Archivo | marzo, 2014

The Grandmaster

20 Mar

La vida como crepúsculo. The Grandmaster en OcioÁvila.

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Viaje a Darjeeling

19 Mar

Es la peor considerada entre los fans de Wes Anderson (entre los que no me incluyo), pero a mí me parece, dentro de su irregularidad, de las más simpáticas y menos ensimismadas de su filmografía. Cine Archivo, de viaje a Darjeeling.

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Life Aquatic

18 Mar

“Me encanta la forma en la que escribe Wes Anderson. Me gusta mucho la manera que tiene de rodar, y me gusta ÉL. Me encanta la forma en la que trabaja y la pasión que pone en su vida. Es una lección para todos: coger lo se ama y trasladarlo de la forma en la que se vive consigue repartir amor por el mundo.”

Bill Murray

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Life Aquatic

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Life Aquatic.

Año: 2004.

Director: Wes Anderson.

Reparto: Bill Murray, Owen Wilson, Cate Blanchett, Anjelica Huston, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Michael Gambon, Seymour Cassel.

Tráiler

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            No cuesta imaginar a Wes Anderson como alguien que, a través de una ficción diseñada a medida, intenta proteger su inocencia infantil frente a una realidad exterior hostil y malencarada, ávida destructora de su bondadosa (y un tanto engreída) ingenuidad de buen salvaje. No por nada, el entusiasta y obcecado protagonista de Academia Rushmore poseía una carga autobiográfica en absoluto desdeñable.

            Confirmado oficialmente como una de las grandes promesas surgidas del cine indie de los noventa gracias a la nominación a mejor guion original por Los Tenenbaums. Una familia de genios -firmado junto a su amigo y colaborador Owen Wilson-, Wes Anderson buceaba en su universo naif, surreal y colorista en búsqueda de Steve Zissou, documentalista marino en franco declive, torturado por la sangrienta muerte de un fiel amigo durante su último proyecto y supuesto padre inesperado de un señor de Kentucky aparecido de improviso.

            En cierta escena, el atribulado Zissou (Bill Murray, encarnación del estoicismo) exclama “¡Es un documental! ¡Todo esto está sucediendo en realidad!” a propósito de una toma cochambrosa y desde el obvio decorado que constituye su estrafalaria fusión de submarino y barco científico. Con Life Aquatic, Anderson se sumerge el cine de aventuras pasado por el filtro de su particular sensibilidad de autor, lo que le sirve para componer un discurso acerca de las mentiras e imposturas que dominan la vida cotidiana, factores de alienación y desencanto ante los que conviene imperiosamente despertar y liberarse –aunque sea por medio de una caída por las escaleras, al igual que el protagonista-.

Son, en definitiva, fingimientos tan burdos como esos documentales atados a un guion tan repleto de dramatismos; tan patéticos como el caricaturesco Zissou, trasunto de Jacques Cousteau, naturalista estrella con desprecio por los animales y encantado de conocerse.

Códigos sociales y convenciones cinéfilas convertidas en traviesos y melancólicos juegos y peripecias -un tono lúdico que recuerda por cierto a los safaris del ¡Hatari! de Howard Hawks-, alrededor de los cuales se reúne una galería de personajes inmersos en una obra de teatro autoconsciente, escrita con fotogramas de radiantes colores sólidos, criaturas sorprendentes, tramas estrambóticas, versiones bossa-nova de David Bowie y abundante ‘product placement’. Sujetos que necesitan aferrarse imperiosamente a su punto de vista subjetivo de la existencia para sobrevivir a la deriva en esa indiferente, aséptica y cruel realidad que se cierne entorno a ellos. Lo existencial y lo metalingüístico quedan así entreverados de manera indisociable.

            El asunto es que, por momentos, uno no sabe si sentir ternura o, una vez empalagado por tanto infantilismo artificial y redicha reflexividad cinematográfica, ensayar una imitación de lo que hiciera Gene Hackman durante el rodaje de Los Tenenbaums, agarrar por las solapas a Anderson e instarle a que deje de creerse Peter Pan y se haga adulto de una maldita vez.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

Los Tenenbaums. Una familia de genios

17 Mar

“Por supuesto que me marcó el divorcio de mis padres, pero ¿en qué niño no lo haría? Supongo que mis películas vuelven una y otra vez a ese tema, pero, francamente, no sabría decir qué intención exacta tiene en ellas.”

Wes Anderson

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Los Tenenbaums. Una familia de genios

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Los Tenenbaums. Una familia de genios.

