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Ida

6 Ago

“Aquí en Europa solo sabemos contar nuestras viejas historias de un pasado lleno de sufrimiento.”

István Szabó

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Ida

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Ida.

Año: 2013.

Director: Pawel Pawlikowski.

Reparto: Agata Trzebuchowska, Agata Kulesza, Dawid Ogrodnik, Adam Szyszkowski.

Tráiler

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           En la primera imagen de Ida, el rostro de la protagonista ocupa solo la parte inferior del plano, como desubicada o, de acuerdo con la regla de los tres tercios de la pintura y la fotografía, sometida bajo dos terceras partes de enigmática inmensidad. Dos tercios desnudos que Ida, novicia polaca huérfana a punto de tomar sus votos de monja, deberá explorar y acaso conquistar a lo largo de este drama interior y minimalista con estructura de road movie.

           Ida describe dos recorridos existenciales interrumpidos por un trauma atroz e indeleble, no solo personal o familiar, sino de la humanidad en su conjunto, latente en el tiempo hasta, probablemente, la eternidad. Nos hallamos así ante una muerte en suspenso y una vida aún entre paréntesis, pendientes de que ese citado nudo que estrangula el pasado se desamarre y libere a ambas. De este modo, el viaje de inmaculada Ida junto a su antitética tía Wanda ‘la Roja’ –la sucinta presentación podría hacerla pasar incluso por prostituta, pese a que en realidad tiene la dignidad de jueza-, avanza desgranando, capa por capa, las emociones –ora particulares, ora compartidas, ora contaminadas-, que se desprenden de estas dos íntimas desconocidas, así como las distintas transformaciones que esta pequeña pero trascendental y abrumadora aventura interior opera en ellas. Aquí, no es casual quién adopta parte activa en la investigación y quién permanece más bien como observadora, en discreto segundo plano.

El remordimiento y la redención; la autodestrucción y la resistencia; el sacrificio y el gozo; el temor y el atrevimiento; la reivindicación y el olvido; la verdad y la mentira; el odio y el perdón. Desenterrar los viejos fantasmas enquistados; enterrar por fin los males y tormentos del pasado. Encontrar el futuro o, por lo menos, conocer su realidad; los matices, entuertos y alternativas que ofrece y esconde, prestos a ser descubiertos, investigados y valorados.

           Pawlikowski propone un trayecto de imágenes estilizadas y armoniosas -que no amaneradas o esteticistas-, dibujadas en un ascético blanco y negro de evocaciones dreyerianas y en el que la austeridad de planos y movimientos –los exactos, los precisos-, supone una afortunada elección formal para hacer aflorar con encomiable delicadeza esta amplísima y a la vez solapada gama de sentimientos, ya sea a través de la tenacidad impetuosa de la magistrada -embarcada en la odisea en un último y desesperado interno de sanar las profundas cicatrices que no han sellado ni el alcohol ni las draconianas sentencias contra los enemigos del pueblo-, sea a través de la límpida y sencilla mirada de Ida –el dónde mira, el cómo mira, el cuándo mira, el por qué mira-.

A este efecto, no es de extrañar la elección para el papel principal de Agata Trzebuchowska, sin experiencia en la interpretación y acreedora de un sobrio e impecable trabajo, bien dirigido por el cineasta y en perfecta química con la veterana y talentosa Agata Kulesza.

           Además, en un hecho coherente con su estilo narrativo, aunque  infrecuentísimo en las tendencias cinematográficas actuales, Ida es lo suficientemente inteligente para durar solo lo que tiene que durar.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

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