Archivo | 15:37

Pépé le Moko

7 Jun

“El hombre no puede saltar fuera de su sombra.”

Proverbio árabe

.

.

Pépé le Moko

.

Pépé le Moko.

Año: 1937.

Director: Julien Duvivier.

Reparto: Jean Gabin, Lucas Gridoux, Meirelle Balin, Line Noro, Gabriel Gabrio, Saturnin Fibre, Gilbert Gil, Fernand Charpin.

Tráiler

.

            En cuestiones de noir, Francia -cuya crítica acuñaría además el término en los años cuarenta-, es la propietaria de la cinematografía que, gracias a su pasión, asiduidad y peso específico, con mayor descaro se atreve a mirar a los ojos del gigantesco referente estadounidense.

            Aunque su periodo más prestigioso pertenece a los años sesenta y setenta, sus referentes propios se remontan décadas atrás. En este sentido, Pépé Le Moko, firmada por Julien Duvivier, uno de los realizadores más destacados del realismo poético de la segunda mitad de los treinta, conforma uno de los pilares esenciales en la construcción del género en el país galo. Por otro lado, respecto a esta sempiterna influencia recíproca con Hollywood, cabe decir que Duvivier señaló a Scarface, el terror del hampa como una de las principales influencias de la obra. Hecho que, en mi opinión, cuesta trabajo identificar en sus fotogramas más allá del fatalismo característico del gángster y el crudo asesinato de un informador.

            Como el Tony de Scarface, Pépé le Moko –“el tolonés”, en argot- es el dueño del mundo, coronado por sus hazañas criminales en los bancos y joyerías de París. Un mundo que, en este caso, se reduce a la Casbah de Argel que le sirve de refugio frente a la justicia francesa pero que, al mismo tiempo, se erige en prisión.

La cámara de Duvivier retrata a un rey cautivo en su jaula de oro. En esta isla corsaria a espaldas de la Francia metropolitana, anárquica y exótica, seductora y peligrosa, Pépé es temido y adorado. Pasea por las estrechas callejuelas e inexpugnables terrazas a su antojo, de mujer en mujer, de taberna en taberna. Jean Gabin, actor fetiche de Duvivier en La bandera y La belle équipe, compone un antihéroe romántico de primer orden. Su carisma y vitalidad solo es equiparable al halo melancólico que embarga su mirada y que grita al espectador las profundidades de su alma, taciturna, doliente, deseosa de recobrar su autonomía sin fronteras.

De ahí que, a medida que avance la trama, esa visión fascinada y sugerente de la Casbah se torne cada vez más angustiosa y sofocante, mísera, sudorosa, mortecina y oscura –resultará esclarecedora la desubicación y la transformación que parecen sufrir los personajes fuera de los estrechos y protectores límites de la ciudadela; frágiles, minimizados, vulnerables-.

Y es que, por momentos, Pépé Le Moko parece más una película carcelaria que un filme criminal. Hay acción, romance, aventura y un colosal duelo/amistad entre Slimane, el cazador sibilino, paciente y astuto (genial Lucas Gridoux) y Pépé, la presa valiente, ingeniosa, irreductible aunque herida y desesperada. Pero en su espíritu prevalece el ansia de escapar, la pulsión irrefrenable de una libertad imposible.

            Pépé le Moko es una película que, desde la sugerencia implícita, propina golpes devastadores e incluso sorprendentemente subidos de tono acerca de las relaciones y la naturaleza de cada personaje, especialmente destemplados y venenosos en la caracterización como “ladrona a su modo” de Gaby -equivalente a Pépé en origen y actividad-, así como en el aspecto sexual por parte del triángulo amoroso que atañe a este mujeriego protagonista –su tasación a primera vista de la acomodada joven-. La competición entre Gaby, etérea y desafiante, e Inés, carnal y entregada, no se convierte así en el clásico enfrentamiento entre la mujer humilde y redentora y la mujer advenediza y destructora. Su desarrollo contribuye a retorcer y  azotar esa trama ya de por sí tormentosa y agónica.

El destino es una fecha escrita en la pared del augur Slimane, augur de los dioses. Tanto así que, en realidad, Slimane quizás ni siquiera cace. Solo espere.

            El arrollador éxito del filme propiciaría la aparición de dos remakes hollywoodienses: Argel y Casbah. Merece la pena citar la anécdota de que Walter Wanger, productor de la primera, intentaría destruir todas las copias existentes del Pépé le Moko original. Sin lograrlo, claro.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

A %d blogueros les gusta esto: