Open Windows

8 Jul

“Si hay algo que le falta al cine español es regularidad.”

Alejandro Amenábar

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Open Windows

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Open Windows.

Año: 2014.

Director: Nacho Vigalondo.

Reparto: Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell, Adam Quintero.

Tráiler

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             En formato pirata con sonido reverberante y pixel grueso, ante una pantalla de ordenador portátil de alrededor de 15 pulgadas en medio del salón o sobre el escritorio del cuarto, con una conversación de WhatsApp abierta, otorgando un ‘like’ facilón a la nueva foto de perfil en Facebook del chaval o chavala que le hace tilín, controlando el ‘timeline’ de Twitter y repasando los mejores comentarios de los usuarios de Marca sobre el artículo del último mordisco de Luis Suárez.

Las innovaciones técnicas han creado nuevos hábitos de consumo en el espectador medio. Nacho Vigalondo, observador atento y fiel usuario de las últimas tecnologías visuales y de la información, lo sabe. Quizás de ahí el estilo visual y narrativo que impera en Open Windows, thriller cibernético con ‘psycokiller’ que tiene mucho de innovador pero que a la vez acumula una cuantiosa parte de influencias pretéritas.

             La representación del argumento a través de cuatro o cinco pantallas simultáneas dentro de un portátil –más adelante también aparecerán planos subjetivos intermediados por una cámara de video-, es una manera excepcionalmente fidedigna de capturar este modelo de visionado contemporáneo en el que prima la saturación de información que distraiga la mente del usuario aburrido, situado en contraposición con la tradicional (y ya en desuso) concentración monotemática hacia la trama de la película.

Así, la atención del protagonista (Elijah Wood) salta constantemente de una ventana a otra de su ordenador, de un estímulo a otro nuevo, mientras la intriga transcurre muchas veces relegada a un segundo plano desde el que solo se aprecia lo esencial para no perderse en su evolución o, al menos, seguir su hilo malamente mientras se atiende a otra cosa más importante.

             Vigalondo desarrolla así un relato muy hábil en el uso del lenguaje; fresco, reflexivo, que luce cierta influencia tanto del cómic como, de forma más pronunciada, del videojuego, en concreto de las aventuras gráficas ‘point-and-click’. A tenor de este interesante planteamiento, tampoco se penaliza demasiado que el protagonista deje atrás el arquetipo del pardillo para adoptar el razonamiento de un auténtico botarate, o que al guion peque de falta de lógica o verisimilitud. Lo justifica con creces la sagacidad de la propuesta, que aborda asimismo subtextos candentes como el fetichismo a distancia y el voyeurismo que incentiva la pavorosa ultraexposición de la propia intimidad en Internet.

Pero cuando los minutos avanzan y la reflexión se hace reiterativa o, siendo precisos, se diluye, uno recuerda que sobre estos asuntos la estupenda serie Black Mirror ha conjeturado en mayor profundidad, con mayor intensidad y con idéntica originalidad. Entonces, los defectos comienzan a apoderarse de Open Windows.

             En el libreto, las herencias del cine de intriga, que van desde La ventana indiscreta hasta Última llamada, pasando por el giallo italiano -evidente en la construcción del villano en la sombra: misterioso, enfundado en máscaras digitales y literales, amante del arma blanca, homicida de mujeres guapas de dudosa moralidad-, tratan de exhibir su colorido atractivo, si bien lo que predominará serán sus execrables vicios. En sus creaciones anteriores, el cineasta cántabro ya había demostrado su propensión a jugar al ‘no todo es lo que parece’, de manera extraordinariamente mordaz en su célebre corto 7:35 de la mañana y de forma arriesgada y cautivadora en Los cronocrímenes, título que, a pesar de las contradicciones inherentes a las historias sobre viajes en el tiempo, conservaba satisfactoriamente el tipo en su conjunto.

Sin embargo, en Open Windows el recurso a las posibilidades de la altísima tecnología como fantástico desfacedor de entuertos de guion, como herramienta para introducir sorpresas-bomba en trama y personajes y, en definitiva, como motor para conducir a la función hasta derroteros increíbles y enajenados se realiza de modo tan flagrantemente abusiva, subrayada además verbalmente, que uno se pregunta qué intenciones tiene o qué pretende manifestar con ello Vigalondo, un tipo dotado de talento y con cosas que decir.

Por lástima, aparte de los temas anteriormente citados, un servidor no acierta a adivinarlo, lo reconozco.

             En cualquier caso, este manifiesto exceso convierte a los personajes en burdas marionetas tiradas por hilos y termina por dinamitar esa credibilidad que ya advertíamos que, de antemano, exigía voluntad de inocencia y un par de actos de fe a la platea. De nuevo solo cabe pensar, ¿es esta retahíla de giros inverosímiles una advertencia del cineasta acerca de la necesidad del cine de echar mano de despreciables, superficiales y estridentes estímulos para que el reproductor con el filme recupere el primer plano en la pantalla del portátil del público medio? No lo creo, no lo sé y, francamente, no me importa. En la inmensidad de la sala de cine, Open Windows tan solo arroja una estimable apuesta formal jalonada progresivamente con una festiva colección de lagunas, trucos, trampas e incoherencias que, al final, se traducen en no demasiada sustancia.

En consecuencia, el espectador acaba mirando la película completamente desde afuera, ajeno a todo, ya advirtiendo la pantalla, el telón a los lados, las butacas de adelante, el señor mayor que bosteza detrás,… Como quien mira la peli en el portátil, consulta la pantalla del móvil y escribe en las redes sociales al mismo tiempo.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 4,5.

2 comentarios to “Open Windows”

  1. Walder Messin 21 julio, 2014 a 19:34 #

    A mi las pornstar convertidas a Holliwú me dan una pereza enorme…

    • elcriticoabulico 22 julio, 2014 a 23:43 #

      A mí la pereza me la dan las películas en las que estas pobres mujeres suelen caer.

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