El gran hotel Budapest

7 Abr

Las llaves, en El Peliculista.

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“La comedia es un género muy particular, muy exigente y muy estricto en términos de dirección. El problema es que nada debe interponerse en el camino de la risa. Nada debe distraer al público de lo que se supone debe hacerle reír. La comedia tiene que ser real, sencilla y clara.”

Woody Allen

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El gran hotel Budapest

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El gran hotel Budapest.

Año: 2014.

Director: Wes Anderson.

Reparto: Ralph Fiennes, Tony Revolori, Saoirse Ronan, Jude Law, F. Murray Abraham, Adrian Brody, Willem Dafoe, Edward Norton, Tilda Swinton.

Tráiler

 

            Wes Anderson es como es y así hay que quererle (o no). Emblema de la modernidad cinematográfica y estética –es un hipster antes de los hipsters de ahora-, adalid del individuo marginado y sensible, melancólico incurable de la unión familiar maltrecha y defensor del cine como terapia psicológica privada y patio de recreo particular, su obra se encuentra en un punto intermedio entre lo adorable y lo irritante. Que caiga a uno u otro lado de la balanza queda a consideración de cada cual.

            El Gran hotel Budapest pertenece a ese espectro de su filmografía que menos fidelidad exige al público respecto al estilo único e intransferible del cineasta texano, junto a ejemplos como la irregular Viaje a Darjeeling o la genial Fantástico Sr. Fox. La cinta presenta alguna de sus inquietudes más reflexivas y metalingüísticas, caso de la unión indisoluble entre recuerdos y fantasía o la consiguiente autoconciencia de un relato de ficción cuya estructura imita a las muñecas matrioskas: un lector que lee a un escritor que escucha a un personaje que rememora una trama y un protagonista.

            Pero se trata de una intromisión autoral tibia y perfectamente camuflada, que no instiga ese efecto distanciador entre espectador y espectáculo por el que apostaban sus películas más pedantes y fatigosas –Los Tenenbaums. Una familia de genios, Life Aquatic y Moonrise Kingdom, especialmente-.

Aquí, en vez de plantarse ante el espejo y contemplar su propia imagen con una mezcla de compasión y narcisismo, Anderson se ocupa de narrar una historia que parece sacada del clásico argumento detectivesco: el asesinato de una acaudalada anciana y la disputa de su herencia en una Centroeuropa de cuento o idealizada, al borde de descalabrarse en el fascismo -que es en realidad la historia nostálgica de la forja de una fortuna, que es en realidad la historia nostálgica de la construcción de una novela, que es en realidad la novela que lee un lector nostálgico-.

            El filme posee el espíritu alocado, delirante y vertiginoso de las ‘screwball comedies’ de los años treinta, filtrado, por supuesto, por el sello de autor de Anderson. Es decir, una puesta en escena minuciosa, naif, preciosista y recargada –el hotel en sí mismo es el mejor ejemplo de ello- por la que deambulan una miríada de personajes extravagantes, impulsivos, pueriles, imprevisibles y encarnados por toda una galería de intérpretes estelares, amigos y colaboradores del director.

En una evolución paralela a la de sus películas, la delicada vis cómica de Anderson se torna cada vez más popular y asequible gracias a una combinación entre el humor visual heredado de los dibujos animados y el efectivo juego de contrastes entre solemnidad y absurdo –la introducción del escritor y su gamberro nieto, la actitud amorosa y aprovechada de Monsieur Gustave ante sus clientas octogenarias y ricachonas, el lenguaje pomposo dinamitado con palabrotas,…-.

            Estos mismos principios provocan que El gran hotel Budapest comience su aventura con fuerza y vitalidad. Una sorpresa efervescente, rebosante de simpatía y visualmente deslumbrante. Y, al mismo tiempo, estos mismos principios, sumados a un mal control del pulso por parte de Anderson, provocan que la El gran hotel Budapest pierda fuelle a medida que avanza el metraje y pueda acabar produciendo empacho. No obstante, la propuesta logra sostenerse a través de ocurrentes chispazos sueltos hasta recuperar cierto color perdido en su desenlace, donde, finalmente, no está de más una sonrisa complacida a modo de rúbrica.

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7.

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5 comentarios to “El gran hotel Budapest”

  1. E. J. Castroviejo 17 septiembre, 2014 a 20:14 #

    La vi ayer y pasé un buen rato: sensacional reparto, una historia y edición muy originales. La recomiendo también. Saludos, abúlico.

    • elcriticoabulico 17 septiembre, 2014 a 23:39 #

      Cuando Anderson deja de atusarse el flequillo ensimismado delante del espejo, cuenta historias medianamente bien.

  2. altaica 10 octubre, 2015 a 22:09 #

    Otro ejemplo manifiesto de un cuento tontísimo y, eso sí, monìsimo que pone sobre el tapete el nivel crítico e intelectual de la sociedad en la que vivimos. Una puerilidad tan naif y ñoña, como estúpida y profundamente vacía. Es lo que hay. Sólo me gusta el uso retro de ciertas licencias cinéfilas. Qué tiempos estos madre de mi vida.

  3. altaica 10 octubre, 2015 a 22:12 #

    Se me olvidaba, un pastiche entre Burton, Guilliam y Tarantino.

    • elcriticoabulico 11 octubre, 2015 a 17:11 #

      Es la marca de fábrica del director, muy apreciado entre los amantes de cierto cine alternativo de sentimientos e inocencia pero que a mí, en realidad, menos en Fantástico Sr. Fox que es una maravilla, me parece demasiado ñoño, infantilizado y con ese culto a la estética tan presente en la sociedad como vía de definición personal y que a mí, de nuevo, se me hace tan pesado. Genera pasiones, eso sí.

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