El día de la bestia

5 Oct

Primera colaboración de El Crítico Abúlico para Ultramundo. En este enlace, el trabajo completo, con making off y maquetación fotográfica, realizado con ímprobo esfuerzo entre un servidor, Jesús Bernal e Iván Suárez, con la coordinación de Miguel Díaz González. A continuación, tan solo la punta del iceberg.

.

.

“Pero… si Dios es más fuerte que el diablo, ¿por qué Dios no mata al diablo y así él no hará más hombres malos?”

Daniel Defoe

.

.

El día de la bestia

.

El día de la bestia.

Año: 1995. 
Director: Álex de la Iglesia
Reparto: Álex AnguloSantiago SeguraArmando de Razza, Terele PávezNathalie SeseñaMaría Grazia CucinottaJimmy BarnatánRay PololoEl Gran Wyoming

Tráiler

.

            Comentaba en una entrevista Santiago Segura que, durante el rodaje, en lo que consideraba una técnica de chantaje emocional –probablemente involuntaria-, Álex de la Iglesia solía conseguir la atención y la predisposición de los miembros del equipo ensimismándose pesaroso y alicaído, contemplando con ojos vacíos la pantalla de la cámara y maldigiriendo en solitario su consternación porque los planes no estuviesen saliendo según lo esperado.

Lo que de verdad describe esta anécdota es el carácter creador de De la Iglesia: uno de esos cineastas ‘peterpanescos’Tim Burton y Guillermo del Toro como ejemplos más aproximados- que han tenido la suerte de encontrar en la industria del cine su patio de juegos particular, donde volcar su pequeño baúl de filias y fetiches personales y, además, compartirlo con un público que, por fortuna, disfruta de la experiencia casi al mismo nivel que su anfitrión.

En este sentido, al igual que el citado Tim Burton, la imaginación del director vasco encuentra en su realidad más cercana y prosaica un inquietante reverso oscuro. Pero si el norteamericano parece sentirse más cómodo y protegido entre las criaturas monstruosas –seres marginales e incomprendidos como él-, De la Iglesia no solo no rechaza el enfrentamiento contra esa realidad amenazadora, sino que, por si fuera poco, la agarra por el pescuezo y termina de retorcerla para transformarla al fin en pura y sádica comedia negra, en ocasiones en un esperpento que parece primo lejano –y más trivial y festivo, por supuesto-, de la tradición ibérica de Luis García Berlanga y Rafael Azcona.

            No es de extrañar pues que De la Iglesia encontrase en un Madrid decrépito y apocalíptico el lugar idóneo para el advenimiento del Maligno, habida cuenta de que en su historial como director artístico en Todo por la pasta ya había barnizado a Bilbao con una pátina de pesadilla lisérgica y de que en Acción mutante, su debut como realizador todavía en un País Vasco bajo la amenaza de ETA, conseguía mezclar a un grupo terrorista de despojos intergalácticos con ecos provenientes del pasado local -en concreto de Atraco a las tres-, y también, ya a medio camino entre el ayer y el mañana, con los cartones de Don Simón, los saques de banda de Ratkovic en el Celta de Vigo y los olvidados ecus, risible epítome del futuro aún por llegar.

            Prosiguiendo con esta contradicción satírica y malintencionada entre cotidianeidad costumbrista y fantasía macabra, la navidad madrileña de 1995 que explora Ángel Berriatúa (Álex Angulo), sacerdote del santuario de Aránzazu y catedrático de teología de la Universidad de Deusto que ha desentrañado el mensaje críptico del Apocalipsis de San Juan, es un sumidero obturado por la delincuencia, la miseria, el elitismo, el consumismo, la xenofobia, el vandalismo y el ‘vigilantismo’. “Todo son putas, negros y drogadictos”, exclamará la escarmentada Rosario, viuda de guardia civil y en pie de guerra, cuchillo jamonero y cetme en mano, contra todos los violadores potenciales y asesinos en la sombra que tienen a bien guardar reposo en su infecta posada. Un Madrid nocturno y helador, terrorífico y vomitivo, que acoge como parte de una misma identidad secreta pero palpable a lo castizo y lo sobrenatural, a las luces de Cortilandia y al satanismo milenarista.

