El escándalo de Larry Flynt

20 May

Exploración sobre el porno y la libertad de expresión para el dossier sobre Milos Forman en Cinearchivo.

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“En Estados Unidos se sigue teniendo más en cuenta la sexualidad que la violencia, cuando en realidad, el gran problema de esta sociedad es la violencia.”

Rob Schneider

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El escándalo de Larry Flynt

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El escándalo de Larry Flynt.

Año: 1996.

Director: Milos Forman.

Reparto: Woody Harrelson, Courtney Love, Edward Norton, Brett Harrelson, Donna Hanover, James Cromwell, Crispin Glover, Vincent Schiavelli, Richard Paul.

Tráiler

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            Entre las virtudes que aportaban al cine americano los directores europeos emigrados a (o importados por) Hollywood, François Truffaut, abanderado de la Nouvelle Vague y estudioso del séptimo arte, destacaba una sobre el resto: su capacidad para desarrollar retratos muy críticos de la sociedad estadounidense.

            Después de alcanzar una de las cumbres de su carrera gracias a Alguien voló sobre el nido del cuco -el combate del individuo contra una institución superior, llámese sanatorio mental o Estado, que trata de someterlo-, Milos Forman, cineasta procedente de la escuela checoslovaca, huido a causa de la opresión soviética, tomaría las riendas de la adaptación a la gran pantalla de uno de los musicales más exitosos y polémicos de la historia: Hair.

Hair, el musical, había constituido el himno generacional de la juventud hippie. La bandera de la contracultura, del antimilitarismo en tiempos de la Guerra de Vietnam, de la liberación civil y, como principal expresión de la misma, sexual. En un acto de rebeldía y atrevimiento, el reparto cerraba el primer acto totalmente desnudo. Hasta en ciertos círculos, adalides del conservadurismo más rancio y vociferante, se llegó a correr la voz ­–obviamente, nadie había osado presenciar semejante atentado contra la decencia- de que los actores hacían el amor sobre el escenario. La obra llego a enfrentarse a numerosos boicots a lo largo de los Estados Unidos, incluidos atentados de extremada violencia y un proceso penal que, fundamentado por acusaciones de inmoralidad y desprecio contra la bandera, acabaría en la corte suprema del país. Un conflicto entre moralidad y libertades que sin duda, en combinación con el potencial melómano del proyecto, consiguió captar la atención del realizador checo.

Por esta razón, no es de extrañar que casi dos décadas más tarde -también con el propósito de burlar el paso atrás en su prestigio provocado por Valmont-, Forman entrase a formar parte del equipo que, capitaneado por el siempre escéptico y contestatario Oliver Stone en labores de producción, llevaría al cine la vida de Larry Flynt: el magnate de la pornografía entendida como entretenimiento crudo y directo cuyos avatares legales y morales seguirían un camino curiosamente semejante a los sufridos por el musical Hair.

            El escándalo de Larry Flynt examina la naturaleza misma de los Estados Unidos a través de sus credos y sus contradicciones idiosincrásicos. A lo largo de la discusión acerca del derecho a la libertad de expresión recogido en la Primera Enmienda de su Constitución, el filme desgrana a su vez otros aspectos inherentes a la esencia del país. Son temas como el cuestionamiento del sueño americano –Flynt, al fin y al cabo, es un obstinado emprendedor que busca ganar su millón a partir del primer centavo-, el culto al beneficio económico, la defensa de la iniciativa y la libertad individual, expuesta casi a modo de rebelión frente a un sistema monstruoso y deshumanizado –un rasgo parangonable al inconformista R.P. McMurphy de Alguien voló sobre el nido del cuco-, o la doble moral característica de su sociedad, tan orgullosa de su belicismo como de su mojigatería.

Es la ambigua herencia de una nación que se dice fundada por puritanos y que, más tarde, forjó su Destino manifiesto con la imprescindible ayuda del arma. Valga recordar aquella grabación de una sanguinaria intervención militar en Irak en el que la censura televisiva actuó no difuminando u ocultando los violentos asesinatos perpetrados, sino sobreponiendo el tradicional pitido agudo por encima de las blasfemias proferidas por los soldados.

            En este sentido, no es casual que Flynt –que durante el metraje realiza un sorprendente cameo bajo la toga de un inflexible juezse presente a sí mismo como una de las múltiples encarnaciones de América, enarbolando todo el arsenal iconográfico estadounidense. Ese que asimismo se enfundarán de manera alegórica, al servicio de un mensaje muy cáustico, películas criminales recientes como Mátalos suavemente o Dolor y dinero -el gángster, en definitiva, el sempiterno reverso oscuro de ese reluciente sueño americano antes aludido-.

