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1492: La conquista del paraíso

22 Ago

– Es cierto que mucha gente pasa hambre en el mundo, Mal, pero ninguno de ellos pasa hambre por el hecho de que hayamos llegado a la Luna. Tampoco pasan frío o son más tontos porque hayamos llegado a la Luna

– Vale, llegamos a la Luna. ¿Pero de verdad necesitamos llegar a Marte?

– Sí.

– ¿¡Por qué!?

– Porque es el siguiente paso. Porque nos decidimos a salir de las cavernas, y miramos por encima de la primera colina, y descubrimos el fuego, y cruzamos el océano, y conquistamos el Oeste, y alcanzamos el cielo. La historia del hombre es un insaciable proceso de exploración, y este es el siguiente paso.

Sam Seaborn y Mallory O’Brian (El ala oeste de la Casa Blanca)

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1492: La conquista del paraíso

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1492. La conquista del paraíso.

Año: 1992.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Gerard Depardieu, Armand Assante, Sigourney Weaver, Ángela Molina, Fernando Rey, Michael Wincott, Bercelino Moya, Tchéky Karyo, Kevin Dunn, Frank Langella, Mark Margulis, Arnold Vosloo, Steven Waddington, Fernando Guillén Cuervo, Juan Diego Botto, Achero Mañas.

Filme

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           El cine, como arte conservador que es, aprovecha para sumarse a las modas y las tendencias fijadas por la agenda sociocultural de su tiempo. A principios de los noventa, la cercanía de los actos de celebración del quinto centenario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón deparó un puñado de producciones ambientadas en tiempos de los conquistadores españoles: El Dorado, Jericó, Cabeza de Vaca, Cristóbal Colón: el descubrimiento, La controverse de Valladolid, Las mil y una… Américas, Érase una vez… las américas, Las aventuras de Cristóbal Colón y, como ejemplo más representativo, mayor esfuerzo del gigante norteamericano en dicha empresa, 1492: La conquista del paraíso.

           1492: La conquista del paraíso presenta un retrato idealizado de Colón con el objetivo de exponer la intrínseca necesidad del hombre de perseguir la utopía. Un ansia idealista de progreso que es, en definitiva, lo que verdaderamente define a la especie como ente racional, como ser humano propiamente dicho. De este modo, el Almirante queda definido como un visionario alzado en rebeldía contra las fuerzas oscurantistas y conservadoras que retienen al hombre anclado en un medievo de violencia, superstición, odio e intransigencia. La filantropía y el egoísmo; la creación quijotesca y la cínica depredación. El eterno combate interior y exterior entre luz y sombras que contempla el curso de la civilización.

Así pues, el libreto de la francesa Rosalynd Bosch pule y desbasta las arrugas y nudosidades que pudiera tener la mentalidad de un individuo nacido hace cinco siglos, más allá de ese par de matices puntuales de ambición y narcisismo –por ejemplo, el castigo de cortar la mano a los mineros indígenas que robasen metal precioso la implanta Colón, y no Adrián Múgica, su Némesis en el filme-. Con ello, el guion trata de exprimir la esencia sublimada de un viaje osado, genial y trascendente sea cual fuese la proporción verdadera de sus motivaciones. Siguiendo con esta inspiradora idea, las conclusiones del argumento quedarán agridulces al constatar la imposibilidad de, en una repetición del relato bíblico, conservar el Paraíso a causa de la imperfección natural del hombre –“¡nunca supiste hablar mi lengua!”- y la terrible fuerza que aún posee su lado pernicioso, si bien progresivamente contrarrestada mediante ese anhelo inagotable y perseverante de continuar con la persecución del sueño.

           Además de esta vertiente digamos más intimista de la producción, el entonces pujante cineasta británico Ridley Scott aporta temperamento y poderío visual a las imágenes, arrebatadas de intensidad épica hasta el punto de bordear el exceso de grandilocuencia; impresión que se traslada de la misma manera a la convencida interpretación protagonista del temperamental Gerard Depardieu o a la popular banda sonora del siempre barroco Vangelis.

           Al igual que la semblanza que propone de Colón, 1492: La conquista del paraíso es una película suicida y desesperada en su desmesurado romanticismo, lo que, en muchos casos, la condena a la incomprensión y el repudio.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 7,5.

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