Año: 2001.

Director: Wes Anderson.

Reparto: Gene Hackman, Anjelica Huston, Ben Stiller, Gwyneth Paltrow, Luke Wilson, Danny Glover, Kumar Pallana, Owen Wilson, Bill Murray, Seymour Cassel, Alec Baldwin.

Tráiler

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            En el ‘auteur’, el proceso de creación artístico se encuentra firmemente enraizado con la vivencia y el sentimiento íntimo. Si un niño podría hacer un dibujo plasmando las emociones que le produce el divorcio de sus progenitores, imaginen de lo que es capaz un cineasta independiente y bullicioso como Wes Anderson con idéntico asunto.

            Si sus experiencias escolares le habían valido para dar forma a Academia Rushmore, Los Tenenbaum. Una familia de genios supondrá el intento del director texano de exorcizar el trauma infantil de la separación de sus padres –el tema el de las familias disfuncionales o sui generis que, por otra parte, conformará una constante recurrente en su filmografía-.

Entrando en simplistas psicologismos, la película parece servir como catarsis personal y materialización de sus deseos privados acerca del reencuentro y la reconciliación familiar, trasladado a las surrealistas aventuras de Royal Tenenbaum (Gene Hackman), crepuscular cabeza de familia, pueril e infiel por naturaleza, en busca de recuperar el extraviado amor de los suyos -y ya si acaso redimirse de sus pecados-.

En contraste, su descendencia -un tiburón de las finanzas (Ben Stiller), una dramaturga existencialista (Gwyneth Paltrow) y un campeón de tenis (Luke Wilson)-, parecen extrapolar el espíritu del propio Anderson desde su actitud rencorosa/hostil, apática/desencantada y tierna/misericordiosa respectivamente. Todos ellos seres incompletos, con la inocencia segada y su maduración interrumpida. En definitiva, esa misma mezcla de ingenuidad infantil y melancólica ironía adulta que, de hecho, se aprecia en el particular estilo del realizador.

            Los Tenenbaums presenta un libreto firmado al alimón por Anderson y Owen Wilson que utiliza como base fundamental el tono candoroso del cuento, con la adición de puntuales notas sarcásticas e incluso ligeramente macabras. Contextos argumentales y estados de ánimo registrados con precisión y viveza gracias a la característica puesta en escena colorista, pulcra y estéticamente refinada del cineasta, lo que se extiende incluso al vestuario, hipster antes que los hipsters (de ahora).

            En lo que representa otra clara tendencia de su cine, los hallazgos formales y el ingenio narrativo se alterna con la propensión a excederse en la cantidad de los ingredientes empleados, lo que deriva en el empalago emocional –la recreación autocomplaciente en la caricaturesca inmadurez e inadaptación de sus personajes- y visual –la recreación autocomplaciente en su virtuosismo artístico y el petulante distanciamiento hacia su obra-.

Las desamparadas criaturas de Anderson desprecian el punto medio entre resultar entrañables y resultar ñoñas; problema que se acentúa, inclinándose afectadamente hacia esta segunda opción, en aquellas ocasiones en las que el carismático Gene Hackman pierde peso en la historia.

Porque los desdichados y excéntricos Tenenbaum -que bien darían para una curiosa sesión doble con la familia Panero de El desencantopueden ser adorables, pero también un poco pelmazos.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 6,5.

Nacida en el Oeste

16 Mar

“¿Por qué el western tiene tanto éxito en todo el mundo? Es porque un hombre dice: Voy a hacer algo. Y lo hace.”

Anthony Mann

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Nacida en el Oeste

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Nacida en el Oeste.

Año: 1959.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Karen Steele, Michael Dante, Andrew Duggan, Virginia Mayo, Michael Pate.

Tráiler

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            Tradicionalmente, se considera que son siete las películas que dan forma al ciclo Ranown, la saga de lacónicos y abstractos westerns que nacería de la alianza artística entre el productor Harry Joe Brown, el actor Randolph Scott y el director Budd Boetticher, bautizado así por la productora fundada por los dos primeros –en realidad solo ejecutora como tal de un par de títulos-.

Cabe decir que, por tanto, el ciclo aúna entre estos siete filmes excepciones administrativas como Tras la pista de los asesinos, el pistoletazo de salida de la serie, financiado por Batjac, la productora de John Wayne, o Nacida en el Oeste, que sería gestionada por el estudio Warner Brothers, en concreto a través de la iniciativa de Henry Blanke. No obstante, la repetición de los principales rostros del proyecto, así como la coherencia argumental y estilística que muestran respecto al conjunto de la saga, permite englobarlas sin problemas bajo esa denominación única.

