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Oh Boy

15 May

“Todo es divertido, siempre y cuando le esté sucediendo a otra persona.”

Will Rogers

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Oh Boy

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Oh Boy.

Año: 2012.

Director: Jan Ole Gerster.

Reparto: Tom Schilling, Marc Hosemann, Friederike Kempter, Ulrich Noethen, Katharina Schüttler, Michael Gwisdek.

Tráiler

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            Resulta sorprendente la coincidencia en la cartelera española del 2014 en curso de, por el momento, cinco interesantes propuestas que tienen en común la fotografía en blanco y negro: A propósito de Llewyn Davis, Nebraska, Ida, Frances Ha y Oh Boy.

Filme debut en la ficción del realizador y guionista alemán Jan Ole Gerster, esta última, curiosamente, posee reminiscencias coenianas en el concepto de odisea en el absurdo de la civilización contemporánea, equiparable incluso a las andanzas del infortunado cantautor Llewyn Davis o, citando esta vez a Scorsese y Truffaut, a las desventuras del Paul Hackett de la crudelísima ¡Jo, qué noche! y las del icónico y desorientado Antoine Doinel durante toda su trayectoria cinematográfico-vital.

            Oh Boy escribe la crónica, a un paso del surrealismo o el sonambulismo, de un día en la vida de Niko Fischer (muy acertado Tom Schilling); desde el amanecer -el abandono de su novia de siempre-, hasta el anochecer -cuando, por fin, encuentra la taza de café que tanto le ha costado hallar-. Fischer es un personaje de similar patetismo a Davis, aunque, al igual que otros personajes procedentes de películas anteriores de los Coen, tampoco se esfuerza por tomarse tan en serio a sí mismo, a pesar de esa profunda y nada graciosa crisis existencial que le lleva a deambular sin rumbo.

Parte de la culpa de su (hilarante) desgracia es indudablemente suya, pero al mismo tiempo es víctima de un sistema ridículo y abusivo o de las sádicas trampas con las que la desquiciada sociedad actual insiste en trabar al ciudadano de a pie.

            De este modo, su azoramiento y alienación, característica del adultescente por definir y compartida bajo otras manifestaciones con el resto de individuos del relato, se revela paralelo a la de la nación alemana en su conjunto, colonizada por ininteligibles anglicismos -el propio título es un ejemplo- e incapaz de acudir a su traumático pasado sin echar mano de estúpidos tópicos o autocensurarse mediante temerosos tabúes –no parece casual, por tanto, que el único remanso de paz de la historia tenga lugar al lado de una anciana con demencia senil-.

En este sentido, Berlín constituye un personaje más, retratada con un estilo que, si bien es menos complaciente con la monumentalidad de la urbe, recuerda un tanto a la sinfonía de Manhattan de Woody Allen, compuesta asimismo en blanco y negro y a ritmo de jazz.

            Ligera, fluida y de extensión equilibrada, la cinta sabe mantener con entereza el pulso narrativo, respaldada en todo momento por el afinado y humorístico sentido del absurdo del guion. Un libreto hábil a la hora de ofrecer un ramillete de escenas de estimable comicidad sin que por ello la obra pierda esa elegancia estética, dotada de un tenue toque de lirismo melancólico, que le otorga un sabor especial, estimulante.

            Oh Boy se afirma, en definitiva, como una película fresca, una reseñable opera prima.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

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