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Lejano

3 Nov

“La decepción es una especie de bancarrota: la bancarrota de un alma que gasta demasiado en esperanza y expectativas.”

Eric Hoffer

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Lejano

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Lejano.

Año: 2002.

Director: Nuri Bilge Ceylan.

Reparto: Muzaffer Özdemir, Emin Toprak, Zuhal Gencer, Nazan Kirilmis, Feridun Koc, Fatma Ceylan.

Tráiler

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            Cabeza del nuevo cine truco al que la Seminci ha reivindicado durante esta edición de 2014 recién concluida, Nuri Bilge Ceylan surgía de las cenizas de la industria otomana -representada por los estudios Yeşilçam y sentenciada por el golpe de Estado de 1980-, gracias a su iniciativa y autonomía de autor, ya que el cineasta estambulita asume las funciones de director, guionista y productor de todos sus proyectos –incluso aparecerá como actor en Los climas-. El tercero de sus largometrajes, Lejano (Uzak), sentaría con su Gran premio del jurado la primera piedra de la longeva y excelente relación del realizador con el festival de Cannes, culminada esta temporada con la obtención de la Palma de oro con Sueño de invierno (Winter Sleep), estrenada hace escasas semanas.

            De crisis, precisamente, es de lo que habla Lejano. La película parte de la depresión económica turca de los noventa y principios de milenio para, progresivamente, tornarla en metáfora sobre la profunda crisis existencial, amorosa y de ideales que en paralelo –o al mismo tiempo- sufren Mahmut, un fotógrafo residente en Estambul, y Yusuf, su primo recién llegado de provincias.

Desde el silencio, el pequeño gesto costumbrista y los detalles que jalonan los altibajos y tensiones en la relación entre ambos hombres, Ceylan destila una desoladora sensación de decepción, aislamiento y melancolía. Como ese país en plena e infructuosa intentona de dar la espalda a Asia y sumarse a Europa, siempre a medio camino entre dos mundo. Naves varadas, retratos de tejas y baldosas, el admirado Andrei Tarkovsky sustituido por vulgar pornografía, las heridas de un divorcio que trajo como única consecuencia una esterilidad figurada y literal, trabajar como tripulante convertido en quimera, las mujeres transformadas en fantasmas inalcanzables,…

            Ceylan trata con cariño y comprensión a sus protagonistas, pero con la justa compasión. Sus lánguidas andanzas no se libran de recibir malintencionados aguijonazos de ironía, sobre todo los impulsos de Don Juan del inmigrado, que poco a poco, como la función en general, adquieren una deriva un tanto siniestra, dentro de esa naturaleza lamentable que en principio las definen.

            Además de la sobria aunque admirablemente expresiva descripción del escenario social y sentimental que envuelve la obra, apresando en ella a los personajes, destaca aquí la citada composición de caracteres, que establece una curiosa rima entre dos individuos que, por mucho que lo intenten –en especial el nuevo urbanita-, poseen una esencia idéntica.

La actitud dominante y de cada vez mayor y más fingida superioridad moral –la verbalización de normas de convivencia, la reclusión del huésped al fondo de la vivienda, la limpieza y guardado clandestino de sus zapatos– subraya ese ingenuo repudio y alejamiento del pasado rural pretendido por Mahmut -ya expresado con economía y precisión en la llamada de teléfono que supone la primera escena hablada del filme-. Siguiendo esta idea, es él quien ahora trata de imponer a Yusuf ese mismo proceso de asimilación a la impersonal Estambul padecido en sus propias carnes, con el único impedimento esporádico de los rescoldos de compasión que todavía es capaz de despertar en él el reconocimiento de la incontestable semejanza que une a ambos–colocar con cuidado sus odiados zapatos durante una triste llamada a casa-.

Del mismo modo que la alegoría económica, esta imposición de reglas de comportamiento se ramifica con sutileza en una imposición psicológica donde la adaptación a la megalópolis significa la renuncia a los sueños e ilusiones y el abrazo del cinismo como medio de supervivencia.

            Lejano es un retrato intimista, agrio y complejo, fundamentado en la cotidianeidad más prosaica; paciente, cocinado a fuego lento con planos largos y ritmo pausado –quizás demasiado en ocasiones-, y que encuentra un precioso estímulo en la talentosa elocuencia de sus fotogramas, herramientas excepcionales para capturar el desaliento y la desorientación de un país en continua búsqueda de sí mismo.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

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