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Breve encuentro

4 Dic

“Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.”

Pablo Neruda

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Breve encuentro

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Breve encuentro.

Año: 1945.

Director: David Lean.

Reparto: Celia Johnson, Trevor Howard, Cyril Raymond, Joyce Carey, Stanley Holloway.

Tráiler

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            Al cine le encanta lo que va mal. El interior atormentado. El duelo melodramático. El futuro distópico. El amor desgarrado, en definitiva, pese a lo que pueda indicar el cine romántico, repleto de finales felices que, en la vida, no ocurren nunca en idéntica proporción. Pocas cosas han hecho tanto daño a la autoestima emocional de la humanidad como los idilios principescos de Disney, aquellos que indefectiblemente se cierran con un “fueron felices y comieron perdices”.

            David Lean, un hombre capaz de aguantar el pulso intimista a producciones de épica inflamada como Lawrence de Arabia, explora en Breve encuentro el nacimiento y defunción de un romance fugaz, platónico e irrealizado. Imprevisible, a primera vista; como solo el amor verdadero puede ser. Dos trenes que se cruzan en una misma estación perdida en tierra de nadie –un no-lugar en toda regla, acomodado a los estados de ánimo de sus usuarios-, propician el encuentro entre dos almas gemelas que, sometidas a la volubilidad del Destino caprichoso, hallan una impensable realización afectiva dentro de un estrecho lapso luminoso. Por desgracia, se trata de un efímero pedacito de cielo que viene siempre acompañado de su propio infierno: del arrepentimiento y culpabilidad que impone una sociedad poco tolerante hacia las desviaciones de la norma, sobre todo en lo que a la intocable institución familiar y matrimonial se refiere.

            Lean, a partir de una obra breve de Noël Coward –tercera y última adaptación del dramaturgo en el tercer largometraje de su filmografía-, no demoniza a los infieles, sino que los ensalza iluminados por la plenitud de sus nobles e irreprochables sentimientos románticos. “Soy una persona normal”, se reafirma y autojustifica la protagonista (la delicada Celia Johnson). El cineasta británico sitúa a su lado un marido simplón y a unos hijos convertidos por momentos en una carga indeseable, mientras que ni siquiera se digna a presentar a la esposa de él (Trevor Howard), pero, no obstante, el guion tampoco fuerza el desprecio de la mujer por su vida cotidiana, a pesar de que se encuentra en abrupta contradicción con sus ansias de aventura, de escapar de una rutina insípida que constriñe sus ambiciones, anhelos e ilusiones.

Los dos enamorados son personajes comprensibles, conmovedores tanto en el surgimiento de su amor como en su inexorable desdicha. Una dolorosa e inapelable agonía que, en un movimiento arriesgado para un filme romántico, es la que precisamente abre el filme por medio de una escena de colosal tensión emocional, fundamentada en los silencios, las miradas, la incomodidad ante las intromisiones, las palpitaciones que, para martirio de sus personajes, no consiguen materializarse por un motivo u otro.

            Probablemente sea ésta la mejor escena de Breve encuentro, más tarde encadenada de nuevo a través de la estructura circular que dibuja el libreto con el fin de completar su sentido y, de este modo, añadir aún más leña al fuego sentimental que ya exhibía en un principio. No necesita subrayados. La atmósfera que rodea a los amantes, la frustrante necesidad de contacto que emanan, su expresión forzadamente contenida y al mismo tiempo destrozada y la influencia de los sonidos de alrededor explican toda la vorágine de conflictos y sentimientos que contiene sin necesidad de acudir a un verbo que, como demuestra la odiosa antagonista de la secuencia, sobra, agrede, daña.

Como, de igual manera, sobrará la voz en off que describe exhaustivamente, desde el punto de vista de ella, los pormenores ínternos y externos del desarrollo de la relación. Innecesaria y desmedida, la insistente narradora sepulta el poder de fotogramas más que estimables sobre la irrupción eléctrica del flechazo o la desesperada resolución del drama y, en consecuencia, va cargando a la obra de años de envejecimiento, incluso por encima de ese (algo) superado conflicto entre la pareja de infieles y las convenciones sociales, que hasta podría pasar perfectamente desapercibido dada la universalidad de los sentimientos que afloran en el relato.

            En 1974, Sophia Loren y Richard Burton protagonizarían un remake para la televisión británica.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 7.

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