            Nacida en el Oeste –incomprensible traducción del original Westbound, otrora también conocida como El correo del oroes el único ejemplo del Ranown ambientado durante la Guerra de Secesión estadounidense, si bien se tratará de un elemento de escasa repercusión en el argumento, reducido a un simple agente más que incentiva la confrontación entre el bien, de nuevo representado por la solidez granítica de Scott, y el mal, encarnado por unos cuatreros adueñados de uno de los puntos clave en la ruta de transporte del oro nordista.

Para más inri, el respetable líder de la banda será un viejo amigo del protagonista, enriquecido y corrompido por múltiples negocios fraudulentos y desposado con su antigua enamorada, la bella Virginia Mayo.

            Permanecen intactas señas de identidad del ciclo como la eterna fatiga del héroe, el jinete desfacedor de entuertos errante a perpetuidad, sin hogar, ni amor, ni victoria completa. Repescado en su cometido de explorador y pionero por parte del ejército de la Unión, Scott hace frente a esta doble traición, política y romántica, con la fuerza de su valor y su integridad sin fisuras.

            Sistemáticamente despreciada como uno de los puntos más bajos de la serie, Nacida en el Oeste demuestra sin embargo un apreciable pulso en la narración de los avatares del protagonista, enfrentado a un villano con suficientes dobleces morales -e incluso líricas y emocionales a causa de las implicaciones sentimentales de la lucha- como para constituir un foco de interés que supere con suficiencia la tibieza del posible maniqueísmo.

Boetticher relata la historia con su característica economía, tan elegante como enérgica, mientras que Randolph cumple con eficiencia el único cometido adaptado a sus escuetas capacidades interpretativas: aportar presencia, firmeza y cierto halo doliente a su personaje.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,1. 

Nota del blog: 6,5.

My Blueberry Nights

15 Mar

“No me planteo hacer cine otra vez. Fue estupendo, pero no es lo mío. Hay que levantarse muy temprano, trabajar 14 horas al día… No, gracias. Bueno, si hay un actor muy guapo igual me lo pensaría.”

Norah Jones

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My Blueberry Nights

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My Blueberry Nights.

Año: 2007.

Director: Wong Kar-Wai.

Reparto: Norah Jones, Jude Law, David Strathairn, Rachel Weisz, Natalie Portman.

Tráiler

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            “He tardado un año en llegar aquí”, afirma Lizzie, protagonista de My Blueberry Nights, cuando retorna al café desde donde precisamente había iniciado su improvisada e impulsiva aventura. Esta única frase condensa el significado del viaje, uno de los sintagmas primigenios de la creación mitológica, literaria y cinematográfica. Un camino de iluminación, de autodescubrimiento.

            Con My Blueberry Nights el cineasta chino Wong Kar-Wai daba el salto a los Estados Unidos y a la lengua de Shakespeare para rodar una cinta romántica con estructura de ‘road movie’. En esta ocasión, los corazones rotos y las almas solitarias abandonadas en tierra de nadie que pueblan su filmografía concitan su encuentro a través de la huida sin rumbo de la joven Lizzie (una Norah Jones para enamorarse), quien elige el asfalto de la carretera como herramienta para olvidar el despecho de una relación fallida y traicionada.

El renacimiento sentimental por medio del viaje, decíamos.

            Al igual que ocurre con sus principales líneas argumentales -expuestas de manera más clásica y cronológica de lo que acostumbra Wong-, en la película se reconoce la expresiva caligrafía del autor asiático, pudorosa e íntima –el predominio de la mirada exterior, un tanto distanciada y ligeramente vouyerística a los personajes-, muy trabajada en su manejo del simbolismo visual y conceptual. No obstante, su refinamiento formal parece algo menos afinado que en otras ocasiones, con elementos un tanto estridentes en el caso de ciertas transiciones y encadenados poco lucidos.

Entre detalles de enorme calidad sentimental y sensitiva, permanece, por supuesto, esa habilidad característica de Wong para reflejar el intento infructuoso de los personajes por atrapar o retener sin éxito instantes emocionales predestinados a la desaparición; momentos frágiles de encuentro y desencuentro entre espíritus anhelantes de romance; escenas fugaces, diluidas por el tiempo inexorable.

