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La patrulla perdida

25 Abr

“Si aparecen caballos, es un western”

Leo Siegel (Argo)

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La patrulla perdida

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La patrulla perdida.

Año: 1934.

Director: John Ford.

Reparto: Victor McLaglen, Boris Karloff, Wallace Ford, Reginal Denny, J.M. Kerrigan, Billy Devan, Alan Hale, Brandon Hurst, Douglas Walton, Sammy Stein, Paul Hanson.

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            Entre 1927 y 1938, desde Tres hombres malos hasta La diligencia, John Ford no rodaría ningún western. Una afirmación que, no obstante, puede que no sea del todo exacta. Los soldados ingleses de La patrulla perdida, extraviados tras las líneas enemigas en el despiadado desierto de Mesopotamia durante la Primera Guerra Mundial, bien podrían ser los mismos que protagonizarán las películas de la Trilogía de la caballería, sustituyendo en este caso al enemigo indio por el árabe. De hecho, como en Fort Apache y Río Grande, entre sus filas se encuentra también otro sargento Quincannon, de idéntica afición a la melopea.

            Remake de la cinta británica del mismo nombre, rodada silente en 1929 y con Cyril McLaglen en el papel principal que aquí heredará su hermano mayor Victor –que, otra casualidad, era veterano de la campaña descrita en el argumento-, La patrulla perdida propone una aventura de supervivencia extrema que no descuida, sino que más bien prioriza, el estudio individualizado de caracteres –asimismo uno de los rasgos fundamentales de la citada Trilogía de la caballería-.

Aunque estimable, este recorrido por la distinta naturaleza, motivaciones y talante bélico de la tropa, a estas alturas algo sobado, padece el desgaste lógico producto del paso de los años, lo que afecta a los resultados generales de la obra. Un capítulo, en el que se suma además la oposición entre el sobrio protagonismo de McLaglen, actor fetiche de Ford durante los años treinta, y el descontrolado histrionismo de un Karloff poco o mal dirigido.

            El filme resulta por ello un tanto estático en parte de su metraje y sufre en ocasiones una relajación en su tono y su corrosivo pesimismo que no le sienta del todo bien.

Por el contrario, la función se alegra a medida que el cineasta norteamericano introduce cuidadosamente la correspondiente y electrizante carga de tensión psicológica dentro de este paisaje desolado y mortífero, gobernado por una muerte sin rostro y en el que resuenan ecos de un castigo divino provocado por la sinrazón y la maldad del hombre, reducido a la condición de fiera absurda –el pelotón, carente de órdenes o destino en su agonía, vaga por las ardientes arenas en medio de una guerra invisible, sin sentido y no por ello menos atroz-.

Un Ford menor.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6.

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