Una mujer para dos

9 Nov

“Al público no hay que dárselo todo masticado, como si fuera tonto. A diferencia de otros directores que dicen que dos y dos son cuatro, Lubitsch dice dos y dos… y eso es todo. El público saca sus propias conclusiones”.

Billy Wilder

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Una mujer para dos

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TARJETA.

Año: 1933.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Miriam Hopkins, Gary Cooper, Fredric March, Edward Everett Horton.

Tráiler

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             En vista de la pacatería y la ausencia de riesgo que suele predominar en la comedia romántica actual, aferrada por lo general a la fórmula tradicional y roma en la exploración de nuevas vías, resulta sorprendente y reconfortante comprobar la audacia que poseía el género en su edad de oro: los años treinta, donde todo era posible y, todavía, el Código Hays era una recomendación vaga, de innecesario cumplimiento –no sería hasta 1934 cuando se comenzara a aplicar de manera más estricta-.

             Una mujer para dos, estrenada en 1933, sorprende no solo por su atrevido argumento: un ménage à trois ya determinado por el título y que hasta no hace demasiado tiempo tampoco ha podido ser abordado con semejante explicitud, todavía lastrado por la autocensura y, en general, por la brocha gruesa. Una mujer para dos sorprende por la extraordinaria originalidad expresiva de su guion y de su lenguaje visual, dotados de una estimulante modernidad que, aún hoy, resulta inalcanzable para el común de los realizadores y guionistas mortales.

No es para menos, si observamos que el proyecto aunaba en su equipo a Ernst Lubitsch –que más tarde daría al tema un vuelco de alta intensidad trágica con la también excelente Ángel– y a Ben Hetch, quien adapta bastante libremente una pieza para Broadway de Noël Coward, apenas un año anterior. De hecho, Una mujer para dos es la película donde el célebre ‘toque Lubitsch’ alcanza su cénit absoluto: el chiste y el puñetazo moral basado en la sugerencia, donde se deja el remate final a la intuición estimulada y pícara del propio espectador. Supone también una manera de burlar la censura: hablando a propósito de su pacto de caballeros para asegurar la abstención sexual de su relación con sus dos pretendientes y amigos, Gilda (Miriam Hopkins), tumbada suspirante en la cama, reconoce que ella no es un caballero ante el rostro expectante de George Curtis (Gary Cooper). Fundido a negro.

             En Una mujer para dos pervive la esencia teatral de la obra –diálogos veloces y chispeantes, preeminencia de los actores sobre un escenario relativamente estático-, pero el maestro alemán aplica con firmeza los códigos lingüísticos propios del cine. Así, Lubitsch descerraja con impresionante agudeza y ritmo endiablado una admirable sucesión de metáforas, insinuaciones y dobles sentidos. Inteligente, sofisticada y audaz, la comedia fluye a raudales a lo largo de esta competición bohemia, infantil y despreocupada entre dos íntimos amigos –un escritor y un pintor, ambos de escaso éxito-, hechizados por una misma musa en la libertina y alegre París de entreguerras.

             Mientras que los pormenores de la variable relación entre ambos hombres propicia los instantes más hilarantes del filme, la fuerza arrolladora de la protagonista femenina, decidida a adoptar sin temor las prebendas que el macho posee en el amor y la vida –probar hombres sin cuidado ni necesidad de escoger, modelarlos a su gusto-, proporciona una jugosa revisión de estereotipos y abre un sinfín de posibilidades en el plano humorístico, romántico y dramático del libreto. Y es que no solo la lealtad masculina entra en conflicto con el flechazo amoroso, sino que también chocan irremediablemente el deseo de reconocimiento artístico con la realización romántica, las necesidades materiales con el hambre de idilio, la ambición laboral con la satisfacción sexual.

             Una vez prendado de la irresistible Miriam Hopkins, el talentoso Fredric March y el un tanto pasado de rosca Gary Cooper, Una mujer para dos juguetea guasona y traviesa con sus personajes y, por ende, con el público que los acompaña de la mano en sus extravagantes andanzas, repletas de encanto y vitalidad.

             Una comedia de hace 80 años, en definitiva, adelantada al presente inmediato.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 9.