            No obstante, la lucha planteada por Larry Flynt (un Woody Harrelson que conseguiría una nominación al Óscar por el papel), no es una lucha ejemplar. En una demostración de sinceridad, el guion de Larry Karaszewski y Scott Alexander no dibuja a un héroe, sino a un tipo zafio, pueril, sensacionalista, provocador y delirante, si bien dotado de una evidente labia, dueño de unas cuantas argumentaciones irrefutables y que, por azares del destino, se convierte en el vehículo idóneo para reivindicar algo muy superior a su ¿detestable? figura como es el derecho inalienable a libertad de expresión, al igual que para la exploración de los límites y fronteras de la misma o la discriminación entre puntos de vista morales subjetivos y estatutos legales objetivos. “Si la Primera Enmienda me protege a mí, que soy el peor de todos, cómo no os va a proteger a vosotros”, espeta Flynt al público expectante a uno y otro lado de la pantalla.

De hecho, las declaraciones posteriores al rodaje de Forman revelarían que su postura privada se aproxima mucho a la del verdadero paladín de las libertades civiles de El escándalo de Larry Flynt: Alan L. Isaacman, el abogado que en la cinta interpreta un Edward Norton en la cima de su carrera y su popularidad, seducido para este personaje secundario por la significancia social del proyecto y por la oportunidad de trabajar con el reconocido cineasta. Es decir, un ostensible desprecio por los medios y la manera de entender la vida del sujeto, pero una innegociable adhesión a los valores y fines democráticos y liberales de su batalla.

            Inscrita dentro de un género, el biopic, propenso a la linealidad y el tedio, la película, voluntariosa aunque algo espesa en su narración, flaquea en buena medida al no conseguir otorgar la debida entidad a la vertiente emocional del relato de Flynt. Si bien con un notable peso en el metraje, la crónica de su devoto y trágico matrimonio con Althea (Courtney Love, quien aprovecha con tino su experiencia personal en el striptease, los emparejamientos con celebridades y el consumo de drogas) carece de la intensidad deseable. Además, la función resulta más atractiva, amena e interesante no tanto en las ilustrativas enseñanzas drama judicial, sino cuanto más enloquecido y caprichoso aparece su protagonista. En otras palabras, cuando el filme se atreve a desatarse un poco de los corsés de su alegato. Delirantes detalles de frescura que, cabe decir, tampoco riñen -más bien al contrario-, con el discurso comprometido que propone el filme.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

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8 comentarios to “El escándalo de Larry Flynt”

  1. E. J. Castroviejo 20 mayo, 2014 a 22:59 #

    Qué duro has estado con la nota, a mí me encantó la historia y la película. Y el director es responsable de varias películas que me sé de memoria. Abrazos

    • elcriticoabulico 21 mayo, 2014 a 15:32 #

      Probablemente sea culpa mía: las películas biográficas se me hacen muy cuesta arriba. Sobre Forman, te recomiendo el dossier de Cinearchivo. Análisis riguroso y exhaustivo por unos cracks de la pluma cinéfila.

      • E. J. Castroviejo 21 mayo, 2014 a 16:01 #

        Será eso, porque a mí de hecho (en papel o en el cine) me encantan las biografías (cuando se trata de una buena historia, claro). Gracias por el consejo. Abrazos.

      • elcriticoabulico 22 mayo, 2014 a 01:00 #

        Por ponerte un ejemplo, fui incapaz de terminar la biografía sobre Sam Peckinpah, que es mi director favorito y, además, tiene una vida bastante revuelta. No les cojo el punto, no sé por qué.

  2. plared 21 mayo, 2014 a 00:00 #

    Me pareció muy buena película. Que aparte de su mensaje, se ve con agrado y aunque la historia no te interese demasiado, consigue que entres en ella. Cuando la vi me sorprendió y me gusto bastante. Cuidate

    • elcriticoabulico 21 mayo, 2014 a 15:33 #

      A mí es que se me hace un poco espesa a ratos… Pero es una buena peli, no cabe duda.

  3. altaica 21 mayo, 2014 a 20:20 #

    Estoy con Abúlico, una película que jamás llega a parecerme notable. Si bien no atesora grandes defectos, igualmente no alberga grandes virtudes. Le falta esa alma que indicas. Otra crónica superior. Insisto, leerte es un auténtico placer y es de bien nacidos darte las gracias. Un abrazo

    • elcriticoabulico 22 mayo, 2014 a 01:01 #

      ¡Muchas gracias Altaica! (Por los halagos y por respaldar mi opinión). Un abrazo.

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