            Por ello mismo, habida cuenta de la tendencia al amor platónico con matices melancólicos y un tanto pesimistas que suele predominar en el cine del autor, resulta extraño encontrar en My Blueberry Nights los dos sencillos pero conmovedores besos que se producen en momentos clave del metraje, capturados con gran delicadeza y hermosura. Dos amores correspondidos que, por fin, se mezclan y funden, como la tarta y el helado.

Ambos componen los puntos climáticos de un filme organizado en tres capítulos: Nueva York, Memphis y Nevada, dotados de distinta tonalidad cromática para cada uno –colores nocturnos y azulados, rojizos, dorados y diurnos respectivamente- y con desigual bagaje en su aportación al conjunto –no termina de funcionar el melodrama sureño guiado por una desatinada Rachel Weisz-.

            Una de las obras más abiertamente optimistas de Wong Kar-Wai.

 

Nota IMBD: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

2046

14 Mar

“Un director solo hace una película en su vida: luego la trocea y la vuelve a reconstruir.”

Jean Renoir

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2046

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2046.

Año: 2004.

Director: Wong Kar-Wai.

Reparto: Tony Chiu Wai Leung, Zhang Ziyi, Faye Wong, Takuya KimuraGong Li, Carina Lau, Chen Chang, Maggie Cheung, Wang Sum, Ping Lam Siu.

Tráiler

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            Un espacio futuro que proyecta las vivencias románticas propias y ajenas de un escritor que, a su vez, es en cierto modo el alter ego del cineasta. Una compleja y sólida arquitectura en la que cada relación sucesiva remite sin poder ocultarlo a un recuerdo del pasado, el cual, por su parte, trata de esconder aun otra dolorosa cicatriz previa, también fruto de la pasión. Una sucesión de evocaciones y reminiscencias solapadas que se retrotraen hasta la herida seminal, el primer y verdadero amor frustrado de manera irreparable. “El final feliz que pudo ser y no fue”.

            Prorrogación de las experiencias de Días salvajes y Deseando amar (In the Mood for Love), 2046 acogía la nueva inmersión de Wong Kar-Wai en los vericuetos de la memoria y los callejones sin salida de la eterna y nunca satisfecha búsqueda romántica. Tres obras que ofrecen variaciones de una misma melodía. Registros anímicos y pulsiones amorosas captadas a través de una cronología adaptada a la sensibilidad de sus protagonistas mediante el ejercicio del recuerdo, todos ellos pues partícipes de un tiempo maleable y líquido aunque irreversible e inasible por naturaleza, que aplica sin piedad la condena al olvido.

            La cámara de Wong reencuentra al periodista Chow Mo-wan (Tony Leung) en el Hong Kong convulsionado por los disturbios de finales de los sesenta, convertido ahora en redactor de novelas eróticas baratas y tratando de curar en cinismo e idilios pasajeros las lacerantes heridas del pasado. Una odisea incierta y volátil que Wong reproduce en tonos verdes y suaves en la realidad presente de la habitación 2046 del hotel -imaginamos que entremezclada, como en Deseando amar, por las ficciones íntimas que implica la reconstrucción subjetiva de todo instante sentimental pretérito-, y en intensos y fluorescentes tonos carmesíes en la recreación del año 2046, un universo estático al que los amantes futuros viajan para recobrar los recuerdos idealizados de un tiempo perdido.

La metáfora de la memoria se torna materia. Ficción y realidad se comunican, confluyen y se entrelazan en un proceso orgánico e impredecible.

            2046 retrata a una galería de personajes descompuestos por la necesidad de recuperar o al menos mantener viva una emoción que amenaza con desvanecerse o, por el contrario –de manera paralela incluso-, que intentan desprenderse de un pasado que les atenaza y atormenta. Son seres incompletos, que se hallan inmersos en la estéril y perpetua espera de ser colmados.

            La sensibilidad lírica y la expresividad plástica del autor asiático prosiguen su desarrollo y evolución, más interesada en despertar sensaciones íntimas y exudar estados afectivos personales que en configurar una trama aristotélica al uso, con la irregularidad de resultados que, por otro lado, ello suele comportar. 

Pieza más extática y grandilocuente de la trilogía, dotada de una milimétrica ampulosidad en la puesta en escena rayana en el esteticismo, 2046 reafirma el talento artístico de su creador y aporta una subyugante y poderosa variación más del leit-motiv de una obra de innegociable coherencia.  

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8.

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