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8 comentarios to “Una mujer para dos”

  1. Mónica Sz M. 10 noviembre, 2014 a 11:56 #

    Pues fue precisamente con esta película con la que el “pasado de rosca” Gary Cooper Consiguió un provechoso contrato con la Paramount que le convirtió en su estrella durante unas cuantas películas más. Sus honorarios no fueron “baratos” precisamente.

    • elcriticoabulico 11 noviembre, 2014 a 20:02 #

      No, si el tío tiene éxito. Pero lo confieso: es un actor que no me gusta (o me gusta pocas veces, no soy demasiado radical con el tema). Qué le vamos a hacer, es algo personal.

  2. Hildy Johnson 10 noviembre, 2014 a 14:59 #

    … Es de esas películas que mantienen un encanto especial. Yo creo que es algo unido al cine de Lubitsch… además de su toque poseen un encanto imperecedero. Es ver algo de Lubitsch, y no poder evitar una sonrisa continua. Ocurre con Una mujer para dos, nunca se contó de manera más sencilla y con más alegría de vivir un amor a tres bandas o con El bazar de las sorpresas… por nombrar solo dos de sus obras.

    Por otra parte, del trío protagonista últimamente estoy disfrutando mucho con Fredric March, esplendoroso en los años 30 con títulos tan interesantes y versátiles como la película que reseñas y El hombre y el monstruo, El signo de la cruz, Tuya para siempre, La muerte de vacaciones, Ana Karerina o La reina de Nueva York. Además de continuar su trayectoria llena de títulos de interés durante más décadas hasta los 70.

    Y otro punto interesante es señalar cómo ha caído totalmente en olvido la dama en cuestión, Miriam Hopkins, imprescindible estrella también en los años 30… y una de las musas de Lubitsch en sus primeras películas sonoras.

    Besos
    Hildy

    • elcriticoabulico 11 noviembre, 2014 a 20:06 #

      Es que por muy románticas y sofisticadas que sean, las comedias de Lubitsch no tienen nada de ingenuo. Al contrario. Es por eso por lo que son una maravilla a día de hoy dentro de un género que, por desgracia, suele envejecer con mayor velocidad que otros. A March le descubrí con mucho gusto en Siete días de mayo, que además es una película muy interesante. Hopkins, como dice abajo Antonio, está maravillosa. Posee un encanto en la mirada y en la manera de comportarse que le ocurre lo mismo que a la obra: trasciende su época para resultar absolutamente moderna. No se la percibe como una estrella clásica al uso, como una mujer de otro tiempo. O de todos los tiempos.
      Besos.

  3. antoniomartingarcia 10 noviembre, 2014 a 17:42 #

    Ah, amigo!! Ahora entiendo a que se debían las distintas referencias que en una semana habías hecho en Diccineario en torno a esta obra mayor de Lubitsch.
    Cierto, es una película adelantada a su tiempo, que ejemplifica como pocas la capacidad de su realizador para concebir sugerencias sexuales a través del diálogo refinado y de su inimitable aplicación de la elipsis y del fuera de campo.
    Como dice Hildy, la olvidada Miriam Hopkins está absolutamente maravillosa.

    • elcriticoabulico 11 noviembre, 2014 a 20:08 #

      Hombre Antonio, aquí no se dan puntadas sin hilo. Aparte de que la hubiera visto recientemente, también influye el hecho de que la película da mucho juego, entra dentro de muchos temas. Aquí, lo que no se dice cuenta tanto como lo que se dice, y demanda una complicidad que la hace atractiva. Un pelo revuelto por la mañana, vender la segunda cama en un piso de tres, las últimas frases de las escenas,…

  4. plared 18 noviembre, 2014 a 05:39 #

    Alta comedia sin duda y curiosamente. En la mayoría de las peliculas de esa época y de este genero. Las mujeres solian ser las fuertes, los hombres, simples marionetas manejados por protagonistas absolutas.

    Irremediablemente si hablamos de este tipo de cine me viene a la memoria una película inolvidable….Historias de filadelfia de Cukor. Cuidate

    • elcriticoabulico 18 noviembre, 2014 a 15:40 #

      Cierto, la mujer es quien lleva la voz cantante porque son películas que se basan en muchas ocasiones en revertir el orden social establecido. Aunque también es verdad que luego se retorna a la normalidad en unas cuantas de ellas.

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