obviando su ascendencia judía. Sin embargo, aquello que merece la pena recordar de Metrópolis, y lo que le llevó a convertirse en influyentísimo emblema del séptimo arte y a ser el primer filme incluido en la Memoria del mundo por la Unesco, es la fuerza de los fotogramas compuestos por Lang, que transcurren desde las maquetas más henchidas por su (afortunada) megalomanía hasta los primeros planos de la virgen redentora de la humanidad y dueña del corazón del protagonista, contrapuesta luego a su grotesco doble de metal, falsa profetisa del acabose. Imágenes sobrecogedoras que cristalizan con apabullante expresividad los detalles que el silencio había hurtado a la palabra hablada, en plena emersión desde la lejana América.

Furiosa y romántica (a su modo), Metrópolis se aleja del simple espectáculo visual futurístico para realizar una exhibición de creatividad expresiva y poder narrativo, colosal y arrolladora todavía ochenta años después.

 

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8.

2 comentarios to “Metrópolis”

  1. E. J. Castroviejo 5 diciembre, 2014 a 20:45 #

    Historia del cine, ni más ni menos.

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