Estamos ante el infierno, en definitiva, al que el sufrido religioso debe descender a fuerza de obrar el mal, con el objetivo de encontrar la cuna del Maligno y, faltaría más, asesinarlo. El diablo, tan juguetón como en La profecía, jalona el recorrido de alegorías, pistas, trampas y juegos: un Ángel en busca del diablo, su fiel y heavy Sancho Panza de nombre José María (Santiago Segura), su deslenguada madre Rosario (Terele Pávez), la sala Infierno, la Calle Mártires. De la Iglesia detrás de las cámaras, dotando al conjunto de una fuerza admirable en el arranque, descripción de los dilemas, los pesares y la socarrona fe en la maldad de un hombre bondadoso que se sacrifica en aras del degradado ser humano a través del pecado  –originariamente, a raíz de las investigaciones preliminares del director y de su fiel compañero de pluma, Jorge Gurricaechevarría, el guion planteaba el entroncamiento de Bereciartúa con el folklore vasco de la brujería; indagación que a buen seguro les serviría de palimpsesto para redactar su posterior Las brujas de Zugarramurdi-.

            En adelante, la locura propuesta por De la Iglesia y Gurricaecheverría funciona, y el espectador se encuentra ante tres delirantes Reyes Magos –cierra la terna el menos simpático futurólogo especializado en augurios funestos, el italiano Armando de Razza, punta de lanza del floreciente y terrible amarillismo ‘berlusconiano’-, en rastreo del satánico portal de Belén madrileño. La relación quijotesca entre sacerdote y heavy-metalero de Carabanchel aporta, con la inspirada presencia de un Segura que fundaría aquí la primera piedra de su tremenda popularidad, el justo contrapeso cómico para que todo fluya, aparte de cumplir las convenientes funciones de alter ego del espectador donde el protagonista pueda volcar sus explicaciones acerca del desarrollo de la trama y de la aventura sin caer en lo discursivo. De la misma manera, la honrada seriedad de la que siempre hace gala Bereciartúa, apoyada en al físico corriente, frágil y empatizable del recientemente desaparecido Angulo, permite que la propuesta no se despeñe tampoco en un exceso de comicidad. El personaje carismático es ese descerebrado y entrañable José María, pero, a pesar de que el realizador le trata con condescendencia y aprovecha sus virtudes –a priori, su vida sobre el escenario iba a ser más corta-, tampoco se comete la imprudencia de dejar que robe por completo el filme. Para este trabajo de balance, De la Iglesia buscará además reforzar el peso del ‘lado oscuro’ del relato por medio de la tétrica puesta en escena -influenciada asimismo por la estética del cómic-, y la solemnidad de la banda sonora.

            De este modo, El día de la bestia transcurre de manera más equilibrada que el inmediato precedente en la filmografía de su autor, Acción mutante, cinta que, si bien interesante, arrojada e irreverente, padecía los achaques de la irregularidad y de la ocasional bastedad del humor de De la Iglesia, el cual, al menos para un servidor, a veces puede resultar algo elemental. En El día de la bestia la comedia brota tanto del juego de contrarios –realismo, sobrenatural; religión, ateísmo; inocencia, violencia; caspa nacional, trascendencia universal-, como del espíritu farsesco que posee su exagerada agresividad, la crueldad de ciertas imágenes y el atípico –por infrecuente en la industria española- nervio de la acción. En este campo, de la mano del innato talento compositivo y de montaje de De la Iglesia, surgirán algunas de las escenas más célebres del filme y del cine patrio contemporáneo -la fuga a través de los neones de Schweppes, el tiroteo en la Calle Preciados-. Aquellas que convierten a la película en una especie de obra de culto popular o, cuanto menos, en un hito generacional para aquellos chavales nacidos en los ochenta y ávidos de fotogramas rabiosos a mediados de la década posterior.

