Solo es el principio

15 Nov

Esperanza en el futuro. Crítica de Solo es el principio, para la sección DVD de CineArchivo.

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“El futuro del mundo pende del aliento de los niños que van a la escuela.”

Talmud

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Solo es el principio

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Solo es el principio.

Año: 2010.

Directores: Pierre Barougier, Jean-Pierre Pozzi.

Tráiler

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           A partir de la fidedigna crónica de un año en una clase de instituto de los arrabales de París, La clase -filme basado en una novela de François Bégaudeau, profesor en la realidad y aquí protagonista de historias similares a las de su vida propia-, trazaba un nudoso mapa de la situación de una Francia multicultural y heterogénea, atenazada por los problemas de identidad, el desarraigo, la desconfianza, el rechazo de una autoridad legítimamente dudosa y la desafección respecto del colectivo. La Palma de oro en el festival de Cannes certificaba que la situación educativa en Francia -y en Europa por extensión-, de la que la película daba muestras de cobrarse más derrotas que victorias debido a su inflexibilidad ante los profundos cambios de la juventud y de la comunidad, debía ser motivo de preocupación, cuestionamiento y revisión en aras de garantizar el futuro de los valores de una sociedad democrática y éticamente saludable.

Estrenada dos años después que La clase, aunque fruto de alrededor de tres años de observación y composición, el documental Solo es el principio, firmado por Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, ofrece ese mismo retrato de Francia –y de Europa- formulado desde el microcosmos de un centro escolar. Sin embargo, en este caso no se tratará de un instituto lleno de adolescentes en conflicto consigo mismos y con el mundo, sino de la escuela de educación preescolar Jacques Prevent de Le Mée sur Seine, perteneciente asimismo a los suburbios parisinos. Tampoco plantea una realidad absolutamente verosímil pero en parte ficcionalizada, como hacía la obra de Laurent Cantet, sino que su vistazo es en crudo, con la sola intermediación del montaje cinematográfico –que al fin y al cabo también implica selección y, por tanto, construcción-, la justa puesta en escena –con ese ritual mágico y lírico de encender la vela del pensamiento- y, puntual aunque expresivamente, la aparición de la hechizante música del Astrakan Café de Anuar Brahem, tunecino establecido en París.

           Solo es el principio es un experimento cinematográfico orgánico surgido a partir de un experimento didáctico: la inmersión de un grupo de niños de parvulario en unas sesiones de debate filosófico que se prolongarán durante dos cursos escolares. El enfrentamiento de una pequeña comunidad de niños frente a cuestiones trascendentales y trascendentes del mundo que los rodea, presentado de inicio, a través de locuciones de radio, como un enorme caos de violencia y odio y donde se pregona a grandes rasgos, de esa manera tan burda como solo los políticos neoliberales consiguen hacer, la innecesariedad de la educación en su nivel más elemental, reducida a siestas y juegos vigilados. ¿Sensacionalista? Quizás. Solo en parte, en el peor de los casos. Cabe recordar las titánicas peleas por impulsar la educación, un pozo sin fondo que devora votos de forma insaciable, que acomete con valentía ese ideal de presidente juicioso y comprometido, Jed Bartlet, protagonista de El ala Oeste de la Casa Blanca, la reversión de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo escrita esta vez por Aaron Sorkin.

De este modo, los cenáculos filosóficos infantiles organizados por la maestra Pascaline Dogliani, erigida en simple moderadora, se posicionan como un alegato rebelde y subversivo contra la cortedad de miras de la política -y de sus electores, que también-, tanto o más cuando se atienden a las tesis del influyente filósofo y educador estadounidense Matthew Lipman, que propugna este tipo de actividades como requisito imprescindible para el desarrollo del pensamiento crítico del individuo, esencial para el robustecimiento de la calidad democrática del Estado y para el cultivo de una función social básica como es la contribución al pensamiento cooperativo en detrimento de la competitividad escolar, esa indignante falacia con la que el turbocapitalismo barniza sin excepción, envenenándolo, cada discurso, cada idea, cada conquista pública.

           A lo largo del metraje, el espectador comparte el crecimiento cognitivo, reflexivo y moral de los alumnos, envueltos en un debate sin vencedores ni posturas preponderantes y en el que, no obstante, uno se puede maravillar con los destellos de la intuición humana pura y franca de los críos –al igual que de sus posturas caprichosas e inmaduras, que asimismo las hay-, al mismo tiempo que identifica las influencias y filtros ajenos a su discurso innato –los padres, el entorno, la televisión-, a menudo perniciosas o erradas más allá de que hubiese sido buena o mala su intención original. A pesar de que el esquema no varíe demasiado durante todo el metraje –rondas de opiniones sobre cuestiones como el trabajo, la inteligencia, la muerte, el amor, la libertad,… conceptos abstractos de dificilísima definición para un adulto, como demuestran sus progenitores- y del sobreentendido proceso de elección de testimonios, el documental bien merece la pena para reconciliarse con la esperanza en el futuro de una sociedad amenazada desde sus más hondas raíces.

           Y, como acostumbra el cine francés reciente, como Hoy empieza todo, como Ser y tener, como La clase, Solo es el principio reivindica con voz firme y poderosa la necesidad de y la riqueza que proporciona la educación. La buena educación: formada, independiente, comprensiva, intelectual, creativa, estimulante, realista, concienciada.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

4 comentarios to “Solo es el principio”

  1. Hildy Johnson 16 noviembre, 2014 a 10:41 #

    Qué ganas de verla. Se me escapó en su momento pero ahora recupero las ganas con tu texto…

    Y asiento a cada palabra escrita en tu último párrafo… y tu última frase que repito: “La buena educación: formada, independiente, comprensiva, intelectual, creativa, estimulante, realista, concienciada”…

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 17 noviembre, 2014 a 14:21 #

      Es muy interesante escuchar la percepción que los chavales tienen de ciertas cosas, cómo erróneamente se confunde ingenuidad y estupidez por parte de los alumnos y cómo van asimilando influencias y combinándolas con su sensibilidad particular. Un proyecto y un documental bastante curiosos, en definitiva.

  2. E. J. Castroviejo 16 noviembre, 2014 a 14:45 #

    Gracias por compartir. Sin duda es un tema al que nunca se le da la importancia suficiente y, lamentablemente, a veces pareciera que muy poca.A ver si la encuentro y puedo verla. Como H.J., quiero destacar tu última frase sobre la buena educación. Es importante. Abrazos, Abúlico.

    • elcriticoabulico 17 noviembre, 2014 a 14:23 #

      La filosofía no da réditos materiales inmediatos y, según algunos, no se aplica de manera práctica en la vida cotidiana, por eso, como el resto de artes y ciencias humanas, se le suele desacreditar desde la sociedad contemporánea. En este sentido, la educación es esencial, y debe ser lo más amplia y minuciosa posible. Un abrazo.

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