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Calle Mayor

29 Jul

“La España fascista es muy chulita y asoma por muchos sitios, la programación de la televisión, la incultura,…”

Jesús Franco

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Calle Mayor

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Calle Mayor.

Año: 1956.

Director: Juan Antonio Bardem.

Reparto: Betsy Blair, José Suárez, Yves Massard, Luis Peña, Alfonso Godá, Manuel Aleixandre, José Calvo, René Blancard, Dora Doll.

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            Más de una década después de finalizada la guerra fratricida, los intelectuales de izquierdas comenzaban a tomar posiciones solapada y tímidamente, con la torva sombra de la censura permanentemente sobre sus rodajes. Así, de entre un sinfín de producciones menores y populacheras, se desgarraba un cine que desnuda con madurez, espíritu crítico y agrio pesimismo a una España hosca, zaherida aún por la devastación bélica y especialmente psicológica, cautiva del miedo, de la persecución de ideales y de cultura, dominada por esa país inferior que ora y embiste cuando se digna a usar la cabeza.

Al año siguiente de estrenar Muerte de un ciclista, Juan Antonio Bardem, cabeza preeminente de esta corriente cinematográfica, estrenaría una de las obras más amargas del periodo, Calle Mayor. Prueba de esa bota que no cesaba de oprimir cualquier postura subversiva, el rodaje del filme encontraría en la encarcelación del director uno de sus más importantes escollos.

            Basada en una pieza teatral de Carlos Arniches, el guion desgrana la desalmada broma que cuatro imbéciles integrales –ejemplos escogidos del español medio, tipos grises por fuera y por dentro que matan su aburrimiento a costa del prójimo-, gastan a una solitaria y desdichada solterona encarnada por la adorable Betsy Blair, quien poco antes había interpretado en la premiada Marty a otra mujer marginada por el culto materialista y aborregado a la imagen -el único papel que Hollywood, receloso de su inquebrantable compromiso progresista, le permitiría protagonizar-.

De la misma manera que la mierda rueda hacia abajo, el patán abusa de quien puede; el cobarde, de quien es tan inocente que no devolverá nunca el miserable golpe.

            Con el argumento escondido en una pequeña ciudad de provincias, proclamada en el prólogo como síntesis universal de todo el país –y en la que se aprecian trazas de Palencia, Logroño y Cuenca-, Calle Mayor captura de forma sucinta y delicada a la vez -contraste entre el influjo neorrealista y el punto de vista de la víctima propiciatoria del relato-, la vida de la burguesía de la posguerra para, mediante su mediocridad inmunda y pegajosa, su carestía de valores y ambiciones de cualquier tipo en contraposición a su fe cosmética e hipócrita, su cerrilismo troglodita y su patriarcalismo irredento, descerrajar un retrato alegórico del régimen político-militar que la sustentaba y promocionaba. De ahí que la cruel aunque dubitativa mezquindad de Juan (José Suárez), de apariencia forzada a ratos, no tenga por qué ser en modo alguno increíble.

En el fondo del cuadro surge también, de manera secundaria, la intelectualidad patria: avejentada, aislada y ridiculizada, que dice examinar su ciudad a través de los cristales de una habitación, desde fuera, como un avezado entomólogo que siente a la vez curiosidad y repulsa hacia las criaturas que encuentra al otro lado de su vitrina. No se da cuenta de que el animal astutamente encerrado, preso sin cadenas, de voz sin proyección, es él. Ante él se contrapone la figura de Federico, que con su ética sin fisuras, situado en todo momento por encima de aquellos personajes que le rodean, acaso representa esta inquebrantable fuerza cultural y política floreciente.

            No obstante, uno, que como los personajes de Calle Mayor es chico de provincias, no puede sino observar la aberrante vigencia de ciertas situaciones, actitudes y caracteres, unos más vivos –las rutinas adocenadas de los amigotes, los dilemas que provoca la contradicción entre egoísmo y empatía-; otros más atenuados –el peso de la religión, el papel social de la mujer-. La España de hoy, la España atávica.

Si a ello se le suma además su reconocimiento en el festival de Venecia, las reminiscencias de Los inútiles e incluso de Las noches de Cabiria, de Federico Fellini, así como de la citada Marty en su acre exposición de la (i)lógica del machismo dominante, cabe pensar que Calle Mayor, si bien especialmente hábil para describir la España de los cincuenta, condensa pulsiones comunes a la raza humana, lo que la sitúa como una obra que traspasa las restrictivas barreras locales.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 8.

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