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Soy leyenda

20 Ago

“Todo el mundo tiene su propia fantasía sobre el Apocalipsis, qué harían si el mundo se acabase.”

Simon Pegg

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Soy leyenda

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Soy leyenda.

Año: 2007.

Director: Francis Lawrence.

Reparto: Will Smith, Alice Braga, Charlie Tahan, Salli Richardson-Whitfield, Willow Smith, Dash Mihok.

Filme

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            En Soy leyenda, el escritor Richard Matheson establecía un poderoso juego psicológico con el lector, quien, a lo largo de las páginas, había establecido su identificación con Robert Neville, el único superviviente de la extinción de la raza humana enfrentado a los vampiros que han surgido de entre los innumerables cadáveres. Toda esta traslación de personalidad quedaba desmontada al final del relato, en un desenlace dueño de una fuerza reflexiva y moral apabullante donde ese desprevenido lector descubría que, en realidad, su punto de vista en la narración se había correspondido con la figura que más se aproximaba al papel de monstruo, y no al de héroe.

            Tercer largometraje sobre la novela de Matheson –obviaremos I am Omega, el ‘mockbuster’ de la temible The Asylum-, Soy leyenda reduce tamaño conflicto moral al sempiterno y maniqueo enfrentamiento entre el Bien y el Mal, entre luz y oscuridad. En este sentido, el Neville de la película de Francis Lawrence ahonda en el enfoque mesiánico que se le había conferido en El último hombre… vivo para, como sucedía en aquella con Charlton Heston, amoldarse de nuevo como un guante a las pretensiones de su estrella: aquí Will Smith, héroe campechano, familiar y religioso.

Neville, por tanto, es simplemente un hombre bueno que, como el santo Job, después de sufrir una pavorosa sucesión de castigos –producidos en origen porque el ser humano ha tratado precisamente de jugar a ser Dios con el ‘inicuo’ objetivo de curar el cáncer-, debe reencontrar el camino perdido, recuperar la fe y redimirse. Así pues, frente a él, los monstruos son monstruos, sin más vueltas, a pesar de incipientes matices de personalidad que, en última instancia, quedarán por desarrollar, sometidos a un desenlace tontorrón dictado por las normas de esa figura tiránica, pura falacia esgrimida por productores timoratos e incapaces, que es el ‘consumidor medio’ –el final alternativo propuesto sí apostaba en cambio por potenciar definitivamente estos rasgos-.

            De esta manera, el drama pierde complejidad y se convierte en rutinario y predecible; sensaciones que se acrecientan con la adscripción del filme a la plaga zombi –o de infectados, tanto da-, que reverdecía en los ‘blockbusters’ veraniegos durante la primera década del milenio. Las criaturas, además de tediosas, están animadas con unos efectos especiales impropios de una película de estas características y este presupuesto.

            No obstante, dejando de lado su conservador trasfondo ideológico, Soy leyenda tampoco es mal entretenimiento, en sentido estricto. Posee buen ritmo, sabe dosificar bien las dosis de intriga, exhibe algún detalle reivindicable –una muerte elegantemente ejecutada fuera de campo, con un rostro fijo y sonidos de fondo- y como vehículo de lucimiento sabe explotar el carisma y la intensidad de Will Smith, un actor decente, aunque su interpretación atraviese unos cuantos clichés. Y, más que nada, Soy leyenda es corta, con poco más de hora y media de metraje. No corre el riesgo de caer en la grandilocuencia y andarse por las ramas, un defecto que en vez de aportar seriedad y profundidad a las películas taquilleras, acaba sumiéndolas en el marasmo.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 5.

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