Viva la libertà

22 May

“Sería una gran reforma en la política el que se pudiera extender la cordura con tanta facilidad y tanta rapidez como la locura.”

Winston Churchill

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Viva la libertà

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Viva la libertà.

Año: 2013.

Director: Roberto Andò.

Reparto: Toni Servillo, Valerio Mastandrea, Valeria Bruni Tedeschi, Michela Cescon, Gianrico Tedeschi, Eric Nguyen.

Tráiler

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            ¿Renace el cine político italiano? Gomorra, Il Divo, Draquila – La Italia que tiembla, Díaz: No limpiéis esta sangre, Piazza Fontana: The Italian Conspiracy, Il capitale umano,… Si bien quizás no tan combativo como en los años sesenta y setenta de Elio Petri, Gillo Pontecorvo o Francesco Rosi, parece que, desde las densas tinieblas del berlusconismo que gobierna el panorama social italiano –sea en cuerpo presente, sea en espíritu-, el cine mueve ficha contra la debacle moral y política de un Estado al que España debe prestar atención, dado que tiene la desaconsejable costumbre de seguir su deriva.

            Viva la libertà indaga en un universo agonizante y putrefacto del que siente desafecto hasta el propio líder de la izquierda opositora italiana (Toni Servillo, con su característico estilo teatral, carismático, intenso pero poco natural). No obstante, aunque ambos aparecen hibridados a lo largo de la fábula, el drama emocional prima sobre el drama político. Porque, como el pontífice recién electo de Habemus papam, la historia del Enrico Oliveri de Viva la libertà es la de una espantada. La aparente fuga de responsabilidades por parte de un hombre que busca reencontrar su propia esencia sentimental y, con ello, el calor humano e idealista de la fría y especulativa política del país de Nicolás Maquiavelo.

            Puede que se trate de un planteamiento con posibilidades; no lo tengo del todo claro. El asunto es que la inmadurez de la propuesta provoca que Viva la libertà no alcance cotas demasiado elevadas. Basada en la suplantación de personalidad de una pareja de gemelos que casualmente halla su inesperada vocación gracias al intercambio de papeles, la trama del doble suena a ya vista, a artificio gastado de la commedia dell’arte, a exceso argumental que no logra traducirse en verosimilitud. Meliflua en su lectura afectivopolítica, la realización visual, la banda sonora y las líneas de diálogo se empeñan además en leer un detallado prospecto para guiar las emociones del espectador durante el visionado.

Siguiendo esta misma línea, el retrato de la depresiva y autodestructiva izquierda italiana resulta pálido y sin verdadera garra, mientras que las pullas políticas que pretende propinar el filme son tan superficiales como populistas y, por tanto, ligeras en su calado –no influye el análisis localista, sus premisas con perfectamente intercambiables con las de aquí-.

La figura del loco lúcido que debido a la ausencia de filtros que coarten su honestidad o su clarividente lógica se convierte en la voz del legítimo descontento y el sentido común no es tampoco una figura en exceso original, a pesar de su indudable empatía. De hecho, no hace demasiado la industria del ‘belpaese’ ya explotaba este mismo arquetipo en Viva l’Italia, que venía a ser un Mentiroso compulsivo adaptado a la arena política trasalpina.

            Sobrevive por el magnetismo de Servillo en su doble papel.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 5.

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