La mujer del obispo

7 Sep

Cary Grant, ¿ángel bondadoso o diablo salaz? La mujer del obispo para la sección DVD de CineArchivo.

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“Pienso que la Navidad es una fiesta necesaria; necesitamos un aniversario durante el cual podamos lamentar todas las imperfecciones de nuestras relaciones humanas. Es la fiesta del fracaso, triste pero consoladora.”

Graham Greene

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La mujer del obispo

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La mujer del obispo.

Año: 1947.

Director: Henry Koster.

Reparto: Cary Grant, Loretta Young, David Niven, Monty Woolley, James Gleason, Gladys Cooper, Elsa Lanchester.

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            En 1947, Samuel Goldwyn, alzado a la cúspide de su poder cinematográfico gracias a los réditos económicos y de prestigio de Los mejores años de nuestra vida, se vio con fuerzas suficientes para tratar de componer la producción navideña definitiva que arrasase el mundo libre con un derroche de ternura y optimismo, mocos y aplausos. No en vano, el año anterior Frank Capra había estrenado ¡Que bello es vivir!, la película de la Navidad por antonomasia pero que, sin embargo, en ese momento había sido acogida con críticas dispares y un destacable fracaso en taquilla, derrotada precisamente por el ciclópeo filme de William Wyler. Ante Goldwyn, por tanto, una inspiración y un desafío.

            De su equipo en Los mejores años de nuestras vidas, el patrón de la MGM lograría repescar al guionista Robert Sherwood para la traslación a libreto de la popular novela La mujer del obispo, firmada por Robert Nathan; aunque no así a Wyler, sustituido por un especialista en la comedia, William A. Seiter, que a su vez sería pronto reemplazado por Henry Koster, quien se adaptaría a su cometido de artesano supernumerario sin miramientos, con corrección y no demasiada relevancia estilística –suplida en parte por el envolvente blanco y negro de Gregg Toland-. Éste sería uno de los primeros conflictos dentro de un rodaje especialmente peliagudo a causa de la impulsiva reconstrucción de los decorados encargada por Goldwyn, los consiguientes retrasos en la producción, las constantes insatisfacciones con el guion y los enfrentamientos entre Cary Grant y Loretta Young -y eso que la pareja ya habían protagonizado con buena química dentro y fuera del plató Nacida para ser mala-. Ejemplo de esta última dificultad es que, en ciertas escenas románticas, los dos actores pretendían mostrar su mejor perfil, que curiosamente venía a ser el izquierdo en ambos casos.

Así las cosas, con el objetivo de afinar la efectividad cómica de la película, y también bajo demandada expresa del puntilloso Cary Grant –quien por otra parte había rechazado encarnar al obispo epónimo, pensado para su compañero David Niven, por el más suculento y extenso papel de ángel en la Tierra-, Goldwyn debió acudir a los servicios de dos ‘script-doctors’ de excepción: Charles Brackett y Billy Wilder. Los resultados finales del filme lo agradecerían, materializados en un notable éxito de público –menor no obstante que aquellas descomunales cifras de Los mejores años de nuestra viday en cinco nominaciones a los Óscar –si bien solo uno de ellos, el de sonido, fructificaría en premio-.

            Como ¡Qué bello es vivir!, La mujer del obispo compone un cuento moral navideño sobre el correcto restablecimiento de las escalas de valores y las prioridades humanas del individuo contemporáneo. En ella, un ángel con los magnéticos y carismáticos rasgos de Cary Grant se presenta en auxilio de un joven obispo (David Niven) quien, cada vez más obsesionado con la construcción de una catedral en Nueva York, se encuentra progresivamente alejado de su familia, personificada por su hermosa y desconsolada mujer (Loretta Young).

            A tenor de semejante premisa, es fácil pensar que, en otras manos, el proyecto podría haberse descalabrado en el sentimentalismo más empalagoso o el moralismo más infecto. Pero no. Quizás sea el ‘toque Wilder’, pero dotar a ese bondadoso ángel –en la introducción ayuda a cruzar a un anciano invidente y salva del atropello al carrito de un bebé- de un coqueto lado oscuro contribuye a otorgar a La mujer del obispo un aura especial, repleta de una envidiable sorna que opera como impagable agente conservador de la frescura del filme. Porque ante la crueldad sádica del personaje a la hora de impartir sus lecciones vitales, sus nada disimulados flirteos con la esposa del eclesiástico y la perfecta media sonrisa burlona de Grant, uno no termina de saber si ese espíritu celestial actúa como guía tutelar del desorientado obispo o en cambio es un salaz y discreto demonio que se deja llevar por su disimulada lujuria. No por nada, el hecho de agregar a los carteles promocionales el pícaro (y justificadísimo) subtítulo “Have you heard about CARY AND THE BISHOP’S WIFE?” reportaría un entusiasta repunte en los números de recaudación.

Bien es cierto que, en contrapartida, las aventuras de este ángel entrometido y respondón –ríase usted de la vitalista Amélie Poulain- se adueñan del metraje frente a quien, en justicia, debía ser su protagonista. Aunque casi mejor así, visto desde una perspectiva actual abotargada por la sucesión (por lo general ínfimamente inspirada) de milagros navideños en celuloide; ese temible subgénero. De este modo, Grant saca a relucir su inalcanzable vis cómica, apreciablemente secundado en su vertiente romántica por Young –poco se aprecian en pantalla los posibles choques tras las bambalinas- y, por supuesto, con un David Niven que encarna como nadie el despiste y el aturdimiento que, maliciosos, acechan al porte digno y flemático de todo británico que se precie.

            Es cierto que su desenlace un tanto apresurado no se atreve a remachar con la suficiente potencia ese clavo final que, inclemente, apuntale el atrevido triángulo amoroso. Algo lógico en unos tiempos en los que los días previos al Código Hays quedaban ya desdichadamente lejanos. Con todo y ello, el encanto de La mujer del obispo la convierte una obra todavía recomendable y reconfortante aún a día de hoy.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

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