Todavía quedan, no obstante, algunos detalles por pulir, sobre todo si uno se lanza a comparar la huida en coche de Bereciartúa y José María por las calles de la capital frente a ese arrollador atraco y fuga en la Plaza Mayor de Madrid de Las brujas de Zugarramurdi, no digamos ya la diferencia de calidad entre los títulos de crédito de ésta y los de otras obras posteriores, a destacar Balada triste de trompeta. En este sentido, también cabe imputar que, según avanza el metraje, la propuesta pierde fuelle de manera progresiva hasta desembocar en una resolución que parece no del todo coherente con el argumento planteado por el eclesiástico –lo de menos-, aunque sí logra asestar el último y demoledor golpe a su agria metáfora del presente, esta vez absolutamente coherente con el cuento moral navideño narrado hasta entonces –esos odiosos rescoldos heredados de un fascismo que parece negarse a extinguirse: otra extremidad más del verdadero Satán-.

No son por tanto defectos que se aprecien graves, en especial gracias a que, cuando escasean las ocurrencias, De la Iglesia tira de oficio y de ritmo vertiginoso; pero sí merman los resultados totales de una obra que se halla por debajo de otras de la filmografía del autor, como la magnífica La comunidad. Sí comparte con ella esa forma apoteósica de cerrar los filmes en localizaciones emblemáticas o sobrecogedoras –la cuadriga de la también madrileña Calle Alcalá en la citada La comunidad, el Valle de los Caídos en Balada Triste de trompeta-. Un recurso espectacular el cual, especula el director, apasionado del séptimo arte, debe de proceder del arraigo en su interior del duelo sobre el abismo entre Luke Skywalker y Darth Vader en El imperio contraataca.

            El remate final, bajo la mirada de la estatua del Ángel Caído del parque de El Retiro, agrega por otro lado lúcida bilis a una sentencia sobre una realidad actual que le impactará a uno en pleno rostro a poco que se asome por la ventana, feudo como es del neoconservadurismo más atávico, rancio y orgulloso. Y es que, retornando un puñado de fotogramas atrás, el clímax del desenlace compone otra auténtica y venenosa alegoría profética, producto de la buena vista de De la Iglesia y Gurricaechevarría para emplazar la cuna del mismísimo reinado del Diablo en las torres KIO –o Puerta de Europa-, una de ellas propiedad de la pérfida Bankia –cabeza preminente de la hidra de la estafas bancarias de Españistán-, y que por entonces se hallaba en plena construcción (y ya corrupta, véase el caso Urbanor). Por estas fechas, el signo de la bestia continúa grabado en su costado.

            En el capítulo de reconocimientos, las alabanzas del público y la crítica, así como los galardones –sendos Goya en las categorías de mejor director y mejor actor revelación-, consagrarían asimismo a dos de los más firmes bastiones de la siempre agónica industria española.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

8 comentarios to “El día de la bestia”

  1. kaldina 5 octubre, 2014 a 20:21 #

    😀 Por fin estamos de acuerdo en una!! Casi que no. Esta peli me gusta muchísimo (Creo que le aumenta el gusto eso de que no me la dejaran ver de niña).

    • elcriticoabulico 6 octubre, 2014 a 16:04 #

      Yo también tenía una lista de películas pendientes para cuando fuera mayor. A lo mejor ésta también era una de ellas. Uno siempre se lo pasa bien con Bereciartúa y José Mari.

  2. E. J. Castroviejo 6 octubre, 2014 a 23:10 #

    Y qué bien lleva el paso del tiempo, un clásico sin duda.

    • elcriticoabulico 7 octubre, 2014 a 15:16 #

      Sigue siendo la mar de divertida y, curiosamente, como aparece en los últimos párrafos, todavía muy pertinente.

  3. Walder Messin 6 octubre, 2014 a 23:44 #

    QEPD Álex Angulo.

  4. plared 8 octubre, 2014 a 00:18 #

    Pues a mi también me gusto bastante cuando la vi. Hace poco la pasaron por el plus y la volví a ver y me gusto todavía mas. Fresca y divertida, realmente bien hecha y con un toque de aquí.

    Ademas surgió en una época en que todas las peliculas rodadas aquí eran panfletos políticos sobre la guerra civil, sus consecuencias o la triste vida de las putas y los yonkis. Como temas casi obligatorios en un cine que ya no veía ni cristo.

    En fin, gran película de un director que después ha encadenado petardo tras petardo. Cuidate

    • elcriticoabulico 8 octubre, 2014 a 14:18 #

      Es cierto, De la Iglesia se salía de la norma cuando no era nada habitual. Después de esta todavía tiene películas magníficas. De hecho, mi favorita suya es La comunidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: