Alabama Monroe

13 Jun

“Odio a la gente que llora en el cine. Es especialmente desconcertante cuando estás sentado viendo una película horrorosa y oyes a la gente a tu alrededor sorbiendo y sonándose la nariz.”

Joel Coen

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Alabama Monroe

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Alabama Monroe.

Año: 2012.

Director: Felix van Groeningen.

Reparto: Veerle Baetens, Johan Heldenbergh, Nell Cattrysse.

Tráiler

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            Qué difícil debe de resultar la creación de una película optimista e ilusionada a partir del arquetipo del músico country. La filmografía norteamericana ya nos ha acostumbrado a sus historias introspectivas y crepusculares, bañadas por un mar de nostalgia, embarcadas en un eterno trance agónico aguijoneado por arrebatos de contracultural rebeldía. El cine europeo, parece, no es la excepción.

            Con un sentido del montaje que recuerda a la reciente y muy valorada en el circuito independiente Blue Valentine, Alabama Monroe escribe la crónica el nacimiento y muerte de la relación entre Elise y Didier, tatuadora y cantante de bluegrass respectivamente, a partir del punto de inflexión que supone la trágica muerte de su hija en común.

Este esquema fragmentado, en constante ida y venida del pasado al presente, responde no tanto a intenciones expresivas –carece de la capacidad de diálogo entre ambos espacios temporales que sí poseía la película de Derek Cianfrance-, sino que más bien se reduce al intento de aportar agilidad a una trama que, con todo y ello, da la sensación de estar un tanto alargada y de caer en un dramatismo excesivo hacia sus conclusiones.

            Alabama Monroe habla de temas profundos, como las variaciones del amor o la sensibilidad religiosa y la aproximación particular del individuo hacia la muerte, lo que, por tanto, conduce a la exploración de las maneras de enfrentarse y encontrar, o no, consuelo frente al dolor más desgarrador e incomprensible. Y, desde su fuerte regusto indie norteamericano, lo hace exponiendo su discurso de manera atractiva, con una sabrosa banda sonora, una realización estilizada en el aspecto estético y, especialmente, con el amparo del incuestionable magnetismo de su pareja protagonista, cuya imagen a buen seguro causaría furor en los ambientes más hipsters de Malasaña y Gràcia.

            A su paso, Felix van Groningen deja logrados y expresivos detalles de dirección, caso de ese instante de enorme intimidad y sensibilidad en medio del tumulto de un concierto, reproducido de nuevo durante el enlace de los novios. Alabama Monroe sabe mantener una cierta compostura dentro de su tan melodramático argumento, sin recargar las tintas en las lágrimas más allá de lo legítimo y de lo inevitable, habida cuenta del material disponible. Pierde cualquier sutileza en su postura sociopolítica –el germen de la obra de teatro de la que nace el filme, compuesta por el propio Johan Heldenbergh-, verbalizada sin cortapisas y, por si fuera poco, a gritos.

En cualquier caso, su historia se agota ya un buen rato antes del desenlace y su mensaje final, acompañado además de una escena altisonante por sus fallidas reminiscencias mágicas, dista de cerrar el filme de manera satisfactoria.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

4 comentarios to “Alabama Monroe”

  1. altaica 8 diciembre, 2014 a 01:45 #

    Un auténtico bodrio en toda regla. Peor que los telefilmes de los sábados

    • elcriticoabulico 8 diciembre, 2014 a 15:17 #

      Tiende al moco colgandero, pero yo creo que más o menos mantiene el tipo y la música y la estética son agradables. Peor le va cuando quiere apuntarse al cine-denuncia.

  2. ALTAICA 8 diciembre, 2014 a 23:17 #

    Hay muchas cosas que no me gustan de esta película, y hablo de elementos esenciales como el guión y su pretensión en varios campos, pero una escena que me pone malo es cuando la niña llega a la casa y los miembros de la banda se ponen a cantar y tocar, pero lo que ya produce vergüenza ajena es cuentos hacen un despliegue ridículo de gestos y gracietas mil. Y es precisamente, entre otras, la utilización de la música en momentos muy específicos de la película que me parecen pequeños “pegotes” a modo de un discutible hilo conductor, que es más un innecesario subrayado, a veces meloso, otras edulcorado y siempre demasiado redundante. Melodramática hasta decir basta, previsible siempre y en general tramposa. Un abrazo.

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